Una habitación propia: mujeres que viven solas por elección
Un reportaje de Ana de Blas
Para 2041, un tercio de los hogares en España serán de una sola persona. En quince años, los hogares unipersonales serán los más frecuentes, adelantando por primera vez a los formados por dos personas. En 2026 hay 5,6 millones de hogares unipersonales, y en 2041 se llegará a 6,7 millones. Habrá más hogares, pero cada vez más pequeños. No es una predicción del futuro, sino la tendencia demográfica que proyecta el Instituto Nacional de Estadística.[1]
¿Cuántas mujeres viven solas en España? Según la Encuesta Nacional de Salud Sexual, casi el 19% de las mujeres de 16 y más años vive en hogares unipersonales, cerca de tres puntos más que los hombres[2]. Son cuatro millones de mujeres. La tendencia es creciente, como reflejan los censos del INE: las que vivían solas en 2011 eran el 11,6%, y en 2021 eran casi el 13%.
“Yo hago lo que quiero cuando quiero”, “Estoy de maravilla” o “A veces echo de menos compartir cosas, pero tampoco sería a cualquier precio” son algunas de las impresiones que nos revelan dos de las protagonistas de esta forma de vivir. La experiencia de mujeres que viven solas por elección admite al menos dos lecturas. Por un lado, puede interpretarse como una expresión de su autonomía; por otro, como una forma de evitar relaciones con parejas en las que persisten falta de corresponsabilidad, desigualdad en los cuidados o pérdida de oportunidades profesionales para ellas. Ambos factores, independencia y adaptación, pueden coexistir.
El aumento de la autonomía de las mujeres en aspectos básicos –por nivel de estudios, ingresos propios, usos del tiempo, maternidad– transforma las formas de convivencia. Es el suelo para la consolidación de un nuevo modelo de vida donde la pareja y la familia tradicional dejan de ser la columna vertebral de las expectativas de la inmensa mayoría de las mujeres. También la aceptación social de las madres solas, de las mujeres bisexuales y lesbianas es hoy mayoritaria.
No obstante, existen obstáculos sociales, laborales y económicos –organización del trabajo, precio de la vivienda– que pueden actuar contra esta capacidad de elección. Y desde su idealización del hogar tradicional, la machoesfera presenta la independencia de las mujeres como una amenaza.
Casi el 19% de las mujeres de 16 y más años vive en hogares unipersonales. Son cuatro millones de mujeres y la tendencia es creciente.
Vivir sola no es una anomalía
El número de personas que viven solas es diferente según el sexo, la edad y el estado civil.[3] Las edades con más mujeres viviendo solas son las mayores, las que tienen más de 60 años, mientras que la franja de edad con más hombres solos son los de mediana edad, entre 40 a 59 años. Por estado civil, las viudas son el grupo más numeroso de las mujeres solas: en 2021 eran 1,1 millones, si bien entre solteras y separadas o divorciadas lo superan: sumaban casi 1,4 millones.
Cuando hay hijos a cargo, la diferencia estadística es brutal: hogares con madres solas con sus hijos son más de un millón y medio, mientras que padres solos con sus hijos en casa son 374.000. La realidad justifica con creces el genérico familias monomarentales frente a monoparentales.
Si bien España es tradicionalmente “familista” y tiene una proporción de hogares unipersonales menor que la media europea, sí hay una subida paulatina. De continuar la tendencia, en unos años será la forma más habitual de vivir. Con el aumento de la esperanza de vida, que es más alta para ellas, muchas mujeres mayores viven solas, y si esta soledad no es deseada, es problemática. Pero existen otros motivos que están ligados a una mayor independencia de las mujeres de cualquier edad adulta, y ahí puede tratarse de una soledad elegida, “con dinero y una habitación propia” conquistada, tal como quiso Virginia Woolf hace casi un siglo. Como valora la profesora de sociología Elisa Brey, siempre y cuando contemos con una red extensa de apoyo, vivir solas en casa no necesariamente es lo mismo que estar solas.[4]
Cuando hay hijos a cargo, la diferencia estadística es brutal: hogares con madres solas con sus hijos son más de un millón y medio, mientras que padres solos con sus hijos en casa son 374.000.
