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Taina Bien-Aimé: “Necesitamos una resistencia feminista fuerte ante el avance del lobby proxeneta global”

Amelia Tiganus, Graciela Atencio y Nerea Novo

Geoviolencia Sexual – 30 de enero de 2019

Taina Bien-Aimé tiene una mirada que interpela, lo percibes aunque el equipo de Feminicidio.net la entreviste por Skype. Sus palabras transmiten convicción y valentía cuando cuenta todo lo que rodea al lobby proxeneta contra el que lucha desde hace más de 30 años. En el 2018, la Coalition Against Trafficking in Women (Coalición contra la trata de mujeres -CATW por sus siglas en inglés-) cumplió 30 años.

La semana próxima, el 4 y 5 de febrero, se celebra en Madrid una de las conferencias internacionales más prometedoras del 2019: “Avances y retos de futuro en la lucha contra la explotación sexual”, organizada por la CATW y la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres, ONG española que forma parte de la red de la CATW a nivel global. Participarán supervivientes de trata y prostitución de varios países, académicas y activistas de derechos humanos de las mujeres.

Taina Bien-Aimé lleva meses organizando el evento en el que resulta clave que se celebre en España, país que está en la mira del lobby proxeneta global. Mujer, negra y lesbiana, esta abogada de 58 años es uno de los grandes referentes actuales de la lucha por la abolición de la prostitución. Sus respuestas son un compendio de verdades que los medios de comunicación se autocensuran, los Estados niegan o pasan de puntillas y la mayoría de la sociedad desconoce. Según la entrevistada, el patriarcado se afianzará en el siglo XXI si no ganamos la batalla de la abolición de la prostitución.

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Usted ha desarrollado gran parte de su trayectoria profesional en Coalition Against Trafficking in Women (Coalición contra la trata de mujeres) . ¿Cómo explicáis el trabajo que hacéis a la gente que desconoce vuestra organización?

La Coalición se fundó en 1988. Es la organización internacional más antigua de las que abordan la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual como violencia de género y discriminación. Hay muchas organizaciones que trabajan contra la trata pero nosotras fuimos las primeras en hacerlo desde la perspectiva de la violencia de género y la igualdad.

Tenemos nuestra sede en Nueva York, pero contamos con oficinas en México y Filipinas… Somos muy pequeñas. Apenas trabajamos cuatro personas en Nueva York y algunas personas más alrededor del mundo pero hemos construido coaliciones con organizaciones de base nacional, a nivel global.

Nos centramos en el asesoramiento y la defensa legal. Nos aseguramos de que haya leyes fuertes contra la trata a nivel nacional e internacional. Y apoyamos el modelo sueco, así que trabajamos con organizaciones de todo el mundo para proveer apoyo técnico o de cualquier tipo si lo necesitan a la hora de promover el modelo sueco en sus países.

Hacemos trabajos de sensibilización en cuestiones de trata y prostitución y trabajamos con líderes supervivientes.

¿Cuál es la situación de la trata con fines de explotación sexual a nivel global?

Aunque la trata es un crimen que lleva sucediendo desde milenios atrás, yo nací en los Estados Unidos, un país que fue construido en base a la trata y el genocidio. Y no fue hasta el año 2000 que Naciones Unidas definió la trata de personas en el Protocolo de Palermo. Esa es la definición internacional de trata.

Así que tienes, a nivel global a Naciones Unidas que nos está diciendo que la trata de personas es el tipo de delito que más está creciendo, controlado por las redes de crimen organizado, la corrupción, etc. Existen el tráfico de armas, el tráfico de drogas y el tráfico de personas pero la trata de personas probablemente ya haya superado al tráfico de drogas. También sabemos por Naciones Unidas que la mayoría de las personas traficadas en el mundo son mujeres y menores y que la mayoría están destinadas a la explotación sexual. Y esos son hechos, datos contrastables.

