El proyecto de Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual presentado a las Cortes por el Gobierno actual define así su ámbito de aplicación (1):

Artículo 3. Ámbito de aplicación. 

    1. El ámbito de aplicación objetivo de esta ley orgánica comprende, las violencias sexuales, entendidas como cualquier acto de naturaleza sexual no consentido o que condicione el libre desarrollo de la vida sexual en cualquier ámbito público o privado, incluyendo el ámbito digital. Se considera incluido en el ámbito de aplicación, a efectos estadísticos y de reparación, el feminicidio sexual, entendido como homicidio de mujeres y niñas vinculado a conductas definidas en el siguiente párrafo como violencias sexuales. 
    2. En todo caso se consideran violencias sexuales los delitos previstos en el título VIII del libro II de la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal, la mutilación genital femenina, el matrimonio forzado, el acoso con connotación sexual y la trata con fines de explotación sexual. Se prestará especial atención a las violencias sexuales cometidas en el ámbito digital, lo que comprende la difusión de actos de violencia sexual, la pornografía no consentida y la extorsión sexual a través de medios tecnológicos.”

Dada la complejidad de las violencias sexuales, éstas no pueden ser abordadas y conceptualizadas solo desde un marco jurídico. Las diferentes formas y ámbitos de la violencia sexual están presentes en la vida cotidiana, causan sufrimiento y múltiples efectos en la salud de las víctimas.
La falta de actualización de la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género (2) ha reducido la violencia de género o violencia contra las mujeres, incluida la sexual, al ámbito de la pareja o expareja. Se han invisibilizado así otras tantas formas de violencia y ámbitos en los que, sobre todo mujeres, niñas y niños, las sufren por parte de victimarios con los que no les une relación sentimental, con quienes pueden tener diferentes tipos de relaciones o ninguna relación previa, en diversos lugares.

Pendiente aún la reforma la ley estatal contra la violencia de género y de aprobación la ley de garantía de la libertad sexual, encontramos normas de rango autonómico, como por ejemplo la Ley Canaria 16/2003, de 8 de abril, de Prevención y Protección Integral de las Mujeres contra la Violencia de Género, modificada en el año 2017 (3), que contempla dentro de la violencia de género al menos los siguientes tipos de violencia sexual: violencia sexual y abusos sexuales, incluida la exhibición, la observación y la imposición, mediante violencia, intimidación, prevalencia o manipulación emocional, de relaciones sexuales, con independencia de que la persona agresora pueda tener con la mujer una relación conyugal, de pareja, afectiva o de parentesco; acoso por razón de género y acoso sexual en el ámbito laboral; trata de mujeres y niñas; explotación sexual; violencia contra los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres; matrimonio a edad temprana y matrimonio concertado o forzado; mutilación genital femenina y feminicidios o sea, homicidios o asesinatos cometidos y/o vinculados a la violencia sexual o ejecutados en el ámbito de la prostitución y la trata de mujeres así como aquellos relacionados con el infanticidio de niñas o efectuados por motivos de honor o de dote. 

Es fundamental la categorización de todos los tipos de violencia sexual, incluyendo además de los especificados en las leyes otros que cobran especial preeminencia en la actualidad. La siguiente propuesta de tipología se ha efectuado teniendo en cuenta los siguientes criterios: 

A) Tipos de violencia sexual

B) Relación entre victimario(s) y víctima(s)

C) Ámbito donde se produce la violencia sexual

D) Circunstancias y características de la víctima(s)

E) Consecuencias para la víctima(s)

F) Intencionalidad del victimario/os. 

A) Tipos de violencia sexual 

La violencia sexual adopta múltiples expresiones que transgreden los derechos humanos de las personas, y no obstante muchas representaciones de esta violencia son todavía dificultosas de identificar.

1) Asesinato/homicidio 

Existen dos denominaciones para calificar la muerte de una persona por otra: el homicidio y el asesinato, que no difieren en el “a quién” sino en las circunstancias del hecho (4).
Se considera un homicidio cuando una persona causa la muerte de otra. Si el autor tiene la intención de matar, se trataría de un homicidio doloso. En cambio, si la muerte se produce como consecuencia de una imprudencia se trata de un homicidio involuntario o culposo. 

El asesinato se concibe como una forma de homicidio más grave por causa de las circunstancias en las que se lleva a cabo. Estos supuestos que justifican la agravación de la pena y la distinción son: alevosía; con ensañamiento, “aumentando deliberada e inhumanamente el dolor del ofendido”; concurrencia de precio, recompensa o promesa; o para facilitar la comisión de otro delito o evitar que se descubra. 

1.1) Asesinato/homicidio con víctimas masculinas

Los niños y los hombres pueden ser víctimas de violencia sexual. La violación y otras formas de coacción sexual contra hombres y niños tienen lugar en diversos entornos, incluidos hogares, lugares de trabajo, escuelas, calles, instituciones militares y prisiones. Se trata en gran medida también de crímenes cometidos contra niños, personas gays, bisexuales, transexuales, travestis, intersexuales; motivados por factores estructurales, institucionales e interpersonales que desencadenan una violencia que se ejerce contra las minorías sexuales en los contextos socioculturales e institucionales en los cuales enraíza y se reproduce (5). 

1.2) Asesinato/homicidio con víctimas femeninas. Feminicidio

El feminicidio hace referencia a los asesinatos de mujeres y niñas por el hecho de ser mujeres o por razón de género, fundados en una estructura de poder basada en el género. Es además violencia de género tanto pública como privada, implicando tanto al Estado (directa o indirectamente) como a los agresores individuales (privados o estatales) e incluye tanto la violencia sistemática y generalizada como la que se produce a nivel interpersonal diariamente (6).

Es necesario distinguir entre asesinatos de mujeres, en los que claramente no existe razón de género, de feminicidios, en los que sí existe, porque de ello depende la comprensión del distinto alcance de la violencia que los hombres ejercen sobre las mujeres. Todos los feminicidios son asesinatos pero no todos los asesinatos de mujeres a manos de varones son feminicidios: por ejemplo, un varón armado que dispara y mata azarosamente a una mujer en un supermercado durante un atraco no comete feminicidio. El paradigma del feminicidio posibilita conocer y profundizar en las causas estructurales de la violencia machista como forma de control y sometimiento de las mujeres.

El EIGE define el feminicidio como “[el] asesinato de una mujer por parte de un compañero íntimo y la muerte de una mujer como resultado de una práctica que es dañina para las mujeres”. Según sus propios informes, “el desafío es captar la naturaleza de género del feminicidio, ya que ningún Estado miembro lo reconoce como un delito separado”.

Hay que tener en cuenta variables que dan lugar a distintos tipos de feminicidio, como los motivos y factores que lo provocan, la relación entre víctima y victimario, las diferentes violencias que padeciera la víctima antes de morir, el escenario donde se cometió el crimen o dónde fuera encontrado el cadáver. También es fundamental distinguir el contexto histórico, social, político, económico y cultural. Esto es determinante porque los feminicidios no pueden ser tratados todos de la misma manera: cada uno de ellos exigirá políticas específicas de sensibilización, prevención, investigación, sanción y reparación, sin perjuicio de que puedan existir casos en los que confluyan varios tipos de feminicidio al mismo tiempo. 

Según las definiciones del observatorio Feminicidio.net contra las violencias machistas, que toma como punto de partida los trabajos clasificatorios previos de académicas latinoamericanas –como Ana Carcedo, Montserrat Sargot o Julia Monárrez–, una primera variable se establece entre feminicidios íntimos y no íntimos:

    • Feminicidio íntimo: cometido por un hombre con quien la víctima tenía o había tenido una relación o vínculo afectivo-sexual o íntimo: marido, exmarido, novio, exnovio o amante. Se incluye el supuesto del amigo que asesina a una mujer que rechazó entablar una relación íntima con él. 
    • Feminicidio no íntimo: cometido por un hombre con quien la víctima no tenía ningún tipo de relación afectiva. Se incluye el supuesto de una mujer que sufre una agresión sexual o intento de agresión y luego es asesinada; el victimario puede ser un conocido o un extraño. También entra en esta tipología el caso del vecino que mata a su vecina por misoginia u otras razones de género. Y el del feminicida que mata a una mujer extraña y canaliza su misoginia en el acto de matar, es decir, odio, desprecio y rechazo hacia todas las mujeres. 

Tanto íntimo como no íntimo, el feminicidio puede ser resultado o ir acompañado de una agresión sexual. Además, existen tipologías de feminicidios en las que el componente de la violencia sexual es paradigmático:

    • Feminicidio por prostitución: cuando una mujer en situación de prostitución es asesinada por un hombre. Entra en esta tipología el caso del victimario que asesina a la mujer motivado por el odio y la misoginia que despierta en él la condición de prostituta de la víctima. El caso también conlleva la carga de estigmatización social y justificación del feminicidio por prostitución en la mente del victimario: “se lo merecía”; “ella se lo buscó por lo que hacía”; “era una mala mujer”; “su vida no valía nada”. 
    • Feminicidio por trata: se produce como consecuencia de que la mujer es víctima de trata de personas, especialmente en la tipología de trata con fines de explotación sexual y matrimonios forzados. 
    • Feminicidio por mutilación genital femenina: cuando la mutilación genital que se practica a una mujer o niña acaba con la vida de ésta. En esta tipología se toma la definición amplia de la Organización Mundial de la Salud que comprende todos los procedimientos consistentes en la resección parcial o total de los genitales externos femeninos, así como otras lesiones de los órganos genitales femeninos por motivos no médicos. 
    • Feminicidio sexual serial: cuando un hombre mata a una mujer motivado por impulsos sexuales sádicos y se produce en el contexto de una serie de feminicidios (tres o más) cometidos por el mismo victimario, en un extenso periodo de tiempo, con un lapso de enfriamiento. 

2) Acoso sexual y stalking 

En España, la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la Igualdad efectiva de mujeres y hombres define así el acoso sexual:

    • Acoso sexual: “Cualquier comportamiento, verbal o físico, de naturaleza sexual que tenga el propósito o produzca el efecto de atentar contra la dignidad de una persona, en particular cuando se crea un entorno intimidatorio, degradante u ofensivo” (art. 7.1).

El acoso sexual puede definirse como un hostigamiento en forma de insinuaciones sexuales, solicitud de favores sexuales u otros contactos verbales o físicos de naturaleza sexual no deseado ni querido que crean un ambiente hostil u ofensivo. El punto clave de la definición es el término “no deseado”. Este tipo de acoso puede adoptar una variedad de formas: desde la violencia física hasta formas más sutiles de violencia, como la coacción –forzar a alguien a hacer algo que no quiere–. Puede presentarse como acoso a largo plazo o puede ser un incidente aislado. En la terminología anglosajona, el acoso reiterado recibe el nombre de stalking, y este subtipo ha sido incluido por primera vez en España en una encuesta oficial en la última Macroencuesta sobre violencia contra las mujeres de 2019.