El sorpasso de las mujeres
Teresa Martín García es una demógrafa y socióloga española, científica titular en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, donde desarrolla su labor en el Instituto de Economía, Geografía y Demografía. Es una investigadora reconocida internacionalmente sobre los procesos de formación de nuevas familias en las sociedades avanzadas y la interrelación de las trayectorias educativa, laboral y familiar. Le consultamos cuáles son las principales causas del aumento de la proporción de mujeres que viven solas: “En España, más de un tercio de las mujeres de 30 a 34 años, una edad clave para la maternidad, no está casada ni vive en pareja. En el caso de los hombres, la proporción supera incluso la mitad. Sin duda, uno de los factores que explica esta dificultad para formar pareja es la inversión de las diferencias de género en el nivel educativo. Hoy, las mujeres tienen de media más estudios que los hombres. De hecho, casi un 57% de las mujeres en esa franja de edad de 30 a 34 años tiene estudios universitarios, lo que supone más de diez puntos por encima de ellos”.

En la mayoría de países occidentales, incluida España, ha aumentado de forma notable el número de parejas heterosexuales en las que la mujer tiene mayor nivel educativo que el hombre. Este sorpasso educativo de las mujeres, continúa la experta, desafía los viejos roles: “Tradicionalmente, era habitual que los hombres eligieran parejas con menor nivel educativo y estatus socioeconómico, lo que se conoce como hipergamia educativa. Esto respondía a un contexto en el que muchas mujeres no trabajaban o tenían menores ingresos, y a normas, preferencias sociales, que valoraban que el hombre tuviera una posición superior o que la mujer fuera ligeramente más joven. Sin embargo, el mayor acceso de las mujeres a la educación y el sorpasso educativo de ellas ha cambiado este patrón en las relaciones heterosexuales”.
Así pues, las expectativas están desajustadas: “Por un lado, los hombres encuentran menos mujeres con menor nivel educativo que ellos, por otro, muchas mujeres buscan parejas más igualitarias, que compartan las tareas del hogar y permitan compatibilizar trabajo y vida personal sin renuncias. Esto genera claramente un desajuste. Ellos buscan perfiles que casi han desaparecido y ellas perfiles que aún son bastante minoritarios”. A todo ello, Teresa Martín suma las dificultades económicas y laborales, que retrasan la independencia de los jóvenes: la edad media para emanciparse en nuestro país es de algo más de 30 años, una de las más altas de la Unión Europea, y este retraso conlleva en su valoración a un aumento de las expectativas: “A medida que pasa el tiempo, el coste de oportunidad de formar pareja crece, ya que las personas definen más sus preferencias y son más exigentes a la hora de buscar pareja, lo que reduce las opciones y en muchos casos, sobre todo para las mujeres, dificulta que una relación compense o resulte atractiva”.
“Ellos buscan perfiles que casi han desaparecido y ellas perfiles que aún son bastante minoritarios”, explica Teresa Martín, demógrafa del CSIC.
Pareja y maternidad: no a cualquier coste
Como explica la investigadora social, los cambios en los roles y las relaciones de género han sido asimétricos, es decir, la vida de las mujeres ha cambiado mucho más que la de los hombres, y además estos avances han sido más rápidos en la educación o el empleo que dentro de las propias familias. “Hoy tener pareja o casarse es una opción, no es una obligación. Y cuando se percibe que implica costes altos –en tiempo, oportunidades, o incluso en la carrera profesional, especialmente para las mujeres con mayor formación– estas decisiones vitales, familiares, se retrasan o directamente se evitan”.
