La rebelión de las 4B

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La rebelión de las 4B

Por Carol Agudo, Carol @_fisuras

Para abordar la rebelión de las 4B viajaremos al extremo oriental de Asia, a una de las sociedades más tecnológicas del planeta: República de Corea. Concretamente, a Corea del Sur, una democracia situada en el este del continente asiático, puntera en tecnología y exportadora de una estética impecable a través del K-pop y los K-dramas.

Sin embargo, bajo su barniz de modernidad y pantallas LED, late una cultura profundamente influida por la tradición confuciana, un código de conducta que históricamente ha impuesto un orden jerárquico y patriarcal, basado en el respeto absoluto a los mayores, la excelencia en la educación, la obediencia a la familia nuclear, y la diferenciación de los roles de género, dictando que el valor de una mujer se mide por su capacidad de servir al hombre y al Estado. En este contexto ha surgido un movimiento que propone una salida total del sistema patriarcal, una huelga de los roles impuestos femeninos. Hablo del Movimiento 4B.

Lo que comenzó como una consigna feminista en foros digitales de Corea del Sur se ha convertido hoy en un manifiesto de desobediencia civil que está cruzando fronteras, llegando incluso a los Estados Unidos tras las elecciones de 2024. Pero, ¿qué significa realmente decir «no» a todo lo que la sociedad espera de una mujer? Hoy desglosaremos su fundación, sus ejes, el contexto asfixiante que lo provocó y su incierto pero expansivo futuro.

El estallido de una revolución, o la gota que colmó el vaso

El Movimiento 4B no nació en un despacho o partido político, sino en el asfalto y en los foros digitales entre 2015 y 2019. Pero hay una fecha que marcó el punto de no retorno: el 17 de mayo de 2016.

Cerca de la estación de metro de Gangnam, en el corazón comercial de Seúl, una joven de 23 años fue asesinada en un baño público. Su agresor no la conocía; esperó durante horas a que apareciera cualquier mujer. Al ser detenido, confesó que lo hizo porque «las mujeres siempre lo habían ignorado».

Este fue un feminicidio alimentado por la comunidad incel, una comunidad digital donde los hombres transforman su frustración en misoginia organizada que trasciende las pantallas. La negativa de la policía a clasificar el crimen como un delito de odio fue lo que prendió la mecha.

Miles de mujeres acudieron a la salida 10 de la estación de Gangnam no solo para llorar, sino para cubrirla por completo con post-its de colores, en lo que denominaron “activismo adhesivo”, con denuncias como “Fue asesinada por ser mujer” o “Descansa en paz en un mundo sin misoginia”. Uno de los mensajes más repetidos fue: “A la 1 de la mañana del día 17, yo sobreviví”. A lo que usuarias en X añadieron extensiones como: “Yo sobreviví, ella no. Sobreviví solo porque tuve suerte de no estar en ese baño”.

El Movimiento 4B no nació en un despacho o partido político, sino en el asfalto y en los foros digitales entre 2015 y 2019. Hubo un punto de no retorno: el feminicidio de una joven de 23 años en un baño público, a manos de un incel.

Esa rabia cristalizó en comunidades como Megalia, un foro digital feminista que usaba la estrategia del “mirroring” o «técnica del espejo”, consistente en tomar el lenguaje misógino y devolvérselo a los hombres de forma satírica, invirtiendo los roles de género, reapropiándoselo desde un enfoque de género. Lamentablemente, Megalia desapareció como sitio activo en 2017 debido a divisiones internas sobre el abordaje del transgenerismo y el debate sobre si los hombres homosexuales debían ser considerados aliados o parte del grupo opresor y, por ende, objetos del “espejamiento”. Sin embargo, de sus cenizas nació WOMAD, acrónimo de Woman (Mujer) y Nomad (Nómada), otra comunidad digital que radicalizó la postura hacia un separatismo total de los varones y que fue el germen en el que se cristalizaron los Cuatro Noes.

Las cuatro llaves de la celda

El nombre 4B se deriva de un juego de palabras bilingüe donde el prefijo coreano «bi-“, que significa «no», se equipara a la letra inglesa «B», de similar pronunciación. ¿Y en qué consiste cada una de estas Bs?