Según el estudio Acoso sexual y acoso por razón de sexo en el ámbito laboral en España (7), publicado en 2021 por la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género y la Confederación Sindical de Comisiones Obreras, el acoso sexual comprende:

    • 1) Conductas verbales: bromas sexuales ofensivas y comentarios sobre la apariencia física o condición sexual de la trabajadora. Comentarios sexuales obscenos, preguntas, descripciones o comentarios sobre fantasías, preferencias y habilidades/capacidades sexuales. Formas denigrantes u obscenas para dirigirse a las personas, difusión de rumores sobre la vida sexual de las personas, comunicaciones (llamadas telefónicas, correos electrónicos, etc) de contenido sexual y carácter ofensivo. Comportamientos que busquen la vejación o humillación de la persona trabajadora por su condición sexual. Invitaciones o presiones para concertar citas o encuentros sexuales. Invitaciones, peticiones o demandas de favores sexuales cuando estén relacionadas, directa o indirectamente, a la carrera profesional, la mejora de las condiciones de trabajo o la conservación del puesto de trabajo. Invitaciones persistentes para participar en actividades sociales o lúdicas, aunque la persona objeto de las mismas haya dejado claro que resultan no deseadas e inoportunas.
    • 2) Conductas no verbales: uso de imágenes, gráficos, viñetas, fotografías o dibujos de contenido sexualmente explícito o sugestivo. Gestos obscenos, silbidos, gestos o miradas impúdicas. Cartas, notas o mensajes de correo electrónico de carácter ofensivo de contenido sexual. Comportamientos que busquen la vejación o humillación de la persona trabajadora por su condición sexual.
    • 3) Conductas de carácter físico: contacto físico deliberado y no solicitado (pellizcar, tocar, masajes no deseados, etc.) o acercamiento físico excesivo o innecesario. Arrinconar o buscar deliberadamente quedarse a solas con la persona de forma innecesaria. Tocar intencionadamente o “accidentalmente” los órganos sexuales.

Todas las conductas de acoso sexual están enlazadas por el hecho de que representan una intrusión indeseada y no buscada, en los sentimientos, pensamientos, conductas, espacio, tiempo y cuerpo de una persona (8).
Integrando las perspectivas de la medicina legal y el feminismo, la reflexión sobre acoso sexual no es posible sin el reconocimiento del papel que cumple el sistema patriarcal en la organización social.
El mismo estudio de la Delegación del Gobierno y CCOO concluye que “de manera sistemática, la persona acosadora mayoritariamente es un hombre y la persona acosada, mayoritariamente, una mujer. Lo cual no quiere decir que haya excepciones y que, ocasionalmente, la persona que sufre acoso sexual sea un hombre (en general, acosado por otro hombre), o que la persona acosadora en situaciones de acoso por razón de sexo sea una mujer.” Respecto al perfil de las víctimas, explica:

Si bien cualquier mujer trabajadora puede sufrir acoso sexual o acoso por razón de sexo, los estudios precedentes analizados mostraban que con mayor frecuencia son acosadas si se encuentran en alguna o algunas de las situaciones siguientes: si son jóvenes, si no tienen pareja estable (solteras, separadas, divorciadas, viudas), si trabajan en entornos muy masculinizados o en los que predomina una cultura de grupo marcadamente sexista, si están en situaciones laborales, sociales y económicas especialmente precarias, informales o inestables, si son migrantes, etc. Estudios precedentes también indican como factor de riesgo la ocupación por la mujer acosada de un puesto directivo o de destacado nivel de decisión.

La conceptualización del acoso sexual es directamente heredera del pensamiento feminista y sus propuestas jurídicas, al menos desde los años 70 del siglo XX. En el entorno anglosajón, la jurista estadounidense Catharine MacKinnon es considerada como la arquitecta principal de la primera jurisprudencia del “sexual harassment”. Este andamiaje ha formado parte de un largo proceso de concienciación sobre lo inadmisible de los comportamientos violentos, humillantes y coactivos de los varones sobre las mujeres, incluida la búsqueda del chantaje sexual, también en el ámbito de las relaciones laborales. Esta conciencia es la raíz de fenómenos masivos como en nuestros días el #MeToo, o en España acciones como #Cuéntalo en redes sociales o la creación de grupos de apoyo entre mujeres como La caja de Pandora, que reunió a miles de mujeres de entornos artísticos (véase el capítulo 1.2, nota 7).

En nuestro país, el caso de acoso a Nevenka Fernández abrió un primer gran precedente como caso mediático para la toma de conciencia colectiva.  Nevenka Fernández, entonces concejala del Partido Popular en Ponferrada (León), acusó a su jefe, el alcalde Ismael Álvarez, del mismo partido, por acoso sexual en 2001. Ella ganó el juicio y Álvarez pasó a ser el primer político condenado en España por este delito, sin embargo, fue la víctima quien tuvo que abandonar su puesto de trabajo, su entorno y su carrera política. En aquel momento y durante todo el proceso, el apoyo popular se inclinó mayoritariamente por el acosador y se hizo ostensible la revictimización y culpabilización de la mujer acosada .

3) Acoso sexista o por razón de sexo 

En nuestro ordenamiento jurídico, la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la Igualdad efectiva de mujeres y hombres define el acoso por razón de sexo como:

    • Acoso por razón de sexo: “Cualquier comportamiento realizado en función del sexo de una persona, con el propósito o el efecto de atentar contra su dignidad y de crear un entorno intimidatorio, degradante u ofensivo” (art. 7.2).

Se trata de cualquier comportamiento realizado en función del sexo de una persona, con el propósito o el efecto de atentar contra su dignidad y crear un entorno intimidatorio, degradante u ofensivo. Según el estudio citado en el tipo anterior, el acoso por razón de sexo puede manifestarse a través de:

    • Uso de conductas discriminatorias por el hecho de ser mujer u hombre. Bromas y comentarios sobre las personas que asumen tareas que tradicionalmente han sido desarrolladas por personas del otro sexo. Uso de formas denigrantes u ofensivas para dirigirse a personas de un determinado sexo. Utilización de humor sexista. Ridiculizar y despreciar las capacidades, habilidades y potencial intelectual de las mujeres. Realizar las conductas anteriores con personas lesbianas, gays, transexuales o bisexuales. Evaluar el trabajo de las personas con menosprecio, de manera injusta o de forma sesgada, en función de su sexo o de su orientación o identidad sexual. Asignar tareas o trabajos por debajo de la capacidad profesional o competencias de la persona. Trato desfavorable por razón de embarazo o maternidad. Conductas explícitas o implícitas dirigidas a tomar decisiones restrictivas o limitativas sobre el acceso de la persona al empleo o a su continuidad en el mismo, a la formación profesional, las retribuciones o cualquier otra materia relacionada con las condiciones de trabajo.

Las consecuencias en las mujeres trabajadoras del acoso sexual y acoso por razón de sexo son graves y algunos casos desembocan en el suicidio de la víctima. Los efectos más comunes se dan en su salud –ansiedad, depresión, dolores de cabeza, alteraciones del sueño, hipertensión, entre otros–, laborales y económicos –despidos, bajas, incluso con cambio de localidad de residencia–.

4) Acoso sexual callejero (ASC) 

Según el Observatorio Contra el Acoso-Chile (9), el ASC lo constituyen prácticas de connotación sexual ejercidas por una persona desconocida, en espacios públicos como la calle, el transporte o espacios semi-públicos –centros comerciales, transporte público, plazas–; que suelen generar malestar en la víctima. Estas acciones son unidireccionales, es decir, no son consentidas por la víctima y quien acosa no tiene interés en entablar una comunicación real con la persona acosada. Las prácticas de acoso sexual callejero son sufridas de manera sistemática, en especial por las mujeres y también por minorías con diversidad sexual, y ocurren varias veces al día desde aproximadamente los 12 años de edad, lo que genera traumatización no solo en los casos de acoso especialmente graves, sino por su recurrencia. 

Los efectos de este tipo de violencia se evidencian en acciones cotidianas de la víctima como: 

      • Cambiar los recorridos habituales por temor a reencontrarse con el o los acosadores.
      • Modificar los horarios en los que transita por el espacio público.
      • Preferir caminar en compañía de otra persona.
      • Modificar su modo de vestir buscando desincentivar el acoso.

Se consideran prácticas de ASC las siguientes: 

    • Miradas lascivas.
    • “Piropos”.
    • Silbidos, besos, bocinazos, jadeos y otros ruidos.
    • Gestos obscenos.
    • Comentarios sexuales, directos o indirectos al cuerpo.
    • Fotografías y grabaciones del cuerpo, no consentidas y con connotación sexual.
    • Tocamientos, agarrones, manoseos.
    • Persecución y arrinconamiento.

5) Abuso sexual 

El abuso sexual (10) es una forma de violencia sexual determinada por la experiencia que se ejerce en la víctima, en su cuerpo y sus sentimientos, aunque no se ejerza directamente una coacción física. En este sentido, los actos físicos no siempre son los aspectos más dañinos del abuso sexual. El abuso sexual se determina también por la intimidación, la extorsión y las amenazas. Como ya se indicó, el actual proyecto de Ley de Garantía Integral de la Libertad Sexual del Gobierno de España propone eliminar la distinción entre abuso y agresión sexual, reagrupando estos supuestos como agresiones de diversa gravedad y eliminando cotradicciones (véase el epígrafe 4.1). En otras tipificaciones, los abusos pueden ser: 

    • Con contacto físico: penetración vaginal, anal u oral, penetración digital o con objetos, tocamientos, caricias, toques, manoseos. 
    • Sin contacto físico: palabras soeces, proposiciones indecentes y proposiciones verbales explícitas, exposición del cuerpo, masturbación, pornografía.

Las siguientes características permiten establecer que una situación de violencia sexual se conforma como abuso sexual: 

    • Cuando se utiliza un niño, niña, adolescente o cualquier persona que no tiene la capacidad suficiente para comprender que el acto sexual en el que participa es inapropiado, ni anticipar todas las posibles consecuencias que tendrá dicha actividad y/o decidir libremente si participa o no en dicha actividad. 
    • Cuando se utiliza o participa un niño, niña, adolescente o cualquier persona que no tiene la capacidad suficiente en una actividad que sólo tiene como fin la estimulación, la excitación o la satisfacción sexual de una persona(s) que es mayor de edad, tiene más fuerza, más madurez sexual (tanto física como psicológica y social), más poder o autoridad y/o más experiencia, información o conocimiento sobre lo que está ocurriendo y sus consecuencias.