Si miramos a unas décadas atrás, en los años ochenta, explica Teresa Martín, el uso de los anticonceptivos desvinculó la sexualidad de la reproducción; en los noventa, la convivencia sin matrimonio desvinculó tener hijos de estar casados. Y más recientemente, surge una nueva separación: la de tener hijos sin necesidad de pareja, gracias a las técnicas de reproducción asistida. De hecho, muchas mujeres encajarían en un perfil de madres solas por elección. Con todo ello, “ni el sexo ni los hijos son ya razones para que las mujeres formen pareja a cualquier coste”, concluye la demógrafa del CSIC
“Nunca he tenido instinto maternal”
Lola –el nombre es ficticio, para proteger su identidad– vive en Madrid, el día que la entrevistamos cumplía 66 años y aunque está pensando en la jubilación, sigue muy activa en su trabajo, su tiempo de ocio y su vida social. Lola es heterosexual, ha vivido sola y en pareja, por lo que su visión de una u otra elección se basa en la experiencia. Su caso ilustra la tendencia a una mayor exigencia a mayor edad que menciona la investigadora Teresa Martín.
Cuando empezó a vivir sola, nos cuenta Lola, “A los veintitantos, los treinta años, tenía libertad y empecé a conocerme más a mí misma y a hacer viajes sola. Pero la desventaja en aquella época es que sí notaba ese vacío de no poder compartirlo con una pareja o un amor”.
Después de ese periodo, conoció a un chico y al cabo de un par de años decidieron vivir juntos. “He estado viviendo en pareja dieciocho años. Yo tenía más edad y más ingresos económicos que él. Desde hace seis años estoy viviendo sola nuevamente, porque hemos querido, porque ya no había ese sentimiento, era como estar con un compañero de piso”, afirma Lola, que no tiene hijos. “Nunca he tenido instinto maternal”, asegura. Eso no significa que no tuviera tarea de cuidados, ocupándose de su madre.
Esta segunda etapa de vivir sola “la estoy viviendo con mayor alegría, porque una vez que sales de una relación ves todos los inconvenientes de la rutina. Ventajas le pongo muchísimas”, asegura. “También es verdad que viajo mucho, hago teatro, deporte, bailo, tengo vida social, voy al cine”. En todos esos sitios, Lola observa una feminización: hay una gran mayoría de mujeres. “Realmente estamos saliendo y ocupando los espacios. No te sientes sola si tienes amistades con las que te puedes abrir. Ahora quiero mantener la capacidad física de valerme por mí misma, que es el único miedo que a partir de un momento tengo”. El día de su cumpleaños, Lola piensa en su gran viaje pendiente: Japón.
“Realmente estamos saliendo y ocupando los espacios. No te sientes sola si tienes amistades con las que te puedes abrir”.
Un escudo económico frente al machismo
En la actualidad, la propaganda, foros y redes sociales antifeministas que forman la llamada machoesfera reivindican modelos de relación muy tradicionales. ¿Qué papel pueden estar desempeñando estos discursos? Para Teresa Martín, “Cuanto menos igualitarios son los hombres y menor es su implicación en las tareas domésticas y en los cuidados, más dificultades encuentran para formar pareja en un contexto como el actual. Ante esta percepción de amenaza, es frecuente que surjan reacciones defensivas”. El avance de las mujeres ha funcionado hasta ahora como una línea de no retorno respecto a la igualdad, pero ya no parece ser suficiente para frenar discursos regresivos en algunos sectores. Por ello, la especialista responde: “Es clave seguir impulsando y garantizando la igualdad de género tanto en el ámbito público como en el privado, reforzando especialmente la protección laboral de las mujeres con hijos y promoviendo la corresponsabilidad en los cuidados. Asegurar la independencia económica de las mujeres puede actuar como un escudo frente a los mensajes simplistas del machismo”.
Pareja, independencia y sexo
Según la última Encuesta Nacional de Salud Sexual[5], si bien la gran mayoría de las mujeres adultas en España tiene pareja, casi un 33% de ellas responde que no. Además, ocho de cada diez mujeres que tienen pareja conviven con ella, pero no es así siempre: para un 18%, cada uno vive en su casa.
Cuando en el estudio sobre Relaciones Sociales y Afectivas[6], también del CIS, se pregunta si los miembros de una pareja pueden mantener su relación afectiva sin convivir para preservar su independencia, la mayoría tanto de mujeres como de hombres se mostró de acuerdo o muy de acuerdo.
