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Rosen Hicher: “Muchas mujeres caen en la prostitución por haber sufrido violencia sexual en su infancia”

Nerea Novo

Geoviolencia Sexual – 21 de abril de 2019

Rosen Hicher tiene hoy 62 años y lleva una década en la lucha abolicionista desde su Francia natal. Allí inició el 2 de abril una marcha de supervivientes de la prostitución que llegó a la ciudad alemana de Mainz para participar en el III Congreso Mundial contra la explotación sexual de mujeres y niñas con el lema: “Prostitución: ni sexo ni trabajo”. 

“Estoy muy contenta de estar aquí en este Congreso. La Marcha ha congregado también a una gran cantidad de organizaciones y esto es lo que nos hace fuertes”, comenzó diciendo en la apertura del evento el pasado 4 de abril.

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El 25 de noviembre de 2018 Hicher reclamaba que las supervivientes de prostitución tuvieran un papel protagónico en el movimiento #MeToo. “Pasé 22 años en la prostitución. Pensé que era por elección. Esta elección no fue tal”, decía a la prensa francesa ya como representante de Mouvement du Nid, el Movimiento de Supervivientes francés, fundado en 1937. Esta organización se centra hoy en la creación de centros de recepción autónomos para la bienvenida, el diálogo y la reflexión con mujeres prostituidas, además de la prevención y sensibilización de la opinión pública. Ha realizado encuestas, campañas de sensibilización, simposios internacionales e incluso cómics sobre las realidades de la prostitución. Entre sus publicaciones, destaca ProstCost, una “estimación del coste económico y social de la prostitución en Francia” financiado por la Comisión Europea, cuantificado en unos 1.600 millones de euros al año por dicho estudio.

“Hoy, en nombre de las que no tienen voz, de todas las mujeres silenciadas, ¡quiero manifestar mi cólera! ¿Qué se creen, que nuestro silencio es señal de aceptación? ¡Pero mírense! ¡Nos callamos debido a su juicio de valor, a su desprecio! ¡Porque tenemos miedo o tenemos vergüenza! A pesar de todos los bonitos discursos, nos consideran como menos que nada, en una palabra, como putas”, clamaba Rosen Hicher en la carta abierta de una superviviente que publicó en Facebook en 2013. Recuerda que le llevó “22 años salir” y hacía referencia a la paradoja de la satisfacción mencionada en el propio Congreso: “Cuando estamos adentro solo podemos decir: ‘¡Está bien! ¡Lo hago por mi familia, por mis hijos!’ Si no, nos derrumbaríamos como un castillo de naipes. Durante un tiempo hasta defendí la prostitución y los burdeles” (traducida en 2017 por Traductoras por la Abolición).

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Hicher, en su marcha de supervivientes de 2019, tenía como destino final Bélgica. Tras los 207 kilómetros recorridos desde Estrasburgo hasta llegar a Mainz y atender el Congreso, la marcha se reanudó el 6 de abril y culminó en Bruselas.

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Durante su parada en Alemania, gracias a la invitación de CAP (Coalition Against Prostitution), tuvimos la oportunidad de entrevistarla brevemente.

Usted dice que al principio no se reconocía como víctima de violencia. ¿Qué le hizo cambiar ese chip hasta considerarse una superviviente de la prostitución?

Es complicado y se trata de un proceso… En primer lugar, reconocerse como víctima es reconocerse como débil. Ha sido muy largo y difícil y el primer paso supuso reconocerme como víctima.

Uno de los factores más comunes que se han mencionado durante el evento y que parece que se repite en contextos muy diferentes es la violencia sexual que padecen en su infancia las mujeres que están en prostitución. ¿Cree que es un factor a tener en cuenta?

¡Claro! La violencia sexual es un factor desencadenante y muchas mujeres caen en la prostitución por haber sufrido violencia sexual en su infancia. No es tan fácil de explicar, pero cuando una ha sido violada, agredida, maltratada durante la infancia, toda esa violencia puede derivar en que te conviertan en una puta. A partir de entonces, cuando alguien te trata de puta, tú asientes y dices: “sí, soy una puta”. No te resulta extraño reconocerte como tal. También pasas por un proceso de supervivencia que te hace identificarte con otras que han pasado por lo mismo.

Tras más de 20 años en prostitución, ¿cómo surge la idea de fundar un movimiento de supervivientes?

Después de 22 años sucedió un hecho que resultó clave en mi vida. Fue cuando un “cliente” intentó comprarme a mi hija. Estaba paseando con mi hija cuando ella tenía 12 años y un cliente me llamó por teléfono para preguntarme por cuánto la vendía. Ahí me di cuenta de que la prostitución no es un tema personal: todas las mujeres podemos ser prostituidas y evitarlo es una cuestión política.

Usted viene de Francia, un país con una reciente ley abolicionista. ¿Cómo ve la situación en Europa y el movimiento de supervivientes global que está tomando fuerza en los últimos años?

Con respecto a Francia, ahora con la nueva legislación es cierto que hay una mayor protección de las víctimas y una penalización de la demanda por ley, pero en cuanto cruzas la frontera, te encuentras con el horror de Alemania.