Para el abuso sexual en la infancia, la Organización Mundial de la Salud (OMS) propone la siguiente clasificación (11): 

    • Abuso sexual abierto: es aquel que se da de manera abierta y directamente sexual. Aunque puede existir la intención de ocultar la parte abusiva del abuso, no se busca ocultar la parte sexual. Un ejemplo de esto es cuando un adulto se introduce dentro de la cama de un menor y toca sus genitales, sin hacer el menor esfuerzo por ocultar que un contacto sexual se está llevando a cabo. 
    • Abuso sexual cerrado: es mucho más discreto y por lo tanto más difícil de identificar, ya que el contenido sexual del acto es lo que se busca esconder y no lo violento del hecho. El abusador actúa como si no estuviera ocurriendo una actividad sexual cuando en el fondo, evidentemente se está llevando a cabo un acto sexual. La traición y la mentira son dobles: el o la menor está siendo sexualizado, pero es engañado para que no lo viva de esa manera. Es la deshonestidad la que permite que el incesto cerrado sea más difícil de descubrir. La víctima termina por creer que el evento no fue sexual, sino sólo agresivo e incómodo y por lo tanto, no es consciente de los sentimientos negativos del abuso, aunque estén ahí.

El abuso sexual, tanto en menores como en personas con la voluntad mermada o adultas, puede darse de una o varias de estas maneras: 

    • Abusos cometidos cuando la otra persona está dormida. Este abuso se suele dar principalmente dentro de la pareja, o entre amistades. Cuando se está en pareja, algunas conductas se naturalizan y se convierten en algo cotidiano, pero consisten en abusos sexuales que perjudican no sólo la salud, sino a la integridad de la persona. 
    • Abusos verbales o emocionales con contenido sexual. Cuando el menor es llamado con groserías insinuando que tiene vida sexual.
    • Abusos sexuales facilitados por las drogas o cuando se ha inducido el uso de drogas para perpetrar la violencia. El alcohol sigue siendo una de las sustancias más empleadas, aunque se incluyen además drogas, medicamentos o algún sedante. Actualmente se emplean sustancias como el GHB o la burundanga que anulan o merman la voluntad de las víctimas (12).
    • Aprovechar el estado de embriaguez o provocar que la capacidad de consentir o reaccionar de la otra persona se vea limitada o anulada.
    • Chantaje emocional, que puede ir desde la clásica “prueba de amor” hasta el “¿ya no me quieres?” y que se consideran también abuso, debido a que muchas veces la víctima no se siente preparada o no tiene el deseo sexual suficiente. 
    • Exigir, presionar, obligar a la víctima a vestirse de manera provocativa. En ocasiones, cuando una persona está obligada a vestirse de cierta manera, se puede sentir avergonzada o bien empezar a despreciar su propio cuerpo. 
    • Exhibicionismo, exponer los genitales con fines de placer sexual. Masturbarse delante de la víctima, o frente a un menor, o tener relaciones sexuales enfrente de la víctima. 
    • Fotografiar/filmar (sin consentimiento o con consentimiento viciado) con fines sexuales. 
    • Mostrar o exhibir material pornográfico. En el caso de menores, puede ser común que el abusador enseñe pornografía entre adultos y niños/as a un menor, con el objetivo de que este último se identifique con el niño/a en el contacto sexual y así, convencerle de que se trata de algo normal o algo natural. 
    • Penetraciones de índole sexual, como la introducción en el ano o vagina de los dedos, algún objeto o el pene, incluyendo en este último caso la penetración en la boca. 
    • Presenciar cómo otro u otros abusan sexualmente de alguien. 
    • Presionar, obligar, coaccionar a otra persona para que sea prostituida o participe en pornografía. En el caso de menores, la industria de la pederastia y de la explotación sexual infantil es tan grande, tan poderosa y tan rentable, que evita que se empatice con el dolor de la víctima y con todo el sufrimiento que esta actividad implica.
    • Propiciar o fomentar que un o una menor o persona con capacidades mermadas participe en actos sexuales con animales.
    • Stealthing: se trata de una práctica en la cual una de las personas implicadas en la relación (generalmente un varón) retira de forma voluntaria el preservativo que estaba utilizando en el coito sin que su pareja sexual se entere o no haya dado su consentimiento para una relación sin protección. De este modo, se está vulnerando la libertad sexual del sujeto y se le pone en riesgo (13).
    • Tocamientos sexuales, besos con contenido sexual y/o violentar para que se realicen tocamientos u otras acciones de carácter sexual al abusador. 
    • Voyeurismo: implica espiar a otras/os para obtener gratificación sexual. El voyeurista normalmente se masturba mientras observa la intimidad de la víctima, o guarda en la memoria lo que está observando para después utilizarlo como fantasía masturbatoria. 

6) Agresión sexual 

El delito de agresión sexual es un atentado contra la libertad sexual de otra persona usando la violencia o la intimidación. Incluye los actos definidos dentro del apartado anterior sobre abusos sexuales, con el agravante del uso de la intimidación coercitiva (sobre la crítica a esta distinción, véase el epígrafe 4.1).

7) Violación 

La violación es la máxima intensidad de una agresión sexual y se lleva a cabo con la penetración del miembro sexual masculino por tres vías: vaginal, anal o bucal, o por la introducción de miembros corporales u objetos por vía vaginal o anal, y siempre con violencia o intimidación. 

8) Presión y negligencia sexual 

En la mayor parte de los casos la iniciación sexual forzada, o sea, la imposición para mantener relaciones sexuales, se hace mediante chantaje emocional (enfados, reproches, culpas), y esta presión sexual se refleja en el mantenimiento de relaciones sexuales de riesgo, como por ejemplo, no querer usar preservativos (14). Las prácticas sexuales violentas actualmente están adquiriendo un carácter protagonista en los comportamientos de la juventud, ya que consume pornografía a edades cada vez más tempranas, lo que sumado a la falta de madurez y de referencias alternativas sobre sexualidad, favorece que se incrementen prácticas violentas.

9) Violencia contra los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres 

En el texto Cuerpo y Derecho (15) se enumeran los derechos reproductivos: el derecho a la vida, a la salud, a la integridad física y a estar libre de violencia; a estar libre de explotación sexual; a decidir el número e intervalo de hijos; a la intimidad; a la igualdad y a la no discriminación; al matrimonio y a fundar una familia; al empleo, a la seguridad social y a la educación. Estos derechos podrían ser clasificados en dos grandes grupos: aquellos relativos a la salud sexual y reproductiva, y aquellos relativos a la autodeterminación sexual y reproductiva: 

    • Derechos relativos a la salud sexual y reproductiva: servicios de salud sexual y reproductiva integrados y comprensivos; cuidado de la salud materna; maternidad segura; tratamiento y prevención de ITS, VIH/SIDA; anticonceptivos; atención por complicaciones de aborto y en el post-aborto y calidad en atención de la salud. 
    • Derechos relativos a la autodeterminación sexual y reproductiva: unirse conyugalmente o en convivencia; tener descendencia, su número, espaciamiento y oportunidad; acceder a tratamiento en casos de infertilidad; tener relaciones sexuales; expresar libremente su sexualidad; consentir sobre la base de una educación sexual y preservar su integridad corporal (no sufrir violencia, violación, coerción, prácticas dañinas como matrimonios, esterizaciones o abortos forzados) y el derecho a una interrupción voluntaria del embarazo en condiciones de gratuidad y en el servicio público de salud. 

10) Matrimonios forzados, a edad temprana y concertados 

Este tipo de uniones matrimoniales alimentan la exclusión y la desprotección de miles de mujeres jóvenes. La mayoría de las víctimas quedan expuestas a la violencia sexual (al abuso y a relaciones sexuales forzosas) y además, tienen muchas más posibilidades de contraer enfermedades de transmisión sexual. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) (16) ha tipificado al matrimonio forzado como una forma de esclavitud moderna. 

Los matrimonios infantiles o a edad temprana son las uniones legales u habituales entre dos personas, de las cuales una o ambas están por debajo de los 18 años de edad. Sus efectos no solo comprometen la salud de la niña, sino que repercuten en lo social, lo económico y en el desarrollo de las comunidades. La prevalencia del matrimonio infantil es alta en los países más pobres y menos desarrollados. El matrimonio infantil es una violación de los derechos de la infancia, afectando y limitando su educación, lo que se traduce en desigualdad estructural para las mujeres, trastornando de este modo economía de los hogares y las comunidades. 

Son varios los determinantes que se han asociado con el matrimonio infantil y adolescente, incluyendo normas sociales y culturales, situación socioeconómica, niveles de educación y contexto de la comunidad. Hay sociedades donde los padres deciden sobre el matrimonio de sus hijas por intereses o necesidades económicas (17). 

En cuanto a los matrimonios concertados, no se pueden desligar de los factores de desigualdad social, de etnia, factores económicos y de género que afectan a las mujeres para evaluar la problemática del  “consentimiento matrimonial”. Además, en el transcurso del tiempo muchas mujeres quedan atrapadas en los matrimonios y devienen por tanto en forzados, tras ingresar en una vida marital donde se ejerce un férreo control mediante roles de género y donde se encuentran con grandes dificultades para divorciarse –por amenazas familiares sobre su persona, sobre los hijos/as, sobre miembros de su familia o por una situación de dependencia económica que les impide emprender una vida solas–. Ocurre también que los controles migratorios funcionan como instrumentos de sometimiento, condicionando por ejemplo el acceso a permisos de residencia y trabajo o derecho de reagrupación familiar, y la permanencia en el matrimonio durante un periodo mínimo de tiempo (18).

11) Esterilización forzada 

Se trata de una acción sobre la planificación reproductiva de una mujer o niña causada de manera obligada, a través de la amenaza, coacción o uso directo de violencia física, psicológica, simbólica o judicial, en el caso de procesos de incapacitación. 

En algunos casos se trata de una forma represiva de planificación familiar que implica un delito grave de violencia sexual. Además puede también ser una práctica con fines eugenésicos y de castigo a una población para impedir su reproducción. Algunos programas estatales destinados al control de la natalidad pueden también ser considerados esterilización forzada. 

12) Mutilación genital femenina (MGF)

En los últimos años, España se ha convertido en país de destino de movimientos migratorios de personas procedentes del África subsahariana. No emigran los continentes ni los colores, sino las personas y sus culturas, y esto ha supuesto descubrir realidades culturales diferentes y afrontar retos en el marco de complejos procesos de aculturación e integración social. En aún muchos países, la MGF es una práctica habitual en el contexto de los ritos de paso a la edad adulta y como elemento de socialización de las niñas. Existe un entramado de creencias patriarcales, tradiciones y gerontocracias que perpetúan estas intervenciones contra la integridad física de las mujeres y las niñas y que constituyen una forma de violencia sexual extrema. 