La publicación de la segunda edición de la Encuesta de Salud Sexual, dieciséis años después de la primera, permite comparar algunos indicadores. La actividad sexual pierde peso como requisito asociado a la felicidad. Sólo el 28% de las mujeres está de acuerdo con la afirmación “sin una vida sexual activa no es posible ser feliz”, y son más de diez puntos menos que en 2009. La mayor parte de la población está poco o nada de acuerdo con esta idea.
En cuanto a la orientación sexual, según el estudio la atracción heterosexual representa a la mayoría de las mujeres, un 77%. Un 1,5% manifiesta atracción sexual por otras mujeres. Entre las que sienten atracción por ambos sexos, o “no les importa”, suman cerca del 9%. “No siento atracción por nadie” es una respuesta significativa entre las mujeres, con un 12%. Entre las más jóvenes, la bisexualidad aflora como una orientación frecuente: el 39% de las chicas entre 18 y 24 años se describe como bisexual en España, según el estudio de relaciones sexoafectivas.
La sociedad española es hoy en su mayoría tolerante respecto a la orientación sexual. Los datos de la última encuesta revelan un cambio de actitud registrado en la última década: el 88% de la población considera que una relación entre personas del mismo sexo es tan respetable como una heterosexual. Esta cifra se ha más que duplicado desde 2009, y muestra un consenso casi idéntico entre hombres y mujeres. A pesar de este cambio tan importante, la invisibilidad sigue pesando: según el Instituto de las Mujeres, sólo la mitad de las mujeres lesbianas y bisexuales se muestra siempre o casi siempre visible en sus espacios cotidianos, y la mayoría de ellas esperan a alcanzar la mayoría de edad para ser visibles.[7]
“Asegurar la independencia económica de las mujeres puede actuar como un escudo frente a los mensajes simplistas del machismo”.
Orgullosamente lesbiana
Alba –el nombre es ficticio–, “orgullosamente lesbiana”, como ella afirma, tiene 47 años y vive sola en Barcelona. “Yo vivía en familia, con mi madre. Siempre me he manejado muy bien para resolver mis problemas, hacer mis gestiones, arreglar muchísimas cosas en casa. Elegí vivir sola bastante mayor, porque no era fácil. Hasta que por fin pude optar a ello”.
Cuando le preguntamos por qué no pudo independizarse antes, la carga de los cuidados de nuevo está presente aún para mujeres sin hijos: “Probablemente me hubiera ido antes, pero tuvimos que cuidar de mi hermana, que estaba enferma y se había separado”. Ese es el talón de Aquiles, nos dice, de casi todas las mujeres que están solas. De hecho, aunque no viven juntas, ella es la cuidadora principal de su madre. “También tuve que cuidar de mi padre hasta que murió, aunque nunca viví con él”, añade.
Respecto a haber sufrido prejuicios añadidos por ser lesbiana, Alba reconoce que a su madre “no le gustaba. Es un poco complicado. De hecho, yo no me he dicho lesbiana hasta ser mayor. Antes tenía miedo a la aceptación”. Ahora, feminista y lesbiana orgullosa, ¿qué es lo que más le gusta de vivir sola? “Lo que más me gusta es todo”, responde riéndose.
Corresponsabilidad y cuidados: una carga desigual
La vida en pareja y familiar sigue implicando para muchas mujeres una sobrecarga doméstica. La solución de este nudo no es menos importante que la conquista de la igualdad política y el establecimiento de una plena independencia económica.
Ambas esferas, la privada y la pública, están estrechamente vinculadas por la estructura laboral y económica. En términos generales, las mujeres en España cobran menos salario medio que los hombres, soportan más parcialidad y más temporalidad, los sectores en los que son mayoría son los peor remunerados, y tienen más historias laborales discontinuas, especialmente por ser madres. La diferencia del salario medio entre hombres y mujeres se estanca en el 20% y la mitad se debe al mayor empleo parcial de ellas[8]. Todas estas brechas empobrecen a las mujeres también respecto a su futura pensión.