Los puteros de Francia también cruzan la frontera con España y van a los macroprostíbulos de  La Junquera.

Estamos cercadas: España, Suiza, Alemania, Bélgica… países en los que no está penalizado el consumo de prostitución.

¿Cómo ve la situación en Alemania y cómo cree que podemos debilitar al lobby proxeneta en la cuna del lobby proxeneta europeo?

La situación es claramente dramática para las mujeres. La única voz que se oye en Alemania es la de los proxenetas. Si queremos realmente que esa voz se vaya diluyendo, el rol político principal lo deben tener las supervivientes que claman por la abolición de la prostitución.

Hay muchas similitudes en los discursos de las supervivientes que parten de una misma experiencia traumática en la infancia, originada en la desigualdad estructural de las mujeres.

Sin duda. Una de las cosas que más me ha chocado tras 22 años en la prostitución es que la mayoría de las mujeres con las que me he cruzado tuvieron un inicio de vida muy duro. En todas partes son las mismas causas las que llevan al mismo resultado: en América, en África, en Europa…

¿Qué les dirías a las jóvenes que se plantean entrar en el mundo de la prostitución y consideran que es un trabajo como cualquier otro?

Yo las animaría a hacer una profunda psicoterapia para entender las causas que le llevan a decir una cosa así, que se cuestionen por qué piensan así. Una compañera superviviente de Toulouse me decía que ella no había sufrido violencia. Pero después me habló de un padre muy violento, muy agresivo, que la rompió en su infancia y descubrió que ahí estaba la causa que la había llevado a esa situación. Por eso yo siempre animo a cuestionarse. Muchas mujeres me contactan por redes sociales y me hacen preguntas de este tipo. A ellas no puedo más que transmitirles mensajes positivos. Les enseño que en el camino se van a encontrar supervivientes maravillosas con las que van a compartir esta lucha por la abolición de la prostitución.

Rosen Hicher forma parte de SPACE International (Survivors of Prostitution Abuse Calling for Enlightenment), una organización fundada por y para supervivientes en 2012 a manos de la también superviviente Rachel Moran, autora del best-seller Paid For – My Journey Through Prostitution.

SPACE se expandió como organización internacional en 2013, clave en el movimiento de supervivientes de prostitución a nivel global. Hoy cuenta con la participación de supervivientes de siete países distintos: Alemania, Dinamarca, Francia, Canadá, Irlanda, Reino Unido y Estados Unidos.

Todas las personas que forman SPACE han sufrido las consecuencias del comercio sexual y tienen amplia experiencia en combatirla en primera persona: son el corazón que da sangre y vida al resto del movimiento abolicionista. Desde entonces, su trabajo de sensibilización ha tenido un valor incalculable en la lucha por sus principales objetivos:

– Reconocimiento político de todas las formas de prostitución como violaciones de los derechos humanos mediante la explotación sexual.

– Criminalización de la demanda de pago por el acceso a los cuerpos humanos.

– Implementación de programas de salida para mujeres en prostitución que incluya prevención, educación y alternativas laborales.

– Programas de educación públicos de sensibilización con la población general para informar de las desigualdades estructurales entre hombres y mujeres. Especialmente, ahondar en la discriminación de las más marginadas y abocadas a la prostitución.

– Implementación de “escuelas de puteros” y la obligación legal de que todas las personas involucradas en su demanda atiendan a estos centros.

Legislación en Francia

En Francia la legislación abolicionista se aprobó en 2016 y empezó a aplicarse en 2017. Esta ley despenaliza totalmente a la mujer prostituida y penaliza solo al cliente con multas de hasta 3.750 euros. A pesar de que varias organizaciones como Médicos del Mundo, la Federación de Paraguas Rojos y el pseudosindicato de “trabajadoras sexuales” STRASS, la denunciaron como una legislación que desprotegía a las mujeres en prostitución, el Consejo Constitucional francés avaló la legitimidad del texto. El Consejo de “sabios” determinó que los legisladores lo habían redactado “conforme” a la ley con el objetivo de “privar al proxenetismo de fuentes de beneficios, luchar contra esa actividad y contra la trata humana con fines de explotación sexual”.
El país galo se sumaba así a la lista de países que seguían el ejemplo de Suecia, que implementó el ahora conocido como modelo sueco o modelo nórdico en 1999, penalizando la demanda de prostitución al mismo tiempo que proponía alternativas a las mujeres prostituidas, sin criminalizarlas.

El ya mencionado estudio ProstCost contabilizó en 2015 unas 37.000 personas prostituidas en Francia, de las que el 85% eran mujeres. Además, se calcula que el coste total de 1.600 millones de euros al año incluye entre 70 y 102 millones de euros de gastos médicos, 306 millones de “consecuencias sociales indirectas” como suicidios, ó 311 millones en “costes humanos”. La evasión fiscal, sin embargo, es el mayor gasto y asciende, según este estudio, a 853 millones de euros al año en Francia.

Los datos del Ministerio de Familias, la Infancia y los Derechos de las Mujeres coinciden parcialmente con estos (cuantifican solo los beneficios de la explotación sexual en 100 millones de euros al año) y añaden: el 93% de las personas prostituidas en Francia son extranjeras.

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