  1. Bihon: No al matrimonio heterosexual. No es una «soltería» pasiva. Es un rechazo activo al matrimonio heterosexual como institución que históricamente ha subordinado a la mujer, obligándola a aceptar una carga desproporcionada de trabajo doméstico y el cuidado no solo del marido y los hijos, sino también de los suegros.
  2. Bichulsan: No a la maternidad. Es una huelga reproductiva estratégica. Corea del Sur tiene la tasa de natalidad más baja del mundo, con apenas 0.72 hijos por mujer en 2023. Ante esto, en 2016, el Estado lanzó un «Mapa de nacimientos» rosa que mostraba cuántas mujeres fértiles había por distrito. El 4B respondió con contundencia que las mujeres no somos máquinas de hacer bebés para el Estado.
  3. Biyeonae: No a las citas con hombres. Implica dejar de invertir energía en el mercado romántico heterosexual con el objetivo de liberarse de la validación masculina. Corea es el lugar del mundo con más cirugías estéticas por habitante del planeta. La presión estética es abrumadora. Se espera que las mujeres sean delgadas, eternamente jóvenes, de piel clara y ojos grandes, sí o sí, incluso si para ello deben pasar por el quirófano. Al decir Biyeonae, rompen con el mandato de verse a través de la mirada patriarcal que las reduce a objetos de decoración.
  4. Bisekseu: No al sexo con varones. Los datos respaldan esta decisión: la brecha orgásmica es un hecho que constata que, en los encuentros sexuales con hombres, el placer está centrado casi exclusivamente en ellos. Además, en un país con una epidemia de delitos sexuales digitales, en demasiadas ocasiones el sexo se percibe más como un riesgo que como un espacio de placer para las que se relacionan con hombres. Y aquí es importante hacer una aclaración: los incels y las militantes del 4B no son lo mismo. Ellos convierten su frustración en odio porque creen que tienen derecho a acceder al cuerpo de las mujeres; ellas eligen el celibato voluntario para protegerse frente a la violencia masculina.

En definitiva, el 4B busca paralizar la reproducción social del patriarcado a través de la “huelga” de las mujeres como cuidadoras, objetos sexuales o máquinas de reproducción. Es decir, suspendiendo todos aquellos roles que permiten que el orden patriarcal se reproduzca generación tras generación a través de la instrumentalización de la población femenina.

El 4B busca paralizar la reproducción social del patriarcado a través de la “huelga” de las mujeres como cuidadoras, objetos sexuales o máquinas de reproducción.

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El caldo de cultivo

Para entender por qué las militantes del 4B han llegado a este punto, primero hay que mirar bajo el brillo de las pantallas de Seúl. Corea vive una epidemia de violencia digital sin precedentes, con redes masivas de distribución de deepfakes, incluso en escuelas de secundaria, y miles de mujeres grabadas sin consentimiento en baños y hoteles para alimentar foros digitales misóginos (lo que se conoce como molka, que significa “cámaras ocultas”).

El caso de la Nth Room (o Sala N), que estalló entre 2018 y 2020, fue el horror extremo. En Telegram se crearon «salas» numeradas donde se chantajeaba a mujeres y niñas para realizar actos sexuales violentos y degradantes frente a la cámara. El nombre viene de que la red era infinita: sala 1, sala 2… y así hasta la sala N.

Sumemos a esto la brecha salarial más alta de la OCDE, con mujeres que ganan un 31.2% menos que los hombres en Corea del Sur.

Además, a menudo, las surcoreanas son obligadas a abandonar sus carreras tras el matrimonio o el parto.

Este entorno ha dado forma a la generación «N-po», un término socioeconómico originado en Corea del Sur que describe a los jóvenes (principalmente veinteañeros y treintañeros, entre 20 y 39 años) que, debido a la crisis, el desempleo y el alto costo de vida, se ven obligados a renunciar a un número indefinido de metas vitales. Para estas mujeres jóvenes, el 4B parece la única salida para no colapsar bajo el peso de un sistema que las desprecia. Así, este movimiento se enmarca como un camino político que busca desmantelar el sistema de forma radical, es decir, que analiza el sistema de forma profunda, yendo a la raíz del mismo, buscando y problematizando las bases sobre las que se erige.

A diferencia del feminismo liberal, que busca parches o reformas dentro del sistema, el feminismo radical surcoreano, dentro del que se enmarca este movimiento, entiende que las raíces de la subordinación femenina están inscritas en la propia organización social y en las relaciones de género, por lo que la mera reforma resulta insuficiente. Ante esto, el 4B sostiene que lo único que queda es salirse del sistema.