Los últimos datos del INE reflejan que la carga del cuidado sigue recayendo de forma mayoritaria en las mujeres. Las mujeres son las tres cuartas partes del empleo a tiempo parcial en España, en buena medida asociado a los cuidados. Diez veces más mujeres que hombres reducen su jornada laboral para poder cuidar, lo que significa ganar menos.[9] Mientras, España todavía no dispone de un Sistema Nacional de Cuidados plenamente establecido mediante una ley específica y con una organización propia.
La desigualdad entre los sexos en el trabajo doméstico y de cuidados limita también el bienestar y el tiempo propio de las mujeres. Con datos de la Encuesta de Empleo del Tiempo del INE[10], en el conjunto de las parejas heterosexuales, la mujer dedica 132 minutos más al día a las tareas del hogar que el hombre. Incluso en las parejas en las que sólo la mujer trabaja fuera de casa, aunque las diferencias en las tareas domésticas se acortan, ellas aún emplean más tiempo que ellos al hogar y los hombres disponen de casi tres horas más de ocio al día.[11] Así pues, los indicadores apuntan a la persistencia de roles tradicionales y dobles jornadas incluso cuando la mujer es la sustentadora económica. En este punto, la soledad elegida puede ser una estrategia para escapar de relaciones desiguales.
Diez veces más mujeres que hombres reducen su jornada laboral para poder cuidar, lo que significa ganar menos.
Mujeres que gestionan su tiempo… si lo tienen
La idea de la “habitación propia” no es sólo un espacio físico y económico, también es un espacio mental. El CIS señala que entre las jóvenes de 18 a 24 años, seis de cada diez considera que tener pareja es “poco o nada importante”, lo que reflejaría la importancia de otras fuentes de bienestar y apoyo social.[12]
¿En qué se ocupan las mujeres en su tiempo libre, caso de tenerlo? Los indicadores de participación que da el Ministerio de Cultura ofrecen diferencias significativas por sexo.[13] Se observa entre las mujeres mayor afición por la lectura, 68%, siete puntos más que los hombres. Ellas acceden con más frecuencia a bibliotecas o realizan con más intensidad actividades como pintar o dibujar, asistir a museos, exposiciones o galerías de arte; mientras que ellos visitan más monumentos o yacimientos. Ellas hacen más teatro, baile o danza, y también van con más frecuencia a verlos. También se registra mayor frecuencia de asistencia a conciertos entre las mujeres, pero ellos manifiestan escuchar música o tocar un instrumento más habitualmente. Respecto a los videojuegos las diferencias son altas, ya que el 27% de los hombres suelen jugar al menos una vez al mes frente a cerca del 12% de las mujeres, menos de la mitad.
Se observa entre las mujeres mayor afición por la lectura, 68%, siete puntos más que los hombres. Ellas acceden con más frecuencia a bibliotecas y museos.
La empresa española de estudios turísticos Mabrian afirma que las mujeres que viajan solas constituyen un mercado en auge y que el 14% de las mujeres viajan sin la compañía de familiares, amigos o pareja, lo que considera “un cambio cultural”.[14] La mayoría de estas viajeras son europeas o estadounidenses, y las españolas están en la sexta posición. Sea cual sea el origen nacional, la percepción de seguridad es un aspecto fundamental para elegir destino, que es preferiblemente urbano: el ránking lo encabezan Londres, París y Tokio, con dos ciudades españolas, Madrid y Barcelona, entre las diez primeras. Casi la mitad de las españolas que viajan solas eligen destinos internacionales. Un trabajo académico sobre seis agencias de viajes especializadas en mujeres concluye que no hay un perfil de edad para estas viajeras y que prefieren participar en actividades culturales y recreativas visitando festivales, museos o sitios históricos. También muestran preferencias por los viajes de relajación, como visitas a spas, o los de aventura y deportes. La percepción de inseguridad o el miedo suelen desaparecer durante la realización del viaje, según los estudios revisados.[15]
Las mujeres que viajan solas constituyen un mercado en auge. El 14% de las mujeres viajan sin la compañía de familiares, amigos o pareja.