Se pueden distinguir cuatro tipologías principales (19) de MGF, según la severidad de la intervención practicada:

  • Tipo 1: este procedimiento, denominado a menudo clitoridectomía, radica en la resección parcial o total del clítoris (órgano pequeño, sensible y eréctil de los genitales femeninos) y, en casos muy infrecuentes, solo del prepucio (pliegue de piel que rodea el clítoris). 
  • Tipo 2: este procedimiento, denominado a menudo excisión, consiste en la resección parcial o total del clítoris y los labios menores (pliegues internos de la vulva), con o sin excisión de los labios mayores (pliegues cutáneos externos de la vulva). 
  • Tipo 3: este procedimiento, designado a menudo infibulación, consiste en un estrechamiento de la abertura vaginal, que se sella procediendo a cortar y recolocar los labios menores o mayores, a veces cosiéndolos, con o sin resección del clítoris (clitoridectomía). 
  • Tipo 4: todos los demás procedimientos lesivos de los genitales externos con fines no médicos, tales como la perforación, incisión, raspado o cauterización de la zona genital. 

Desinfibulación designa la técnica consistente en practicar un corte para abrir la abertura vaginal sellada de una mujer previamente sometida a infibulación, lo que suele ser necesario para mejorar su estado de salud y bienestar, y para hacer posible el coito o facilitar el parto.

13) Trata con fines de explotación sexual y prostitución 

La trata con fines de explotación sexual se ha convertido en la esclavitud del siglo XXI, afectando fundamentalmente a millones de mujeres, niñas y niños, siendo sus dimensiones de género indiscutibles. En este sentido, la explotación sexual del ser humano se puede producir a través de diversos mecanismos, de los que se destacan, entre otros, la pornografía, el matrimonio forzado, la esclavitud sexual, los espectáculos eróticos y sobre todo la prostitución. Esto implica que la mayor parte de la explotación sexual en el mundo es de mujeres y se produce a través de la prostitución, y quienes consumen todo tipo de explotación sexual son los hombres.

Podemos pensar en múltiples formas de violencias machistas: golpes, humillaciones, malos tratos económicos, insultos, discriminaciones, privaciones de la libertad, alejamiento de la familia, amenazas, explotación y asesinatos, pero sin lugar a dudas es en las situaciones de prostitución donde muchas de estas violencias se manifiestan juntas. Y son las mujeres, principalmente las migrantes y empobrecidas, las que más las sufren (20). 

Desde esta realidad, llama poderosamente la atención como ambas cuestiones –trata con fines de explotación sexual y prostitución – suelen ser definidas, sobre todo en instrumentos legales, desde un punto de vista ciego a las cuestiones de género (21). Esta falsa neutralidad de género está enraizada en el sistema patriarcal-capitalista y en sus razones culturales y mercantiles que naturalizan la prostitución y hacen que millones de personas (pero sobre todo mujeres y niñas) pertenecientes a los sectores más vulnerables, se conviertan en mercancías y en productos para el consumo social (22).

La presidenta de la Red Gallega contra la Trata Sexual, Silvia Pérez, define la trata de mujeres como el “chivo expiatorio” de nuestra sociedad para seguir sin afrontar el tema de la prostitución, asegurando que el hecho de que no se esté abordando este tema como violencia contra las mujeres es de por sí una perversión.

Por otra parte, la irrupción global de las políticas neoliberales de mercantilización y sus vínculos con la economía criminal, han hecho de la prostitución uno de los sectores económicos que más beneficios proporciona a escala global. La globalización neoliberal ha cambiado el rostro de la prostitución, poniendo las bases de una nueva forma de esclavitud económica (23).

13.1) La explotación sexual infantil y la trata de niños y niñas con fines de explotación sexual 

Estas violencias son las formas más extremas en que se manifiesta la violencia sexual contra menores. La trata con fines de explotación sexual y la prostitución de menores involucran la utilización de niños, niñas y adolescentes en actos de naturaleza sexual, lo que resulta extremadamente violento y vejatorio en edades tempranas. Cualquier forma de violencia sexual contra las niñas y los niños es un problema social que tiene consecuencias en su vida, en su entorno y en todos y cada uno de los contextos en los que la víctima se desarrolla. La aceptación por parte del menor de una transacción de este tipo resulta irrelevante y así lo establecen las principales normas internacionales.

Las violencias sexuales relativas a la explotación sexual infantil implican (24):

    • Recurrir a la explotación sexual infantil. 
    • Utilizar a un o una menor para actos sexuales a cambio de dinero o de la promesa de dinero, o de cualquier otra forma de remuneración, pago o ventaja, con independencia de que dicha remuneración, pago, promesa o ventaja se ofrezcan al niño, niña, o a una tercera persona. 
    • Reclutar a un o una menor para prostituirle. 
    • Favorecer la participación del o la menor en una situación de prostitución. 
    • Obligar a un o una menor a prostituirse. 
    • Beneficiarse de un o una menor explotada de otro modo para fines prostitucionales. 

14) Pornografía

En la pornografía del siglo XXI, el sexo es sólo una coartada para la violencia y a veces hasta se prescinde de esa excusa, como por ejemplo en el subgénero pornográfico de dominación, donde no hay escenas sexuales, solo hay un hombre, o varios hombres, ejerciendo infinitas formas de violencia sexual sobre mujeres (25). En este modelo propuesto por la pornografía el hombre aparece como el sujeto que tiene un deseo irreprimible y la mujer es el objeto que se va a utilizar para satisfacer el deseo; ella se presenta como algo carente de sentimientos, deseos, alguien deshumanizado; ella puede sentir dolor, miedo, angustia, indiferencia, desagrado, da igual, ya que en la pornografía el placer de las mujeres es irrelevante y el extremo final de esta deshumanización de la mujer es la violencia sexual (26).
Toda la violencia sexual representada en la pornografía no es ficticia, la soportan miles de mujeres. Testimonios de actrices porno dan cuenta de la extrema violencia en la industria (27): 

    • La actriz Corina Taylor, relata: “llegué al set de rodaje con la idea de hacer una escena de sexo vaginal hombre-mujer. Pero durante el rodaje con el actor porno él me violó por el ano. Le grité que parase y chillé que no en incontables veces, pero no paró. El dolor se volvió insoportable, yo estaba en shock y me desfallecí” 
    • La interprete Alexa James relató su primer rodaje: “Me sujetó y me la metió sin lubricante, desgarrándome la vagina. Cuando empecé a desgarrarme y a llorar me dio la vuelta para que no se me viera llorando en cámara, me tiró del pelo y me ahogó una y otra vez, incluso habiéndole dicho que me dolía y que apenas podía respirar”. 
    • Y la histórica y ya fallecida actriz Linda Susan Boreman, conocida como Linda Lovelace, y protagonista de icónica la película “Garganta profunda” contó que su iniciación en el porno fue una violación grupal por cinco hombres: “Abrían mis piernas a su gusto, moviendo sus cosas sobre mí y dentro de mí, estaban jugando con mi cuerpo. Nunca me he sentido tan asustada, desgraciada y humillada en mi vida. Me sentí basura” (28).
14.1) Pornografía infantil 

La pornografía infantil consiste en la utilización de niños y niñas en representaciones explícitas, reales o simuladas; o en cualquier representación de las partes genitales de un o una menor, con fines primordialmente sexuales. Estos materiales cosifican a la infancia reduciéndola a la categoría de simple mercancía y al mismo tiempo, pueden ser utilizados como un medio para manipular a otros niños, niñas y adolescentes haciéndoles creer que la participación en las prácticas sexuales representadas son situaciones normales e incluso divertidas (29). 

15) Turismo de explotación sexual 

Esta modalidad de turismo se refiere a aquellos viajes que tienen por meta principal mantener relaciones sexuales con personas prostituidas (sean hombres o mujeres; mayores de edad o menores). Constituye una categoría que incluye otros fenómenos, como la trata, la explotación sexual infantil o el sexo venal consentido. Este tipo de turismo ha sido objeto de creciente atención en los estudios sobre el tema: la mayoría de los autores se ocupan de su expansión en el Sudeste asiático, con Tailandia como mascarón de proa. Para un grupo de investigadores el mal llamado “turismo sexual” refleja, ante todo, una estrategia de desarrollo económico neoliberal favorecida por los gobiernos locales y agencias económicas internacionales, mientras que otros análisis enfatizan que constituye una nueva forma de dominación simbólica del Norte sobre el Sur, de Occidente sobre Oriente (30).

16) Exhibicionismo 

Consiste en la exhibición obscena de los genitales ante menores o personas con discapacidad (31). El exhibicionismo se caracteriza por conseguir la excitación sexual a través dichas exposiciones, en general ante una persona extraña y desprevenida, y puede implicar además un deseo potente de ser observado por los demás durante el acto sexual (32). 

17) Provocación sexual 

La provocación sexual (33) consiste en los comportamientos de adultos que tratan de involucrar a menores en prácticas sexuales inadecuadas para su edad. Implica incitar, inducir o estimular a alguien a que ejecute algo con contenido sexual, intentando provocar o estimular el deseo. 

18) Cibercriminalidad 

La ciberdelincuencia se ha convertido actualmente, y de un modo escandaloso, en un fenómeno global y multidisciplinar (34). La sensación de distancia segura, el anonimato y la creencia de que lo que pasa en línea se queda en la red y no trasciende al mundo real son factores que contribuyen a que los jóvenes hagan un uso inadecuado y arriesgado de internet, y aunque a mayor edad se experimenta una mayor conciencia sobre los peligros, paradójicamente, aumentan las conductas de riesgo en la red (como relacionarse con desconocidos, intercambiar información personal o concertar encuentros cara a cara).

Aunque los chicos son susceptibles de sufrir este tipo de violencia –son más propensos a asumir riesgos en la red, tienen una actitud más abierta, encuentran más divertido que las chicas relacionarse con extraños en línea y lo hacen más a menudo–, las chicas corren más riesgo de recibir solicitudes sexuales en línea por parte de adultos.

Aunque todos los menores son un grupo de riesgo, es importante señalar que tienen especial vulnerabilidad las y los homosexuales, bisexuales o transexuales, ya que emplean las tecnologías para explorar su sexualidad, dado el poco apoyo que reciben en general de la familia, escuela y sociedad en general (35). 