No sabemos cuánta gente exactamente está siendo víctima de trata en el mundo porque tenemos que confiar en lo que nos lo digan los Estados; nosotras decimos que es un crimen que está escondido a plena vista: la identificación de las víctimas es bastante pobre, muy pocos países tienen protocolos consistentes para identificar a las víctimas de trata, no tienen leyes a nivel nacional para descriminalizar a las personas que están explotadas sexual o laboralmente. Y ese es el contexto que tenemos, pero luego hay mucha confusión a nivel nacional y a nivel social. La gente tiende a pensar que necesitas cruzar la frontera para ser una víctima de trata y no es así. Cualquiera que atrae, induce, coacciona, transporta, transfiere a alguien con fines de explotación de cualquier tipo, es un tratante. Pero también está la definición de proxeneta: alguien que mantiene a alguien en una situación de lo que yo llamo esclavitud sexual, es un proxeneta o un tratante. La gente no suele entender que no necesitas dejar tu barrio para ser una víctima de trata, especialmente con fines de explotación sexual.

Y la otra parte de la definición que la gente no entiende es que el consentimiento es irrelevante por ley cuando una está siendo explotada. Así que si eres una mujer que ve un anuncio en el periódico y dices: “ey, yo creo que podría bailar o incluso hacer striptease o masajes”, y si supiera que puede estar entrando en una situación de prostitución o explotación, el hecho de que siguiera con ello resulta absolutamente irrelevante: es una víctima de trata aunque haya dado su consentimiento.

Nosotras tenemos la percepción en España y por nuestra implicación en este tema de que existen pocas coaliciones o redes internacionales de lucha contra la trata cuando es uno de los problemas más graves de la humanidad a nivel global: ¿Por qué ni los Estados ni Naciones Unidas consideran a este tema como prioritario en sus agendas políticas? ¿Por qué, por ejemplo, no forma parte del G20 cuando la trata es una cuestión que afecta a la economía, la cultura, la sociedad en su conjunto?

Porque tiene que ver con las mujeres y las niñas. Es la respuesta rápida.

Cuando miramos a los movimientos feministas y contra la violencia machista a lo largo de la historia, siempre ha sido muy difícil que fuesen reconocidos socialmente. Primero, si empiezas por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en 1948 tienes este documento maravilloso que los gobiernos firmaron después de la Segunda Guerra Mundial, que dice que todos los seres humanos, por virtud de su nacimiento, tienen ciertos derechos, incluidos el derecho a la dignidad y el derecho a vivir una vida libre de violencia, entre otros…

Y la Declaración Universal de los Derechos Humanos es una plataforma de despegue para el movimiento por los derechos de las mujeres a nivel global pero el movimiento por los derechos humanos excluyó todas las violaciones que sucedían a mujeres y niñas porque decía que lo que pasara a las mujeres por el hecho de ser mujeres (como la violencia sexual, el matrimonio infantil, la mutilación genital femenina, la prostitución…) estaban basados en la cultura, la religión o la tradición y por lo tanto no se sancionarían. Excluyeron todo tipo de violencias contra las mujeres y las niñas.

Llevo mucho, mucho tiempo haciendo esto y recuerdo cuando empezamos Equality Now a principios de los ochenta y le suplicábamos a Amnistía Internacional que trabajara contra la mutilación genital femenina y decían, por aquel entonces: “no es una violación de los derechos humanos”. La violencia de género no era tampoco una violación, no era ni un crimen. Eran cosas que pasaban a las mujeres porque pertenecían a cierto grupo étnico o tenían malos matrimonios, o cualquier cosa…

Y hasta 1993, en una Conferencia de Naciones Unidas en Viena, no se reconoció que los derechos de las mujeres son derechos humanos. Y todavía hoy es una batalla. Ahora pasa con la prostitución, cuando hace unas décadas esto pasaba con la violencia de género en la pareja o la violación. Tienes el mismo lenguaje de resistencia a cambiar la responsabilidad y tienes cuestiones como el “consentimiento”, la “agencia”, la “situación vital”, “si no quería quedarse con su marido, se podía ir”, “llevaba una falda corta”, “ella fue a su habitación”… Todos estos son argumentos que afrontamos ahora con la prostitución porque la gente ve la prostitución como una excepción en la violencia contra las mujeres. Tal y como miraban a la violencia machista como una excepción entre los crímenes durante muchos siglos. O la violencia sexual y la violación como algo por lo que el Estado no estaba dispuesto a responsabilizarse.