Esta idea se apoya en el feminismo materialista, que entiende que el trabajo doméstico no pagado y la capacidad reproductiva de la mujer son los recursos que alimentan al Estado.

Como explica la autora surcoreana Jin-ah Kim, quien popularizó la idea de ser jefa de su propio hogar, la independencia no es un capricho, es una necesidad material de supervivencia. Para el 4B, esta “huelga” es una herramienta para dinamitar el “contrato heterosexual” que las obliga a servir al futuro de la nación antes que a sus propios deseos.

El feminismo radical surcoreano, dentro del que se enmarca este movimiento, entiende que las raíces de la subordinación femenina están inscritas en la propia organización social y en las relaciones de género, por lo que la mera reforma resulta insuficiente.

La subcorriente 6B4T

El movimiento no se ha quedado estático. Ha evolucionado hacia un marco más amplio conocido como 6B4T, que ha ganado mucha tracción en China.

A los cuatro «Noes» originales se suman dos más para formar el 6B, sumando:

  • Bisobi: El boicot a productos de empresas misóginas o que explotan la imagen femenina.
  • Bidopbi: El compromiso de las mujeres solteras de prestarse ayuda mutua y apoyo económico, creando una red de seguridad fuera del modelo familiar tradicional.

Además, mientras que la «B» del 4B se centra en el «No» (bi) a las instituciones relacionales, la «T» del 4T se centra en el «Escapar» (del prefjio tal) de las construcciones culturales y estéticas que moldean la feminidad para el consumo ajeno. Así, las 4T que rechazan los corsés culturales serían:

  1. Tal-corset: El rechazo a los estándares de belleza rígidos (maquillaje, cirugía estética, pelo largo).
  2. Tal-jonggyo: El abandono de las religiones patriarcales.
  3. Tal-otaku: El rechazo a la cultura otaku que hipersexualiza a las mujeres.
  4. Tal-idol: El boicot a la industria de los ídolos pop que promueve dinámicas de consumo tóxicas.

Un horizonte de separatismo

Este modelo sugiere un futuro donde las mujeres no solo se separan de los hombres, sino que construyen «micro-sociedades» autónomas. Esto se conecta directamente con la teoría del separatismo feminista: la idea de que, para recuperar la soberanía sobre nosotras mismas, hay que retirar la energía emocional, sexual y económica de los espacios dominados por hombres.

En 2026, ya hemos visto hitos como la Feria Bihon en Seongsu, Seúl, donde casi 2.000 mujeres se reunieron para debatir sobre finanzas, vivienda y vida independiente sin hombres.

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La reacción política en Corea del Sur

La política institucional ha respondido con hostilidad en el país asiático. El expresidente Yoon Suk-yeol ganó en 2022 con un ideario que culpaba al feminismo de la baja natalidad y prometía abolir el Ministerio de Igualdad de Género. Esta retórica empoderó a grupos de hombres jóvenes autodenominados «víctimas de la discriminación inversa», como New Men’s Solidarity, un grupo de machistas reaccionarios que culpan a las mujeres de todos sus males.

Pero su mandato terminó en desastre. El 3 de diciembre de 2024, en un movimiento desesperado, Yoon declaró una ley marcial inconstitucional. El Parlamento resistió, fue destituido y, en febrero de 2026, fue sentenciado a cadena perpetua por insurrección.

En las elecciones del 4 de junio de 2025, Lee Jae-myung, del Partido Democrático, se convirtió en presidente. Y, aunque su administración ha reaccionado reactivando el Ministerio de Igualdad de Género en octubre de 2025 con más presupuesto, la desconfianza de las mujeres sigue creciendo.

En la arena electoral, el Partido de la Mujer (Yeoseongui-dang) sigue luchando como una fuerza simbólica, pero en las elecciones de 2025 no logró representación significativa.

Actualmente, el término «feminista» en Corea se ha vuelto un insulto, siendo etiquetadas como “odiadoras de hombres”. Nos suena, ¿verdad? Ante esta realidad, muchas mujeres practican el «feminismo silencioso”. Es decir, viven según los principios del 4B en privado, pero evitan la etiqueta en público para protegerse, utilizando el anonimato en redes sociales como un escudo vital para no ser despedidas de sus empleos o agredidas físicamente.