Entre las formas de cibercriminalidad sexual más frecuentes están: 

    • Ciberacoso sexual, consistente en una forma de victimización en la que el agresor, menor o adulto, emplea técnicas agresivas, coercitivas e intimidatorias para conseguir lo que desea (que suelen ser imágenes íntimas o implicar al menor en alguna actividad sexual). 
    • Ciberabuso sexual, que se da cuando las técnicas empleadas son amistosas, de acercamiento seductor y establecen un vínculo emocional entre víctima y agresor. 
    • Grooming: es la estrategia de seducción por parte de una persona adulta o un adolescente significativamente mayor, para preparar a una víctima menor y luego hacerle una solicitud sexual física. Se pueden distinguir dos tipos principales de objetivos victimales de quienes practican el grooming: las víctimas arriesgadas, desinhibidas, seguras de sí mismas y que mantienen el secreto del abuso por su «aparente» complicidad en la dinámica. Y las víctimas vulnerables, que son quienes tienen una gran necesidad de atención y afecto por culpa de su baja autoestima y soledad, y que además pueden pertenecer a ambientes familiares conflictivos o tienen mala relación con sus progenitores. Normalmente, los groomers se hacen pasar por menores de edad para poder contactar con menores y así ganarse su confianza y lograr que les envíen fotos o videos comprometidos (de desnudos o actitudes sexuales explícitas) para luego manipularles amenazando con revelarlos públicamente. De este modo consiguen un abuso sexual en la realidad, o sea, fuera del espacio virtual (36). Los comportamientos sin contacto real son conceptualizados como: online grooming, solliciting, corrupción, exhibicionismo o producción de pornografía infantil (37). 
    • Online grooming: es la preparación, usando Internet, para engañar, forzar o presionar a una persona menor a hacer algo sexual, como enviar un video o una imagen desnuda de sí mismo/a.
    • Solliciting: son las solicitudes online de actos o de imágenes de contenido sexual a adolescentes y niños por parte de adultos. 
    • Corrupción: implica la manipulación en línea de personas menores o con discapacidad, por parte del autor del delito, quien hace participar a la víctima de forma prematura u obscena en actos de naturaleza sexual. Estas prácticas maliciosas y sin escrúpulo no solo conducen a la trivialización de los crímenes cometidos, sino que además eliminan tabúes (junto con la pronografía), animando a promover la pederastia.
    • Producción de pornografía infantil: consiste en la creación y posterior distribución de materiales pornográficos, elaborados utilizando a menores. Internet ofrece al delincuente un campo operativo mayor, de modo que la pornografía infantil ha pasado de ser una actividad casi residual a adquirir una innegable relevancia, lo que implica la explotación sexual de niñas y niños a nivel mundial. Abarca desde la exhibición de sus cuerpos hasta la violación y la tortura. 
    • Exhibicionismo en la red: es la práctica consistente en exponer los genitales o escenas sexuales donde interviene el agresor virtual, a terceras personas, mujeres o menores en la mayoría de las ocasiones. La violencia es ejercida sobre todo porque dicha exhibición se hace en general de manera sorpresiva.
    • Sextorsión o extorsión sexual: implica la amenaza de revelar información íntima sobre una víctima a no ser que esta pague al extorsionista. Puede incluir mensajes de texto sexuales (en inglés conocidos como sexts), fotos íntimas o vídeos. Los acosadores pueden pedir dinero o material más comprometedor. La gran mayoría de víctimas son adolescentes y mujeres, aunque los hombres adultos no quedan exentos. La difusión en la red de imágenes, vídeos y secretos de la vida íntima de la víctima suele cronificar el proceso de victimización y dificultar considerablemente su recuperación.
    • Porno de la venganza, porno vengativo o pornografía vengativa: consiste en la difusión, sin el consentimiento de la persona que aparece representada y por lo tanto no consentida por la misma, de imágenes privadas, generalmente con contenido sexual explícito o sugerente y que fueron tomadas dentro de un ámbito privado. Corrientemente se trata de un medio para humillar a una expareja. 

19) Violencia sexual sobre personas protegidas 

Durante los períodos históricos en los que se imponen regímenes autoritarios y, sobre todo, cuando se despliegan dispositivos represivos concentracionarios, la violencia institucional o semi-institucional hacia las mujeres tiende a exacerbarse hasta alcanzar dimensiones extremas. Los modos en los que las mujeres son tratadas en centros de detención, especialmente cuando se trata de centros encubiertos, abarcan formas variadas de violencias, incluyendo repertorios de violencia sexual como modo de incrementar la opresión (38). 

Entre las diferentes formas de violencia sexual a las que las mujeres detenidas pueden llegar a ser sometidas, principalmente en escenarios de clandestinidad, son las siguientes: 

    • Los ataques verbales: insultos, bromas, burlas y designaciones impropias, expresiones obscenas, comentarios y tonos lascivos que convierten al cuerpo en objeto.
    • La desnudez forzada, requisas vejatorias, posturas y tratos humillantes, manoseos y otras formas de arbitrariedad sobre el cuerpo. 
    • Las amenazas de violencia sexual y/o amenazas referidas al destino de sus hijos o hijas, o de sus embarazos.
    • El sometimiento a formas de esclavitud sexual, violación, abusos y aplicación de martirios en órganos sexuales. 
    • Los embarazos no deseados, la incitación al parto, los abortos provocados por los suplicios, y la separación y apropiación de los hijos e hijas. 

20) Violencia sexual durante conflictos armados 

La violencia sexual relacionada con los conflictos abarca las violaciones, la esclavitud sexual, la explotación sexual, los embarazos forzados, la esterilización forzada y cualquier otro acto de grave violencia sexual contra personas que tienen una vinculación directa o indirecta con el conflicto. Es un método de guerra deliberado y planificado que busca humillar, degradar y destruir el tejido social del “enemigo” y que afecta también a hombres, niñas y niños, aunque se dirige, mayoritariamente, contra las mujeres.

Desde la leyenda del rapto de las sabinas en los orígenes de la Roma antigua, hasta las violaciones masivas de mujeres alemanas por parte del Ejército soviético o el fenómeno de las “mujeres confort” –esclavas sexuales al servicio del Ejército japonés durante la Segunda Guerra Mundial–, la historia está plagada de episodios de violencia sexual organizada en contextos bélicos. En los conflictos del siglo XXI se continúan cometiendo actos de violencia sexual. A pesar de ser difíciles de cuantificar, dada la invisibilización del fenómeno, numerosos estudios han demostrado que todos los actores de un conflicto, ya sean fuerzas armadas estatales, grupos armados no estatales o fuerzas multinacionales, han cometido actos de violencia sexual (39).

21) Violencia sexual institucional 

En los análisis sobre las violencias hacia las mujeres los personajes habituales suelen ser las mujeres y sus agresores, si bien el Estado y sus autoridades y agentes pueden ser además responsables, directa o indirectamente. Esta dimensión institucional de las violencias contra las mujeres es uno de los aspectos que la perspectiva feminista ha incorporado al análisis, visibilizando que el Estado puede ser también un agente que comete una violencia institucionalizada, no solo porque a través de sus agentes se realicen actos de violencias, sino además por su responsabilidad en la prevención, sanción y erradicación de las mismas. La violencia institucional en los casos de violencia sexual se materializa en una triple dirección: que ni siquiera el ordenamiento jurídico aplicable reconozca alguna forma de violencia sexual, la desconfianza de las mujeres hacia el sistema y la culpabilización de las denunciantes.

Así, es posible la falta de reconocimiento penal de la forma de violencia sufrida, y por tanto serán inexistentes las políticas públicas adecuadas para la prevención y la atención de las víctimas. En segundo lugar, en muchos casos las encuestas demuestran la falta de confianza de las mujeres en el sistema judicial y penal. Eso contribuye a la desatención del Estado respecto a las víctimas, tanto en lo psicosocial como en sus necesidades económicas. En tercer lugar, se considera una forma de violencia institucional la experiencia de culpabilización de las víctimas, cuando son atendidas en las instancias judiciales de modo inadecuado.

B) Relación entre victimario y víctima 

Según cita el psicólogo Juan Armando Corbin, un estudio de Maston y Klaus (40) en los Estados Unidos de América, publicado en 2005, afirmaba que el 73% de las víctimas adultas tienen algún tipo de relación con sus agresores, el 38% eran personas con las que mantenían amistad, el 28% eran su pareja y 7% eran sus familiares. En el caso de los menores la realidad es aún más preocupante, pues el 90% de las víctimas conocía a sus agresores. 

Las memorias de los Servicios y Oficinas de Atención a las Víctimas (S/OAV) confirman que la gran mayoría de autores tenía algún tipo de relación con la víctima: así, en la del SAVA de Granada de 2008 consta que el autor solo fue persona desconocida en el 4% de los casos; más del 75% fueron cónyuges y excónyuges, parejas y exparejas (Daza, 2016, p. 412); en la memoria general del SAV Andaluz de 2017 consta que eran completamente desconocidos solo el 3,93% de los autores (41). 

1) Violencia sexual ejercida por conocidos 

Este tipo de violencia sexual se caracteriza porque quien ejerce es una persona del entorno (la pareja o expareja, un amigo, una cita, un familiar, un compañero del ámbito laboral o del ámbito educativo, o alguien cercano a la víctima).
Dentro de las relaciones de pareja, la violencia sexual infligida está generalmente acompañada de violencia física, emocional y/o económica (negación del dinero para el sustento).
La violencia sexual intrafamiliar es la que en general se extiende más en el tiempo, ya que la víctima se suele sentir avergonzada o atemorizada y por este motivo tarda en manifestar la violencia, o en muchos casos no se pronuncia nunca. 

2) Violencia sexual ejercida por desconocidos 

Algunas personas son agredidas sexualmente sin que exista un contacto previo con el agresor. En este caso en el que la víctima no conoce al agresor, puede darse que el atacante(s) elige una víctima casi al azar o que el atacante actúa por mandato o presión de otra persona: por ejemplo, en el ritual de iniciación de una pandilla. 

Este supuesto de victimario(s) desconocidos se puede dar en la trata y explotación sexual, violencias en conflictos de guerra, ciberviolencias, acoso sexual callejero, violaciones de los derechos sexuales y reproductivos, violencias sobre personas tuteladas o protegidas, mutilación genital femenina y violencias sexuales en espacios públicos y semipúblicos (como en el acoso sexual callejero y en los mediáticos casos de violaciones grupales denominados “de las manadas”). 

C) Ámbito donde se produce la violencia sexual 

Es complejo determinar una tipología de los espacios ambientales asociados a la violencia sexual, dada las diversas formas que esta violencia adopta, y por lo tanto los numerosos contextos en los que se manifiesta. En concordancia con las tipologías realizadas en este marco conceptual, los ámbitos en los que se ejercen esas violencias sexuales son: 

  • Espacio privado: ámbito familiar y ámbito laboral. 
  • Espacio público: ámbito institucional, ámbito escolar, ámbito comunitario.
  • Ciberespacio.

D) Circunstancias y características de la víctima(s)

1) Violencia sexual a hombres

Los mitos culturales asociados a la socialización de género y a un modelo perverso de masculinidad han creado la falsa creencia de que los hombres siempre quieren tener relaciones sexuales y que por lo tanto nunca rechazarían un encuentro sexual, y en este sentido se aceptan socialmente que las experiencias sexuales tempranas se supongan como “normales” en la vida de un joven. La realidad es que los hombres experimentan violencia sexual en índices más altos de los que se cree o se denuncia, y a menudo esas violencias ocurren antes de los 18 años de edad y la víctima conoce a su agresor.

