¿Podría existir un freestyle sin violencia sexual simbólica?

En GeoViolenciaSexual.com el estudio de la violencia sexual no se limita a la documentación de casos y análisis estadísticos. Apostamos por una conciencia crítica en el consumo de las manifestaciones de la cultura popular con la aplicación de la perspectiva feminista y, en este caso, lo ejercitamos con el freestyle.

Debía tener unos 17 años cuando fui a ese festival en el Matadero de Madrid antes de su reforma y tomé contacto directo con el freestyle por primera vez, en medio de esas naves con suelo de arena, entre conciertos, graffitis y break dancers. El recuerdo es vago pero la sensación de no saber identificar el rechazo que sentía se me quedó grabada y ahora, con las gafas moradas puestas, entiendo muchas más cosas que antes. No tenía las herramientas para identificar gran parte de lo que sentía ni los orígenes de esos sentimientos. No estaba loca, pero me faltaban lecturas, muchas.

Hace unos tres o cuatro años volví a toparme con el freestyle en redes y, con un conocimiento más profundo de la perspectiva feminista con la que miro la vida hoy, reviví aquel momento en ese festival y pensé en la cantidad de mujeres, adolescentes y niñas que se sienten atraídas por el arte del freestyle y algo sigue alejándolas a día de hoy, sin saber muy bien por qué. Esta serie de textos están escritos, entre otras, para ellas: las valientes que se suben a una tarima u ocupan el centro de una plaza y hacen poesía con la base, con voz y resiliencia de mujer, jóvenes guerreras en pleno siglo XXI. También es para ellas: las que se lo están pensando y darán el paso, inspiradas por las grandes mujeres que aquí se citan.

Y no me malinterpreten, pero esto es también un reclamo feminista de justicia social, frente a una cultura increíblemente masculinizada y que, como veremos, reproduce y justifica algunos de los peores aspectos del patriarcado, proponemos un freestyle real, realmente feminista. Pero vayamos por partes.

1. ¿Qué es el freestyle?

El freestyle tiene un origen estadounidense, vinculado a los MC o Masters of Ceremonies, que solían acompañar a los DJs rapeando e improvisando, es decir, con rimas tanto escritas como hechas en el momento. De ahí, surgieron las batallas entre MCs, popularizadas en el mainstream con películas como 8 Millas, en la que se narra la historia del rapero Eminem, encumbrado desde los escenarios en los que se organizaban las batallas de Detroit.

En las competiciones actuales de freestyle no solo se valora la rima del competidor sino que hay una serie de elementos que puntúan desde el jurado. En muchas ocasiones se menciona aquí el flow que hace referencia a la habilidad para adaptarse a la base musical que pone el DJ, pero son también fundamentales, especialmente en las competiciones más comerciales, los punchlines o líneas finales en las que se refuerza la carga del enfrentamiento y en las que recae la mayor parte de la ofensiva como competidor/a. Otra de las cosas que más se valoran es que una rima sea la respuesta a otra y se diga espontáneamente, demostrando la imposibilidad de que estuviera previamente escrita, como se sospecha de muchas rimas conocidas. Algunas competiciones, como la FMS, suman los puntos que cada juez o jueza le da a cada participante por cada rima, a la que le otorgan en las siguientes categorías: puesta en escena, flow y skills. Este último concepto valora las habilidades o técnicas líder competidor.

Por lo tanto, junto al manejo del vocabulario y la rapidez mental necesarios para improvisar, los y las freestylers profesionales son, y digámoslo sin remilgos, talento puro, capaces de construir estructuras lingüísticas que nada tienen que envidiar a muchos libros de poesía avalados por serias y prestigiosas editoriales. El freestyle es, sin duda, una nueva forma de poesía más adaptada al siglo XXI y en este artículo es considerado un arte.

Como ejemplo, una batalla que ha hecho saltar las lágrimas a más de uno y de una entre la audiencia: una leyenda como Chystemc se enfrenta con su compatriota chileno, el joven Metalingüística, en los octavos de final de la competición Leyendas del Free, que pretende aunar fuerzas entre ambas generaciones. Los dos primeros minutos de enfrentamiento son casi para enmarcar, reflejo de muchas de las cosas que son geniales de esta cultura: el profundo respeto y admiración que se tienen se refleja claramente en sus palabras. “Les voy a explicar lo que me da nostalgia: tener que ganar a mi ídolo de la infancia”, comienza diciendo Metalingüística. A lo que Chystemc responde: “Siempre en el escenario yo me siento a gusto. Yo rapeo en el arbusto. Tengo que matar a mi ídolo de adulto”. La cara de ilusión de Meta y el abrazo en el que se funden es maravilloso. Dejemos de lado, eso sí, que cuando Meta dice “ganar a mi ídolo”, Chyste responde con “matar”, una introducción a la normalización del lenguaje violento que tiene lugar en el freestyle y que más adelante veremos en profundidad. Aunque es de resaltar, por otro lado, su referencia explícita a la no violencia: “Tengo pensamientos pero sin violencia porque desvío la esencia del Hip Hop”.