Vemos la resistencia por parte de los gobiernos a la hora de mirar a la trata con fines de explotación sexual y el comercio sexual como algo vinculado. O ver que toda mujer en situación de prostitución está en una situación de explotación y violencia.

¿Qué estrategias nos recomienda desde su experiencia profesional y vital a quienes desde el movimiento feminista global trabajamos para que la erradicación de la trata con fines de explotación sexual sea prioritaria para los Estados?

Es muy importante tener leyes fuertes. Son la herramienta principal para las defensoras a la hora de exigir acceso a la justicia. Y para eso debemos tener leyes fuertes.

Hay dificultades a nivel legal por lo fragmentado que está todo: tenemos leyes de trata, leyes de proxenetismo, leyes de prostitución, leyes de inmigración… Y la complicación que tenemos en Suecia o Noruega, por ejemplo, es que han sancionado leyes contra la prostitución muy fuertes pero hay que reconciliarlas con las leyes de inmigración. Así que si identificas en Noruega una víctima de trata de Nigeria, puede que no sea arrestada por la ley de prostitución pero puede serlo por la de inmigración si no tiene la documentación. Y entonces no será capaz de decir quién es su tratante aunque testifique contra él, puede incluso que oculte que lo tenga. Y estará en riesgo de ser deportada.

Así que debemos tener leyes fuertes pero también asegurarnos de que los gobiernos entiendan cómo debería funcionar la ley, que tengan servicios públicos y que funcionen. Ese es el marco legal.

A nivel internacional, la mayoría de los Estados han ratificado el Protocolo de Palermo y, desde nuestro punto de vista, está en riesgo de ser diluido ahora mismo. Como el Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena de 1949, se está diluyendo. Así que a nivel internacional estamos insistiendo a las mujeres de todo el mundo para que consigan implementar el Protocolo de Palermo en sus países.

En términos de cómo explicamos todo esto al público, cómo resistir al lobby proxeneta, cómo educar a los propios gobiernos… nosotras básicamente lo hacemos a través del movimiento de supervivientes de trata y prostitución. Cuando empezamos hace 30 años había muy pocas líderes supervivientes. Tuvimos a Vednita Carter, de Minnesota, que es la abuela de este movimiento de supervivientes. También tuvimos algunas mujeres que han fallecido, pero no teníamos este movimiento global que hay ahora con mujeres tan brillantes como tú, Amelia Tiganus, o Rachel Moran, y muchas otras que están dando un paso adelante y están diciendo: “esto es lo que me pasó a mí y así es la prostitución; así son los hombres, así es la violencia allí”. Y necesitamos estar en la mesa hablando de políticas, de cambiar el lenguaje, de sensibilizar sobre estos problemas… Para mí eso es lo que me da más esperanza porque la resistencia es… nunca la he visto tan necesaria como ahora. El panorama pinta mal.

¿Por qué cree que hoy necesitamos una resistencia feminista fuerte hacia el avance del proxenetismo global?

El dinero que se ha invertido a nivel global para legalizar el proxenetismo es impresionante. Nosotras no tenemos ni un millón de dólares de presupuesto al año en nuestra organización. Cuando tienes multimillonarios como George Soros y otros tantos que financian a gobiernos para que legalicen el proxenetismo. Probablemente hayáis visto que en los últimos tres o cuatro años la Open Society Foundation (OSF), no solo George Soros, nos miran muy atentamente a quienes luchamos contra la trata. Así que cada vez que estornudamos mandan una oleada de patrocinios e inscripciones para gente que quiere participar en la narrativa de la defensa del “trabajo sexual”: 50.000 dólares por aquí y por allá para organizaciones que promuevan la narrativa del “trabajo sexual” y otras cosas por el estilo…