La mujer nueva en la vindicación feminista
La soledad elegida no es un sólo un fenómeno demográfico reciente ni surge en el vacío. Puede entenderse como consecuencia de haber alcanzado las condiciones materiales que hacen posible una reivindicación fundacional del feminismo: que las mujeres puedan desempeñar sus vidas sin depender económica, jurídica o simbólicamente de los hombres.
En la autonomía de las mujeres puso énfasis Mary Wollstonecraft hace ya más de dos siglos, al escribir: “No deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre sí mismas”. La autora de Vindicación de los derechos de la mujer rebate nada menos que a Rousseau y reclama formar a las mujeres en la capacidad de autogobernarse, dejando atrás una humillante dependencia[16].
Décadas después, en Women and Economics, Charlotte Perkins Gilman, anticipando debates del feminismo materialista, argumenta que la dependencia económica dentro del matrimonio es uno de los principales mecanismos de subordinación femenina, que pervierte tanto las relaciones afectivas como las económicas[17].
Desde el ámbito revolucionario, en La mujer nueva y la moral sexual Alejandra Kollontai critica los límites de la emancipación femenina burguesa para transformar las estructuras profundas, a la vez que cree firmemente en la existencia de una mujer nueva. Una mujer que rompe con los papeles tradicionales, alejada de los tópicos literarios de la jovencita encantadora, la esposa resignada, la solterona que llora por su juventud… Estas mujeres nuevas, escribe entusiasmada, son “heroínas que saben luchar por sus derechos”.[18]
Marcela Lagarde, que dedicó un curso y un libro homónimos a desarrollar las Claves feministas para el poderío y la autonomía de las mujeres, sostiene que las mujeres han sido educadas para priorizar las necesidades ajenas y reivindica la autonomía y las redes afectivas, éticas y políticas entre mujeres.[19]
Pero probablemente la frase más emblemática sobre autonomía femenina es la que encabeza este reportaje y se la debamos a Virginia Woolf: “Una mujer debe tener dinero y una habitación propia”, con ese cuarto propio como literalidad y metáfora a la vez, una fórmula que resuena hoy para todas las mujeres[20].
La frase más emblemática sobre autonomía femenina se la debemos a Virginia Woolf: “Una mujer debe tener dinero y una habitación propia”.
NOTAS:
Teresa Martín García es una demógrafa y socióloga española, científica titular en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, donde desarrolla su labor en el Instituto de Economía, Geografía y Demografía. Es una investigadora reconocida internacionalmente sobre los procesos de formación de nuevas familias en las sociedades avanzadas y la interrelación de las trayectorias educativa, laboral y familiar. https://iegd.csic.es/es/personal/teresa-martin-garcia
Teresa Martín es IP de un proyecto de investigación comparado entre España, Corea del Sur y Uruguay, sobre sociedades con fertilidad ultrabaja (https://www.ultralow.csic.es/
[1] Instituto Nacional de Estadística. “Proyección de hogares 2026-2041”. https://www.ine.es/dyngs/INEbase/operacion.htm?c=Estadistica_C&cid=1254736176954&menu=ultiDatos&idp=1254735572981
[2] CIS. Encuesta Nacional de Salud Sexual. Segunda Edición. https://www.cis.es/es/estudios/encuesta-nacional-de-salud-sexual-2-edicion-?cuestionario=17969&muestra=26285&pregunta=659373&variable=1093848&chartType=bar
[3] Instituto Nacional de Estadística. “Encuesta de Características Esenciales de la Población y las Viviendas. Año 2021”. https://www.ine.es/dynt3/inebase/index.htm?padre=8981&capsel=8981