Todo lo anterior demuestra que el sistema político tradicional sigue bloqueado para las demandas estructurales de las mujeres, empujándolas aún más hacia la huelga del 4B.

Actualmente, el término «feminista» en Corea se ha vuelto un insulto, siendo etiquetadas como “odiadoras de hombres”.

Un movimiento que ha llegado a Occidente

La rebelión de los “Cuatro Noes” ya no es solo coreano. Este fenómeno ha saltado el océano. Tras la victoria de Donald Trump en 2024, el interés por este movimiento en Estados Unidos explotó. En un solo día, las búsquedas en Google de «4B» aumentaron un 450%. Las mujeres estadounidenses, temerosas por el retroceso en los derechos reproductivos con la anulación de Roe vs. Wade, y el auge de discursos reaccionarios que amenazan incluso su derecho al voto, han empezado a ver en el 4B un modelo de resistencia ante un entorno político hostil.

Este sentimiento quedó cristalizado en el testimonio de McKenna, una joven de 24 años recogida por el diario The Guardian, que tras las elecciones canceló todas sus citas diciendo: ‘Ningún hombre volverá a tocarme hasta que recupere mis derechos reproductivos. Si ellos votan contra nuestros cuerpos, nosotras nos retiramos de sus vidas’.

Tras la victoria de Donald Trump en 2024, el interés por este movimiento en Estados Unidos explotó. En un solo día, las búsquedas en Google de «4B» aumentaron un 450%.

En España, la apertura de oficinas antiaborto en ciudades como Alicante y la normalización de los discursos de ultraderecha nos recuerdan que no podemos bajar la guardia. Ante este retroceso, la respuesta de las mujeres, articulando movimientos como el 4B, es un acto de legítima defensa. Como señala Breanne Fahs, profesora de Estudios de la Mujer en la Universidad Estatal de Arizona, las jóvenes hoy están «recurriendo a nuevas formas de afirmar su agencia y reclamar una sensación de control sobre sus cuerpos» ante un entorno patriarcal.

Con todo esto, el discurso del movimiento 4B cada vez cala más en comunidades de mujeres de todo el mundo, en parte gracias a las redes sociales, donde las surcoreanas están siendo una gran inspiración para otras feministas. Un ejemplo es Nana, una usuaria feminista china basada en Londres que se ha convertido en una voz fundamental de esta resistencia transnacional a través de su comunidad digital «6B4T World».

“Es peligroso desafiar abiertamente al gobierno. Me impresionó que las mujeres coreanas encontraran una manera de hacerlo a nivel personal, en su vida cotidiana. Creo que es una forma eficaz para que las personas desafíen la instrumentalización de las mujeres por parte del Estado como máquinas reproductivas”, dice esta activista.

Un grito silencioso que podría cambiarlo todo

Para los estados, el 4B es una amenaza demográfica ante las bajas tasas de natalidad. Pero, para las mujeres que lo practican, no es una cuestión de números; es una cuestión de dignidad y supervivencia, una respuesta de autodefensa pacífica ante una sociedad que ha fallado y oprimido sistemáticamente a la mitad de su población. Y la construcción de una identidad que se niega a ser definida por su relación con lo masculino.

En definitiva, ya sea una ola feminista pasajera o la semilla que siembre un cambio estructural profundo, el 4B está forzando al mundo a hacerse una pregunta inquietante para el patriarcado: ¿Qué pasa cuando las mujeres deciden dejar de participar del orden social machista? ¿Qué ocurre cuando deciden salirse por completo de los carriles marcados, dejar de alimentar la maquinaria con su energía y sus cuerpos, y empezar a vivir, con soberanía absoluta, en los márgenes del sistema? Quizá sea precisamente en esos márgenes donde emerge la posibilidad de imaginar otras formas de existencia y de relación, donde el silencio frente al mandato masculino deje de ser una jaula para convertirse en un grito de resistencia y libertad. Y es, precisamente, la posibilidad misma de una emancipación radical lo que el patriarcado no puede permitirse contemplar. Por eso resulta imprescindible seguir pensando colectivamente las fisuras que este movimiento surcoreano ha abierto y los nuevos imaginarios políticos y vitales que nos invita a explorar.

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