Ahora hemos conseguido legislar en Estados Unidos sobre trata online (Fight Online Sex Trafficking Act –FOSTA por sus siglas en inglés). La OSF acaba de publicar una propuesta para dar 50.000 dólares para cualquiera que durante dos años esté cuestionando la ley y trabajando en, cito textualmente, “iniciativas sanitarias para trabajadoras sexuales” que combatan la ley federal aquí. Y esto está a la vista de todas, es muy abierto, es muy agresiva y tiene influencia a nivel político, con gobiernos enteros como los de Sudáfrica, Nueva Zelanda, Alemania, Países Bajos, España… Es algo muy serio.

Insisto, la Open Society Foundation fue siempre pro legalización de la prostitución, pero nunca había sido tan agresiva en la financiación global como en los últimos cinco años. También financian a la academia, a departamentos enteros de estudios de género en universidades estadounidenses; y tienen institutos de medios de comunicación; los medios de aquí son cien por ciento pro prostitución, pro-proxenetas; se niegan a analizar la situación vital de las personas involucradas… Se trata de una maquinaria de propaganda que es muy difícil combatir.

Aún así…¡creo que estamos ganando! Es el progreso que nosotras, el nosotras colectivo, hemos construido de forma tan satisfactoria. Simplemente están intentando desmantelarlo. ¡Están intentando desmantelar al movimiento feminista que es históricamente abolicionista!

¿Cómo ve al movimiento feminista global y al estadounidense frente al avance del fascismo y el supremacismo masculino encabezado por el presidente de su país, Donald Trump? ¿Cree que puede ser un contrapeso para frenar esta ola antifeminista?

El movimiento feminista, al menos en Estados Unidos, ahora mismo es un desastre con el tema de la prostitución. Tenemos la Marcha de Mujeres (Women’s March) que está promoviendo la prostitución. Yo me veo a veces desesperada viendo a una gran cantidad de mis hermanas que son negras y encabezan movimientos de justicia social para mujeres y niñas negras financiadas por Open Society Foundation y George Soros, organizaciones que deben callarse en cuestiones de prostitución o decir: “claro que apoyo a las trabajadoras sexuales”.

Así que hay mucha confusión alrededor del lenguaje y de la ideología detrás de todo esto y de lo que significa la prostitución. Y quienes divulgamos y proponemos el modelo sueco estamos muy precarias.

También hay muchas feministas patriarcales que se llaman a sí mismas feministas pero que en realidad apuntalan el patriarcado. Esta cuestión también dificulta nuestra lucha.

Hay que tener en cuenta que si estás de acuerdo en que las mujeres y niñas más marginales y vulnerables del planeta tienen que subordinarse al deseo masculino, ser cosificadas y puestas a disposición del comercio sexual, entonces estás creando un apartheid de género, en el que tienes a un grupo de mujeres bajo el movimiento #MeToo, con el derecho de acceso a la justicia, a ser escuchadas o ser vistas como víctimas de violencia y discriminación, de acoso sexual… Y luego creas un conjunto entero de mujeres de color o etnias minoritarias y dices: “no, tenemos un trabajo para ti y la prostitución está fuera del espectro de la violencia de género”. Ese es nuestro reto ahora, evitar ese apartheid de género.

¿Cree que el movimiento de denuncia #MeToo pueda ser encabezado algún día por víctimas de trata y de prostitución y se genere a nivel global una ola de denuncia contra puteros y proxenetas?

¡Eso sería fantástico! Como dice Autumn Burris, una superviviente estadounidense que participará la semana próxima en nuestras jornadas que se celebrarán en Madrid: “la prostitución es el #MeToo con esteroides”. Creo que ese es el mensaje que todo el mundo debería difundir: no puede haber un movimiento #MeToo sin una conversación sobre prostitución.

Después del panorama que nos acaba de dar, ¿se atrevería a decir que estamos ganando la batalla abolicionista dentro del movimiento feminista? Por otro lado, ¿ve a las sociedades preparadas para afrontar la lucha abolicionista de la prostitución?