[4] Brey, E. “Cada vez más solos en casa: el auge silencioso de los hogares unipersonales”. The Conversation. 10-12-2025. https://theconversation.com/cada-vez-mas-solos-en-casa-el-auge-silencioso-de-los-hogares-unipersonales-267937
[5] CIS (2026). Encuesta Nacional de Salud Sexual (2ª Edición). Estudio 3515. https://www.cis.es/es/estudios/encuesta-nacional-de-salud-sexual-2-edicion-
[6] CIS (2023). Encuesta sobre relaciones sociales y afectivas pospandemia (III). Estudio 3400. https://www.cis.es/es/estudios/encuesta-sobre-relaciones-sociales-y-afectivas-pospandemia-iii-
[7] Instituto de las Mujeres (2024). Mujeres lesbianas y bisexuales en España. https://www.inmujeres.gob.es/areasTematicas/AreaEstudiosInvestigacion/docs/Estudios/MujeresLesbianasBisexuales.pdf
[8] CCOO (2026). La brecha salarial de género, síntoma de la desigualdad estructural. https://estudios.ccoo.es/dc4026a099180e9be2c1285531bde383000001.pdf
[9] INE (2026). Encuesta de Población Activa (EPA). Módulo sobre conciliación entre la vida laboral y la familiar. Año 2025. https://www.ine.es/dynt3/inebase/es/index.htm?padre=13692
[10] INE (2011). Encuesta de Empleo del Tiempo. https://www.ine.es/dyngs/INEbase/es/operacion.htm?c=Estadistica_C&cid=1254736176815&menu=resultados&idp=1254735976608
[11] Observatorio Social Fundación La Caixa (2018). El reparto de las tareas de la casa en las parejas en las que solo trabaja la mujer. https://elobservatoriosocial.fundacionlacaixa.org/es/-/inercias-reparto-tareas
[12] CIS (2025). Relaciones sexuales y de pareja. Estudio 3501. https://www.cis.es/es/estudios/relaciones-sexuales-y-de-pareja
[13] Ministerio de Cultura (2025). Encuesta de hábitos y prácticas culturales en España 2024-2025. https://www.cultura.gob.es/servicios-a-la-ciudadania/estadisticas/cultura/mc/ehpc.html
[14] Mabrian & The Data Appeal Company-Almawave Group. (2024). Solo female travellers already stand for 14% of female tourism demand. https://mabrian.com/blog/solo-female-travellers-already-stand-for-14-of-female-tourism-demand/
[15] López Folch, Meritxell. Turisme per al gènere femení: anàlisi de les agències de viatge espanyoles especialitzades i el perfil de les dones que viatjen “soles”” (2022). Universitat Rovira i Virgili. https://hdl.handle.net/20.500.11797/TFM1096 Las agencias estudiadas son: WOM viajes, Mujer y Viajera, Focus on Women, Concédete Deseos, Tacones Viajeros y Womderland.
[16] Mary Wollstonecraft (1759-1797) .Wollstonecraft, M. (2016). Vindicación de los derechos de la mujer. p. 81. Ed. Taurus. Obra original en inglés publicada en 1792.
[17] Charlotte Perkins Gilman (1860-1935). Gilman, C. P. (2021). Mujeres y economía (A. de Miguel, ed.). Cátedra. Obra original en inglés publicada en 1898. Versión descargable en inglés: Women and economics: A study of the economic relation between men and women as a factor in social evolution. Project Gutenberg. https://www.gutenberg.org/ebooks/57913
[18] Alejandra Kollontai (1872-1952). Kollontai, A. (2009). La mujer nueva y la moral sexual. Casa Juan Pablos. Edición digital disponible en: Grupo Germinal. (s. f.). La mujer nueva y la moral sexual (trad. de M. T. Andrade) [Archivo PDF]. https://grupgerminal.org/?q=system/files/1913-00-00-nuevamujer-kollontai_0.pdf
[19] Marcela Lagarde (n. 1948). Lagarde y de los Ríos, M. (2023). Claves feministas para el poderío y la autonomía de las mujeres. Siglo XXI Editores. Publicada originalmente en 1998.
[20] Virginia Woolf (1882-1941). Woolf, V. (2019). Una habitación propia (C. Martínez Muñoz, Trad.). Alianza Editorial. Obra original en inglés publicada en 1929.