Los hombres pueden ser abusados sexualmente de niños y violados en la adultez experimentando síntomas similares a los de las mujeres después de la agresión, por lo que es fundamental que reciban una atención integral después de sufrir algún tipo de violencia sexual.

2) Violencia sexual a mujeres

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera violencia sexual cualquier acto dirigido contra la sexualidad de una persona y comprende situaciones como tocamientos, roces, agresiones, acoso sexual callejero, exhibicionismo o violaciones. Se trata de una de las manifestaciones de la violencia de género más extendida e invisible, que afecta a las mujeres a lo largo de todo su ciclo vital, tanto en el espacio público como en sus relaciones íntimas: una de cada 3 mujeres ha vivido situaciones de violencia física y sexual en todas las regiones del mundo, incluida Europa Occidental (42). 

3) Violencia sexual a grupos con diversidades sexuales 

Las violencias sexuales basadas en prejuicios constituyen justificaciones de reacciones negativas y de odio frente a expresiones de orientaciones sexuales o identidades no normativas, dirigidas hacia grupos sociales específicos, tales como las personas LGBTI. Requieren, además, de un contexto, una complicidad social, por su gran impacto simbólico. Muchas manifestaciones de estas violencias están basadas en el deseo del perpetrador de “castigar” o “borrar” dichas identidades (comportamientos o cuerpos) enviando un mensaje de terror que se extiende a quienes, más allá de la víctima particular, se identifican con las características de las víctimas que sufrieron el ataque (43): un ejemplo serían las violaciones correctivas de lesbianas en Sudáfrica. 

4) Violencia sexual a menores: Niños, Niñas y Adolescentes (NNA) 

La violencia sexual en menores de edad es uno de los tipos de maltrato infantil con peores secuelas en sus víctimas, y que usualmente coexiste con otros tipos de violencia.
El abuso sexual infantil conlleva efectos devastadores en la vida de los NNA que lo sufren, y supone la imposición de comportamientos de contenido sexual por parte de una persona (un adulto u otro menor de edad) hacia un niño o una niña, realizado en un contexto de desigualdad o asimetría de poder, habitualmente a través del engaño, la fuerza, la mentira o la manipulación. El abuso sexual infantil puede incluir contacto sexual, aunque también se puede dar en actividades sin contacto directo como el exhibicionismo, la exposición a material pornográfico, el grooming o la utilización o manipulación de menores para la producción de material visual de contenido sexual (sobre todo a través de Internet). La trata y explotación sexual infantil constituye una de las formas más extrema de violencia sexual. 

Los NNA pueden ser víctimas de violencia sexual tanto por adultos como por otros niños, niñas o adolescentes (44). El caso del contacto sexual que ocurre entre NNA puede considerarse como abusivo cuando se presenta alguna de las siguientes situaciones (45): 

    • Cuando la actividad sexual se da entre menores que no tienen una edad o nivel de desarrollo similar, como cuando existe una diferencia mayor de 3 años, o alguno es más grande y fuerte, o posee más desarrollo físico, psicológico o social. 
    • Cuando en la actividad sexual uno/a de los participantes utiliza la fuerza, la manipulación o la amenaza. 
    • Cuando la actividad sexual ocurrió en presencia o bajo la influencia de otra persona mayor, como por ejemplo cuando los NNA son forzados a realizar actividades sexuales en presencia de los adultos.
    • Cuando la actividad sexual produjo algún daño físico o malestar emocional en alguno de los participantes.

En todos los casos, independientemente de la edad, los abusadores sexuales se aprovechan de la posición de responsabilidad, confianza o poder que tienen sobre NNA para utilizarlos en actividades sexuales. 

5) Violencia sexual sobre personas con discapacidad 

Un grupo especialmente vulnerable a las violencias sexuales es el de las niñas, niños y mujeres con discapacidad. Cuanto más indefensa y desamparada sea la situación, sufren mayor vulnerabilidad y riesgos de sufrir violencias; las mujeres y niñas con discapacidad intelectual son las víctimas más atacadas en este tipo de delito. También suelen ser utilizadas como “chivo expiatorio”, culpabilizándolas.

Se han ofrecido diversas explicaciones al aumento de esta vulnerabilidad en mujeres y niñas con discapacidad (46): 

    • La dependencia de los cuidadores, que puede fomentar la sumisión a los mismos facilitando que se perpetren actos de violencia sexual. 
    • El temor a denunciar, por la posibilidad de la pérdida de los vínculos y de la provisión de cuidados. 
    • La percepción por parte de los agresores/abusadores de que se trata de personas menos poderosas, vulnerables e incapaces de revelar la violencia y acusarlos, lo que aumenta su sensación de impunidad.
    • Las dificultades de comunicación que puedan tener las víctimas, según el grado o tipo de discapacidad. 
    • La menor credibilidad que se les atribuye a la hora de denunciar hechos de este tipo ante algunos estamentos sociales. 
    • La tradicional educación de obediencia y sometimiento a indicaciones de la persona cuidadora, que es más patente en mujeres y niñas con discapacidad psíquica. 

El sentimiento erróneo de aceptación o merecimiento de una acción violenta o abusiva implica que las propias víctimas no detecten los comportamientos violentos, abusivos, denunciables y que violan sus derechos humanos. En el caso de mujeres y niñas con discapacidad intelectual, éstas suelen confiar más en desconocidos y presentan mayores dificultades para discriminar estas conductas. 

La falta de información sobre la sexualidad y las relaciones personales unida a la falta de oportunidades sociales, el aislamiento y su mayor proclividad a dar y recibir afecto, generan situaciones ambivalentes que pueden derivar en formas de violencia sexual. 

6) Violencia sexual sobre personas ancianas 

El abuso sexual y la violación de personas mayores es un tema que sigue siendo tabú, manteniéndose en gran medida sin ser denunciado. Además, en muchos casos no es detectado y por lo tanto se invisibiliza. Con el envejecimiento de nuestras sociedades es muy probable que este problema crezca dramáticamente, y en ese sentido uno de los desafíos consiste en romper con el mito de que los extraños son quienes ejercen la violencia sexual; la mayoría de las violencias sexuales se cometen por parte de miembros de la familia, parientes o personas cuidadoras. Otro mito que también mantiene estas violencias se sustenta en una actitud social que no acepta el concepto de sexualidad en la edad avanzada, y por lo tanto niega o trivializa la idea de que una mujer mayor pueda sufrir violencia sexual (47). 

7) Violencia sexual sobre personas protegidas 

Como ha analizado desde hace ya muchos años la socióloga Silvia Chejter (48), en el imaginario social, así como fundamentalmente en el judicial, se suele dar un doble mensaje que convierte a la víctima de violencia sexual en una persona altamente “sospechosa e indigna de crédito”: no sólo debe probar que ha sido agredida, sino que a diferencia de las víctimas de otros delitos, también debe probar que no provocó la situación que denuncia. 

8) Violencia sexual sobre personas especialmente vulnerables 

Existen colectivos que por su especial vulnerabilidad están más expuestos a sufrir violencia sexual, como las niñas, las jóvenes, las mujeres transexuales, mujeres mayores, migrantes (en especial aquellas en situación administrativa irregular), empleadas de hogar, mujeres con diversidad funcional o aquellas sin hogar o con drogodependencias (49). 

E) Consecuencias para la víctima(s) 

Las consecuencias de la violencia sexual dependen en gran medida del tipo de violencia y sus circunstancias. Estas consecuencias suelen ser mayores mientras más cercana afectivamente sea la persona agresora, mientras más violencia haya existido, mientras durante más tiempo haya sucedido y cuanto menos se haya creído y/o apoyado a la víctima (50). 

1) Consecuencias físicas más comunes en personas adultas 

    • Aborto (espontáneo o interrupción voluntaria del embarazo).
    • Alteraciones del sueño.
    • Desórdenes alimenticios.
    • Dolores de cabeza.
    • Dolores crónicos de origen desconocido.
    • Fístula traumática.
    • Embarazos no deseados.
    • Heridas y heridas en aéreas genitales.
    • Infecciones de transmisión sexual.
    • Infecciones urinarias frecuentes.
    • Paralización.
    • Taquicardia.
    • Temblores.
    • Tensión muscular.
    • Rasgaduras.
    • Respiración jadeante.
    • Muerte por: suicidio, complicaciones del embarazo, aborto inseguro, VIH/SIDA, asesinato durante la violación o en defensa del “honor”, infanticidio de un bebé nacido como resultado de una violación. 

2) Consecuencias físicas más comunes en niños y niñas 

    • Actitudes o actividades sexuales inadecuadas para su nivel de desarrollo.
    • Dolor de estomago o garganta frecuente.
    • Dolor en zonas genitales.
    • Fatiga extrema .
    • Infecciones del tracto urinario.
    • Picazón e inflamación genital.
    • Residuos de lubricantes en zonas genitales. 

3) Consecuencias emocionales más comunes en personas adultas 

    • Abuso de drogas.
    • Ansiedad.
    • Agresividad hacia otras personas.
    • Autoagresión.
    • Bajo rendimiento en el trabajo o el ámbito educativo.
    • Cambios de conducta.
    • Conductas o sentimientos que aparecen como si el suceso estuviera ocurriendo de nuevo.
    • Confusión.
    • Cosificación, sentimiento de ser tratadas y tratados como objetos sexuales.
    • Desánimo.
    • Depresión.
    • Desconfianza .
    • Dificultad de concentración.
    • Dificultad para conciliar o mantener el sueño.
    • Disminución del interés o de la participación en actividades cotidianas.
    • Disminución de la satisfacción sexual y menor participación en la actividad sexual.
    • Evitación persistente de los estímulos asociados con el trauma (evitar pensamientos, sentimientos o conversaciones y evitar actividades, lugares o personas que provocan el recuerdo de la violencia sexual sufrida).
    • Hipervigilancia.
    • Humillación.
    • Incapacidad para recordar algunos aspectos importantes del trauma (amnesia psicógena).
    • Incapacidad para el desempeño laboral.
    • Inseguridad e inquietud.
    • Irritabilidad o explosiones de ira.
    • Limitación de la capacidad afectiva (por ejemplo, incapacidad de enamorarse).
    • Llantos incontrolados.
    • Malestar psicológico intenso cuando la víctima se expone a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan algún aspecto de la violencia sexual.
    • Miedo.
    • Reactividad fisiológica cuando la víctima se expone a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan algún aspecto del suceso.
    • Recuerdos desagradables, recurrentes e invasores, que incluyen imágenes, pensamientos o percepciones.
    • Respuesta de alarma exagerada.
    • Restricción de la vida social.
    • Sentimiento de culpa.
    • Sensación de indefensión.
    • Sensación de falta de futuro (no confía en realizar una carrera, tener una pareja, tener una larga vida).
    • Sensación de distanciamiento o extrañeza respecto a los demás.
    • Sentimiento de impotencia y culpabilidad.
    • Sueños desagradables y recurrentes sobre la experiencia Síndrome de estrés post-traumático.
    • Temor o riesgo de que no les crean.
    • Temor o riesgo de sentirse o ser socialmente marginadas/os.
    • Tendencia a cambiarse la ropa y bañarse constantemente.
    • Tendencia al suicidio .
    • Vergüenza. 