Me encantaría. Eso es lo que estamos intentando conseguir. Creo que en Europa incluso el concepto de abolición de la prostitución está más presente en el dominio público que aquí en Estados Unidos. Porque cuando aquí dices “abolición” la gente piensa en reformas de prisiones, esclavitud de hace siglos… No piensa en la abolición de la prostitución porque aquí la prostitución es un concepto complejo, es ilegal y la gente está muy confundida con todas estas activistas del “trabajo sexual” que dicen: “dejadnos sobrevivir”, “no nos criminalicéis” o “vivienda, no arrestos” y cosas así. Y nosotras decimos: claro, estamos de acuerdo, no deberías estar criminalizada, deberías tener acceso a una vida digna. La gente no entiende cómo funciona el sistema prostitucional.

Yo trabajo especialmente a nivel internacional y no soy una experta en cómo cambiar el lenguaje en los Estados Unidos pero es algo que me une a organizaciones hermanas de mi país, empezar a debatir sobre el patriarcado, el sistema prostitucional y cómo funciona la trata de mujeres. Aquí hay mucha más gente que está siendo traficada en el ámbito nacional y, por ejemplo, las mujeres afroamericanas son el 6% de la población estadounidense, pero representan al 65% de las personas en prostitución. Y la mayoría de los demandantes de prostitución son hombres blancos.

Trabajamos con Tina Frundt una superviviente afroamericana en Washington D. C. que ha hecho varias comparaciones entre la narrativa esclavista y lo que las mujeres prostituidas con las que trabaja le narran sobre el trato de los demandantes de prostitución. Dice que hay una enorme similitud de lo que los patrones blancos hacían a las esclavas negras, la misma degradación, la misma violencia, humillación… Es terrible. Si tuviera más tiempo me centraría en eso porque, sinceramente, todos estos pensadores que conocen la degradación de las mujeres racializadas han vivido en un contexto histórico de colonización, racismo y esclavismo. La industria sexual es solo el legado de todo eso. La misma colonización, la misma degradación de las mujeres, solo que ocurre en el siglo XXI.

Te doy otro ejemplo. Hace poco estuve en Nevada, el único Estado con ciertos municipios en los que tienen prostíbulos legalizados, seguro que habéis oído hablar de ellos. Y fuimos a Reno, al norte de Nevada, donde hay una jerarquía de prostíbulos. Había cuatro burdeles principales y entonces todas las mujeres blancas iban a un prostíbulo top concreto y en el cuarto era donde iban todas las mujeres negras. Hay también muchísimo racismo en la industria del sexo. Hablé con una mujer muy joven, afroamericana, que había sobrevivido al cuarto prostíbulo y decía que no estaba haciendo nada de dinero, quizás 20.000 dólares al año. Me contó: “mi proxeneta ya me ha pegado una paliza”, “no puedo llegar a la cuota”. Y el manager del prostíbulo le recomendó: “yo sé lo que puedes hacer para conseguir más dinero. Tengo un uniforme blanco del Ku Klux Klan en mi armario y si accedes a que yo me haga una foto encima de ti con el uniforme, mientras estás tú a cuatro patas, con la cadena alrededor de tu cuello y lo ponemos en la web, yo te garantizo que vas a tener más clientes”. Ella respondió que no cruzaría esa línea. Te puedes hacer una idea de los vínculos profundos que existen entre el racismo y la misoginia, la deshumanización de mujeres afroamericanas en general en la sociedad, especialmente en el comercio sexual.

¿Cómo define al lobby proxeneta?