4) Consecuencias emocionales más comunes en adolescentes 

    • Actitudes temerarias.
    • Adopción de medidas de alto riesgo.
    • Automutilaciones.
    • Consumo de drogas.
    • Deserción escolar.
    • Juegos extremos.
    • Multiplicidad de parejas sexuales.
    • Vida sexual a temprana edad o anulación de la vida sexual. 

5) Consecuencias emocionales más comunes en niños y niñas 

    • Aislamiento.
    • Conductas desafiantes, rebeldes y agresivas.
    • Conductas regresivas.
    • Conductas sexualizadas.
    • Expresiones inapropiadas de amor y afecto.
    • Indiferencia.
    • Miedo a la oscuridad.
    • Pesadillas.
    • Temor a estar en soledad con personas adultas. 

F) Intencionalidad del victimario(s) 

Aunque como ya se ha venido distinguiendo, los niños y hombres también sufren la violencia sexual, la conceptualización más común considera la violencia sexual como un acto de poder, agresión y degradación, además del componente sexual, por parte del hombre hacia la mujer. Partiendo de esta premisa, y teniendo en cuenta que muchas de estas intencionalidades se entrecruzan, las diferentes intencionalidades de las violencias sexuales podrían categorizarse de la siguiente manera: 

    • Ejercer el poder y degradar a la víctima. La violencia sexual en este caso representa la necesidad frustrada de mostrar un dominio, en cuyo caso el victimario no busca tanto la satisfacción sexual como la sumisión total de su víctima, su humillación y su degradación. Solo cuando éstas se materializan el agresor puede experimentar un estado eufórico. Se trata, pues, de una sexualización del nivel social de la agresión, ubicada centralmente en el modelo de la sociedad patriarcal.
    • Satisfacer fantasías y deseos sexuales. La sexualidad es frecuentemente malinterpretada como un supuesto derecho humano a la satisfacción sexual (que no debe confundirse con el derecho a la libertad sexual), ya que se considera comúnmente como una necesidad existencial humana, comparable con la del alimentarse, respirar o dormir. Sin embargo, la sexualidad es un apetito/deseo y no una necesidad, aunque en una sociedad patriarcal donde las personas se socializan dentro del sistema sexo/género, se atribuye a los varones una cierta necesidad biológica de satisfacción de apetitos sexuales diferente a las mujeres (a quienes se atribuye una sexualidad más limitada en intensidad y deseos). Basándose en esta falacia biologicista se siguen sustentando y hasta excusando socialmente muchas de las violencias sexuales ejercidas por los hombres.
      Por otro lado, la creciente proliferación de fácil y gratuito acceso a una pornografía cada vez más violenta, enmarcada dentro de una cultura pornificada en todos sus aspectos (y sin una educación afectivo-sexual que la contrarreste), está dando lugar a una confusión con deriva violenta entre las personas –especialmente hombres y chicos jóvenes– sobre la sexualidad, las relaciones y la satisfacción de fantasías. La pornografía violenta es además uno de los factores que explica el incremento del sexo violento grupal, ya que la juventud empieza cada vez más temprano a consumir pornografía en internet, lo que les genera una distorsión perceptiva que conduce a la cosificación de las mujeres, niñas y niños (51). 
    • Usar la violencia de manera instrumental para alcanzar otra finalidad. En los comportamientos instrumentales el victimario(s) usa a la víctima para obtener un objetivo ulterior, de modo que la víctima suele ser despersonalizada, considerándosela un objeto que se usa como medio para obtener algo, como por ejemplo causar daño a una tercera persona, obtener ganancia económica, conseguir una confesión, conservar tradiciones patriarcales y misóginas, o cumplir con mandatos fundamentalistas de índole religioso.
    • Humillar al enemigo. En los casos de guerras, las mujeres son consideradas las depositarias y reproductoras de los valores y de las tradiciones de una comunidad determinada, se las violenta sexualmente con la intención de destruir o dañar a la mujer individual y a la vez fulminar también el sentido de pureza étnica de la comunidad a la que representa; se trata de un modo de humillar al enemigo, transmitiéndoles simbólicamente el mensaje de que no han sido capaces de proteger a “sus mujeres”. 
    • Mantener la cohesión y la lealtad entre camaradas. En la socialización tradicional en la cultura militar, por ejemplo, se da la creación de una camaradería masculina que excluye otras identidades sexuales que no sean la masculina heterosexual; en esta híper-masculinización surgen comportamientos machistas extremos que pueden llevar a la violación de las mujeres (en conflicto bélicos) teniendo como uno de sus objetivos mantener la unión y la lealtad entre camaradas (52). En el caso del uso de la prostitución femenina en compañía de amigos o colegas, y también en las violencias sexuales grupales, priman los deseos de demostrar ante los iguales la pertenencia al modelo encarnado de la masculinidad hegemónica. La referencia a la masculinidad hegemónica no es otra cosa que al tipo de masculinidad que permite el mantenimiento del patriarcado, la masculinidad donde los varones deben infatigablemente demostrarse, y principalmente demostrar a sus iguales, que poseen una heterosexualidad compulsiva, y un deseo y capacidad de mantener relaciones sexuales de forma constante e imperiosa. 
    • Pertenencia a pandilla. Las pandillas constituyen una importante escuela del delito, y en esa dimensión, sus integrantes se distinguen de manera nítida de la mayor parte de los adolescentes, incluso los infractores. Para los varones, el mayor impacto de la pandilla lo constituye la ampliación de los horizontes sexuales (53), de modo que los pandilleros hacen todo lo que sea para mostrar su poder, su pertenencia y lealtad al grupo, lo que puede implicar ejercer violencias sexuales grupales de reafirmación o como rituales de iniciación.

NOTAS:

(1) Véase nota 12 del capítulo 1.

(2) BOLETÍN OFICIAL DEL ESTADO (2004). Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. https://www.boe.es/boe/dias/2004/12/29/pdfs/A42166-42197.pdf Véase también la nota 20.

(3) BOLETÍN OFICIAL DEL ESTADO (2007). Ley 1/2017, de 17 de marzo, de modificación de la Ley 16/2003, de 8 de abril, de Prevención y Protección Integral de las Mujeres Contra la Violencia de Género (Comunidad Autónoma de Canarias). https://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=BOE-A-2017-7819

(4) Artículos 138 y 139 de la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal. https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-1995-25444

(5) BOIVIN, Renaud René (2016). “Características y factores de la violencia homicida contra las minorías sexuales en la Ciudad de México”, 1995-2013. Sexualidad, Salud y Sociedad-Revista Latinoamericana, Nº 23, pp. 22-57. Disponible online en: https://www.e-publicacoes.uerj.br/index.php/SexualidadSaludySociedad/article/view/17108/17984

(6) FREGOSO, Rosa-Linda, BEJARANO, Cynthia (Eds.) et al. (2010). Terrorizing women: Feminicide in the Americas. Duke University Press. https://books.google.es/books?hl=es&lr=&id=XFZc9upBBk8C&oi=fnd&pg=PR7&dq=Terrorizing+Women:+Feminicid%20e+in+the+Americas+#v=onepage&q=Terrorizing%20Women%3A%20Feminicid%20e%20in%20the%20Americas&f=false

(7) MINISTERIO DE IGUALDAD, CCOO (2021). El acoso sexual y el acoso por razón de sexo en el ámbito laboral en España. Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género. https://violenciagenero.igualdad.gob.es/violenciaEnCifras/estudios/investigaciones/2021/pdfs/estudioacososexual1.pdf

Sobre acoso por razón de sexo, véase también: TRIBUNA FEMINISTA (2017). “Qué es el acoso por razón de sexo”. Tribuna Feminista (20-11-2017): https://tribunafeminista.elplural.com/2017/11/que-es-el-acoso-por-razon-de-sexo/

(8) MORA, Belvy (2004). “Del acoso sexista a la sexualización del acoso sexual”. Mujeres en red. El periódico feminista. https://www.mujeresenred.net/spip.php?article50

(9) OBSERVATORIO CONTRA EL ACOSO-CHILE: ¿Qué es el Acoso Sexual Callejero?: https://ocac.cl/que-es/ 

(10) VARGAS TRUJILLO. E.; RESTREPO SÁENZ, A.M (2015). “Kit PaPaz prevención del riesgo y manejo del abuso sexual en línea”. ICBF – Red PaPaz. Disponible en: https://www.redpapaz.org/aprendiendoaserpapaz/images/kitprasiversionimprimible.pdf

(11) CANALES, José Luis (2016). Tipos de abuso sexual. https://www.dado-canales.com/2016/09/10/tipos-de-abuso-sexual/

(12) El GHB (o ácido gammahidroxibutírico) a menudo se conoce con el nombre de éxtasis líquido, aunque no tiene nada que ver con el éxtasis (o MDMA) ni con otras sustancias análogas a las anfetaminas. Es un depresor del sistema nervioso central (SNC) que fue usado durante los años sesenta como anestésico. Sin embargo, el GHB fue retirado del mercado farmacéutico debido a sus efectos secundarios. Actualmente se utiliza en el tratamiento de algunas enfermedades como la narcolepsia. El GHB tiene efectos impredecibles en cada persona y por lo general son eufóricos (en dosis bajas) y sedativos (dosis altas), que hacen que esta sustancia sea sumamente peligrosa. Debido a sus características, se usa para llevar a cabo robos o agresiones sexuales, al igual que el Rohypnol o la Burundanga (escopolamina), ya que anula la voluntad de la personas y la vuelve indefensas. Véase: https://psicologiaymente.com/drogas/ghb-droga-violadores

(13) Véase: https://psicologiaymente.com/sexologia/stealthing

(14) RUIZ REPULLO, Carmen (2015). Guía para la prevención de la violencia sexual en jóvenes y adolescentes (Ayuntamiento de Granada., Concejalía de Igualdad de Oportunidades). Disponible online en: https://www.granada.org/obj.nsf/in/MIWOKPF/$file/Guia_DidacticaPrevencion_Violencia_Sexual_en_jovenes_2015.pdf

(15) CABAL, Luisa, LEMAITRE, Julieta, y ROA, Mónica (Eds.) (2001). Cuerpo y Derecho. Legislación y jurisprudencia en América Latina. (Bogotá., Temis).