Lobby proxeneta es un término que usamos para describir un sistema, unas instituciones y unos individuos que promueven el comercio sexual o se benefician de él. Por ejemplo, lo que la mayoría de la gente y los medios no saben es que el término “trabajador/a sexual” fue inventado en los ochenta por un grupo de proxenetas condenados y otras personas con intereses financieros directos o indirectos en el comercio sexual. Acuñaron este término para normalizar la prostitución. La prostitución no es ni “sexo” ni “trabajo”, sino violencia sexual de hombres contra mujeres. Aún así, treinta años después, vemos cómo el cada vez más exitoso lobby proxeneta ha estado vendiendo la demanda de sexo, el proxenetismo y la prostitución como una celebración de la “agencia” de las mujeres o su “consentimiento”. Son un lobby porque, como cualquier otro lobby político, defienden, con unos recursos formidables, leyes que descriminalicen el comercio sexual, incluida la propiedad de prostíbulos (tercería locativa). El lobby proxeneta también tiene una enorme influencia en la maquinaria cultural, como en Hollywood, la industria publicitaria y la academia, para que reditúen la violencia sexual contra las mujeres previo pago como liberación sexual o una forma glamurosa de salir adelante. Decimos que el lobby proxeneta elimina al demandante de prostitución de su marco, pero en realidad promueve agresivamente, ante todo, el supuesto derecho de los hombres a pagar por acceder al cuerpo de las mujeres en el momento en el que lo deseen. El lobby proxeneta también invisibilidad los horrores del multimillonario negocio global que es el comercio sexual y los vínculos entre la trata y la prostitución. El lobby proxeneta grita que la prostitución es #MyBodyMyChoice (#MiCuerpoMiElección), cuando en realidad es #MyBodyHisChoice (#MiCuerpoSuElección).

España no es ajena al panorama global de la trata, el lobby proxeneta está infiltrado en el movimiento feminista y Open Society Foundation financia a organizaciones que defienden el “trabajo sexual” o se rehúsan a tocar el tema de la prostitución ¿Cómo cree que debemos enfrentarnos al lobby proxeneta?

Hay que exponerlos. Pueden ser muy peligrosos pero creo que hay que exponerlos con cualquier herramienta que tengáis, ya sean las redes sociales o contactando autoridades locales o las organizaciones asistenciales…

Cuando estamos intentando sobrevivir en la precariedad, es muy tentador coger dinero de este tipo de organizaciones poderosas. Y tenemos que exponerlos, incluso lo que estamos viendo aquí con la ley que combate la trata online, son gente inteligente: leen mucho, pueden entender mucho y saben que, como la ley dice que cualquier página que facilite a sabiendas la trata o el proxenetismo online es proxenetismo, lo que han hecho es usar esta ley para promover la narrativa proxeneta. Y este tipo de leyes vienen también de camino a Europa, así que esto es lo que va a pasar dentro de no mucho. Ante esto, dicen: “van a morir todas las trabajadoras sexuales, van a tener que volver a la calle, que es tan peligrosa, no puedes intercambiar información sanitaria por esa ley, las mujeres trans van a morir, también…”. Y saben que la ley no habla de nada de eso pero lo que hacen es usarlo como un vehículo para imponer el discurso del lobby proxeneta. Eso es lo que estamos intentando hacer: exponerlos, mostrar cómo se comportan.

En España tampoco esperamos mucho de los medios de comunicación. No esperamos que investiguen la financiación que Soros da al lobby proxeneta porque se están sumando a su discurso activamente.

Claro, y esa es otra cosa: sigan el rastro del dinero. ¿Cuánto dinero le da a partidos políticos progresistas o de izquierda? ¿Cuánto dinero le da a medios de comunicación para cubrir esto? Son una máquina de relaciones públicas y se pueden infiltrar en las estructuras de poder. Así que yo a los periodistas honestos e independientes les diría que siguieran el rastro del dinero y lo expongan. Y probablemente vosotras tengáis más suerte con eso que nosotras porque allí quizás la huella de Soros sea más pequeña en España, pero aquí es “dueño” de todo. Se comporta como el propietario de Human Rights Watch, de Amnistía Internacional, la Unión de Libertades Civiles Americana, la Marcha de Mujeres, Black Lives Matter… Imagínate, Black Lives Matter llama a la descriminalización del proxenetismo en su página web con un texto redactado por un asociado de Soros. Así es muy difícil competir, pero quizás en España su huella sea más pequeña. Id a ver a la representación de Open Society Foundation en España y preguntadle a qué partido político financia.

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