(16) ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DEL TRABAJO (OIT). Trabajo forzoso, formas modernas de esclavitud y trata de seres humanos. https://www.ilo.org/global/topics/forced-labour/lang–es/index.htm

(17) MENDOZA, Luis, CLAROS, Diana, MENDOZA, Laura et alt (2016). “Matrimonio infantil: Un problema social, económico y de salud pública”. Revista chilena de obstetricia y ginecología, Vol. 81, Nº 3, pp. 254- 261. Disponible online en: https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0717-75262016000300013

(18) GONZÁLEZ, Noelia (2013). “Debates sobre la autonomía y el consentimiento en los matrimonios forzados”. Anales de la Cátedra Francisco Suárez, 47203-219. Disponible online en: https://revistaseug.ugr.es/index.php/acfs/article/view/2164

(19) KAPLAN, Adriana, TORÁN, Pere, BEDOYA, Maria Helena et alt (2006). “Las mutilaciones genitales femeninas: reflexiones para una intervención desde la atención primaria”. Atención primaria, Vol. 38, Nº2, pp. 122-126. https://core.ac.uk/download/pdf/82284544.pdf

(20) PEDERNERA, Laura (2017). “El viaje hacia la prostitución: una forma extrema de violencia de género”. Astrolabio: revista internacional de filosofía, Nº 19, pp. 323-332. https://raco.cat/index.php/Astrolabio/article/view/318906/409135

(21) CASADO, Vanessa (2011). “La trata de mujeres con fines de explotación sexual: La globalización de la violencia de género”. Logros y retos: Actas del III congreso universitario nacional Investigación y género. pp. 253-273. https://idus.us.es/xmlui/handle/11441/39463

(22) PEDRENERA, Laura, y TORRADO, Esther (2015). “La Prostitución desde la Perspectiva de la Demanda: Amarres Enunciativos para su Conceptualización”. Oñati Socio-legal Series, Vol. 5, Nº 5, pp. 1382-1400. https://opo.iisj.net/index.php/osls/article/view/662

(23) COBO Rosa (2016). “Un ensayo sociológico sobre la prostitución”. Política y Sociedad, Vol. 53, Nª 3, pp. 897-914. https://core.ac.uk/download/pdf/81230022.pdf

(24) ORJUELA, Liliana y RODRÍGUEZ, Virginia (2012). Violencia sexual contra los niños y las niñas. Abuso y explotación sexual infantil. (Save The Children España). https://www.savethechildren.es/sites/default/files/imce/docs/violencia_sexual_contra_losninosylasninas.pdf

(25) NÚÑEZ, Gabriel (2016). “El porno feroz. La misoginia como espectáculo”. El Estado Mental (23-6-2016). https://elestadomental.com/diario/el-porno-feroz

(26) ALARIO, Mónica (2018). “La influencia del imaginario de la pornografía hegemónica en la construcción del deseo sexual masculino prostituyente: un análisis de la demanda de prostitución”. Asparkía. Investigació feminista, Nº 33, 61-79. http://www.e-revistes.uji.es/index.php/asparkia/article/view/3282

(27) EL DESCONCIERTO (2019). “«El dolor se volvió insoportable y me desfallecí»: Testimonios de actrices porno dan cuenta de la extrema violencia en la industria”. https://www.eldesconcierto.cl/internacional/2019/01/04/el-dolor-se-volvio-insoportable-y-me-desfalleci-testimonios-de-actrices-porno-dan-cuenta-de-la-extrema-violencia-en-la-industria.html

(28) Garganta profunda (en inglés: Deepthroat) es una película estadounidense porno estrenada el  12 de junio de 1972, escrita y dirigida por Gerard Damiano (Jerry Gerard en créditos) y coprotagonizada por Linda Lovelace y Harry Reems. Fue exhibida en todo tipo de salas cinematográficas (no sólo salas X) y es probablemente la película pornográfica más exitosa e influyente de todos los tiempos, distribuida y producida por Columbia Pictures. Es una de las películas más rentables de la historia del cine, su presupuesto de producción fue sólo de 47 mil dólares y su recaudación está estimada en 600 millones de dólares.

(29) Véase https://www.unicef.org/paraguay/media/1871/file/guia-espacio-seguro.pdf

(30) ARAMBERRI, Julio (2005). “Nuevas andanzas de rostro pálido. Dimensiones del turismo sexual”. Política y Sociedad, Vol. 42, Nº 1, pp. 101-116. https://core.ac.uk/download/pdf/38818948.pdf

(31) Véase https://www.iberley.es/temas/delitos-exhibicionismo-46611

(32) BROWN, George R. (2019). Trastorno de exhibicionismo. (MSD). https://www.msdmanuals.com/es-es/professional/trastornos-psiqui%C3%A1tricos/sexualidad,-disforia-de-g%C3%A9nero-y-parafilias/trastorno-de-exhibicionismo

(33) Véase https://guiasjuridicas.wolterskluwer.es/Content/Documento.aspx?params=H4sIAAAAAAAEAMtMSbF1jTAAAUNjCxMTtbLUouLM_DxbIwMDCwNzAwuQQGZapUt-ckhlQaptWmJOcSoAuVNxIzUAAAA=WKE

(34) MINISTERIO DEL INTERIOR (2018). Gabinete de coordinación y estudios. Secretaría de Estado de Seguridad. Estudio sobre la cibercriminalidad en España. http://www.interior.gob.es/documents/10180/8736571/Informe+2018+sobre+la+Cibercriminalidad+en+Espa%C3%B1a.pdf/0cad792f-778e-4799-bb1f-206bd195bed2

(35) EXTREMADURA 7 DÍAS (2018). “¿Por qué aumentan los delitos sexuales cometidos a través de Internet?” (16-10-2018). http://www.extremadura7dias.com/noticia/por-que-aumentan-los-delitos-sexuales-cometidos-a-traves-de-internet

(36) Véase https://www.isep.es/actualidad/caracteristicas-comunes-de-las-victimas-de-grooming/

(37) TAMARIT, Josep (2018). “¿Son abuso sexual las interacciones sexuales en línea? Peculiaridades de la victimización sexual de menores a través de las TIC. Revista de Internet, Derecho y Política, Nº 26, pp. 30-42. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7325540

(38) ÁLVAREZ, Victoria (2019). “Además me violaron. La violencia sexual en centros clandestinos de detención durante la última dictadura militar argentina (1976-1983)”. Iberoamérica Social, Vol. 3, Número especial, pp. 58-77. https://iberoamericasocial.com/wp-content/uploads/2019/03/%C3%81lvarez-V.-2019-%E2%80%9CAdem%C3%A1s-me-violaron%E2%80%9D.-La-violencia-sexual-en-centros-clandestinos-de-detenci%C3%B3n-durante-la-%C3%BAltima-dictadura-militar-argentina-1976-1983.pdf

(39) Sobre la violencia sexual durante conflictos armados, véase: https://www.manosunidas.org/noticia/violencia-sexual-guerra-conflictos, https://fundacionmelior.org/archivado/la-violacion-como-arma-de-guerra/, https://international-review.icrc.org/sites/default/files/editorial894_final.pdf

(40) MASTON, C y KLAUS, P (2005). Criminal Victimization in the United States, 2003 statistical tables: National Crime Victimization Survey (NCJ 207811). Citado por: CORBIN, Juan Armando: “Los 13 tipos de agresión sexual (características y efectos)”. Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/forense/tipos-de-agresion-sexual

(41) JUNTA DE ANDALUCÍA (2018). Consejería de Justicia e Interior, Dirección General de Justicia Juvenil y Cooperación. Memoria Anual General del SAVA 2017, p. 7. https://www.juntadeandalucia.es/export/drupaljda/GENERAL.pdf

(42) Véase https://www.medicosdelmundo.org/actualidad-y-publicaciones/noticias/la-violencia-sexual-es-tambien-violencia-de-genero

(43) COMISIÓN INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS (2015). Violencia contra Personas Lesbianas, Gay, Bisexuales, Trans e Intersex en América. http://www.oas.org/es/cidh/informes/pdfs/violenciapersonaslgbti.pdf

(44) ACUÑA, María José (2014). “Abuso sexual en menores de edad: generalidades, consecuencias y prevención”. Med. Leg. Costa Rica, Vol. 31, Nº 1, pp. 57-69. https://www.scielo.sa.cr/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1409-00152014000100006

(45) ORJUELA, Liliana y RODRÍGUEZ, Virginia. Op. cit. Véase nota 24.

(46) MILLÁN, Sandra, SEPÚLVEDA, Ángeles, SEPÚLVEDA, Pilar y GONZÁLEZ, Beatriz: Mujeres con discapacidad y violencia sexual: guía para profesionales. (Junta de Andalucía. Consejería para la Igualdad y Bienestar Social. Dirección General de Personas con Discapacidad). https://sid.usal.es/idocs/F8/FDO20906/Violencia_sexual.pdf

(47) Véase https://contrainformacion.es/la-onu-expone-que-el-sexual-de-personas-mayores-debe-ser-expuesto-y-denunciado/

(48) CHEJTER, Silvia (1990). La voz tutelada. Violación y voyeurismo (Montevideo, Nordan). 

(49) Véase nota 41.

(50) Véase http://www.svet.gob.gt/temasdetrabajo/consecuencias-que-se-derivan-de-la-violencia-sexual

(51) BALLESTER, Lluís, ORTE, Carmen y POZO, Rosario (2018). Nova pornografia i canvis en les relacions interpersonals. Balears front Espanya. Anuari de la Joventut, 2018, 1, pp. 229-264. Disponible online en: https://www.researchgate.net/publication/328887583_Nova_pornografia_i_canvis_en_les_relacions_interpersonals_Balears_front_Espanya_Nueva_pornografia_y_cambios_en_las_relaciones_interpersonales_Baleares_frente_a_Espana

(52) VILLELLAS, María, VILLELLAS, Ana, URRUTIA, Pamela y ROYO, Josep (2017). “Violencia sexual en conflictos armados”. Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, Nº 137, pp. 57-70. https://www.fuhem.es/papeles_articulo/violencia-sexual-en-conflictos-armados/

(53) RUBIO, Mauricio (2008). “La pandilla proxeneta: violencia y prostitución juvenil en Centroamérica”. URVIO: Revista Latinoamericana de Estudios de Seguridad, Nº 4, pp. 59-71. Disponible online en: https://revistas.flacsoandes.edu.ec/urvio/article/view/59-71

Proyecto asociado a:Feminicidio.net
Proyecto de:Asociación La Sur
Con la colaboración de:

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