Para quienes siguen sin saber apreciar el talento que requiere improvisar a este nivel, ponemos a continuación un ejemplo subtitulado de uno de los mejores minutos del freestyler español Santi, resaltando la estructura de la rima, momentos que se atesoran en las redes como referencias de su audiencia y cuyo poder mediático no puede menospreciarse. Puede ser uno de los alegatos más efectivos en favor de la lectura que se ha hecho en años, a pesar de algunas referencias que podrían considerarse clasistas, como se puede ver en el vídeo:

2. ¿En qué situación se encuentra el freestyle hoy?

Tras décadas de batallas en las calles, las competiciones internacionales tomaron el freestyle y el vínculo idiomático entre España y América Latina creó la base necesaria para que se desarrollara el monstruo comercial en el que se ha convertido (o se está convirtiendo) hoy en día.

Por un lado, las grandes marcas han tomado las competiciones más seguidas en redes, con la convocatoria de varias ligas nacionales e internacionales en las que juega un papel fundamental el nivel de fama de los competidores. Marcas de ropa deportiva o bebidas energéticas montan escenarios espectaculares para decenas de miles de personas en el público y patrocinan a alguno de los participantes. Esta comercialización no es un factor baladí, teniendo en cuenta la propuesta de freestyle feminista que aquí planteamos. Primero, porque la entrega del arte a la lógica del mercado enciende siempre una luz roja que, por desgracia, no preocupa tanto como lo han hecho a veces las críticas del movimiento feminista a algunas rimas cuando menos desafortunadas. Y segundo, porque una vez instauradas como organizadoras del evento, son marcas a las que se puede contactar para que incorporen reglas o incluso información con perspectiva feminista en sus competencias para evitar convertirse en plataformas que normalizan y justifican la violencia contra las mujeres, con lo que esto afecta a su imagen corporativa.

Dicho esto, la característica que más preocupa del freestyle hoy es lo masculinizada que está la escena. Muy pocas mujeres se han subido y se suben a las tarimas de estas competiciones internacionales y, a medida que se baja de rango, las competiciones de calle tampoco suelen dejar paso a muchas más mujeres entre las participantes, que suponen un porcentaje muy bajo. En España, se ha popularizado la participación en los últimos años de la canaria Sara Socas, a la que han situado además como referente feminista. Y digo “la han” situado porque, a falta de muchas más mujeres que defiendan también las tesis del movimiento feminista en una tarima, Sara es el referente. Una posición también muy injusta para con ella puesto que no tiene la posibilidad, como muchos otros freestylers, de forjarse una identidad más allá de sus posicionamientos políticos como feminista: la etiqueta ya la tiene puesta y para muchos no es algo positivo.

Sara Socas (Minuto 8’05’’):
“Yo lo siento, que nos discriminen
a mí me la suda lo que la gente opine
a mí me la suda los que nos oprimen
porque no hay pibas en el panorama que así rimen.
Y lo siento por decirlo,
todas son invitadas para agarrar el micro
invitadas pa’ matar al enemigo
y demostrar que nosotras también podemos tener invictos
[…]
Espérate porque comienza mi carrera
Yo no lucho para ser la primera
Yo solo luché por ser la pionera
y que pudieran aparecer en la escena más raperas.
Eso es lo que hago, es a lo que me dedico,
en cuanto haya mil yo dejaré el micro.
Entonces yo no me voy a matar la cabeza
Dentro del feminismo como en el freestyle es Piezas,
un referente, dentro de los jurados,
cumpliendo lo prometido el cometido se ha marcado”

Esta característica de lo masculinizada que está la cultura, vive hoy su momento más crítico con el surgimiento de grandes competidoras como la misma Socas (ESP), Saga (ARG), Marithea (COL), Roma (ARG) o Ámbar (CHI), y de competiciones 100% femeninas como la Triple F, en el Centro Cultural Recoleta de Buenos Aires (Argentina). Anteriormente a ellas, valientes como Zakia (PER) –primera mujer en la Red Bull peruana– o La Joaqui (ARG) se enfrentaron a un contexto aún más hostil, agravado por sus polémicos enfrentamientos con sus exparejas en las competiciones, un factor utilizado por los organizadores que, por suerte, no se ha magnificado. Un ejemplo de la ya mencionada Joaqui, que se enfrentó a su expareja, el aún hoy competidor de la liga argentina, Papo, en 2014:

Este ejemplo sirve, pero casi podríamos coger al azar cualquier recopilación de la red para encontrar más de un ejemplo de otra de las características fundamentales de la cultura y que creo que es la que más aleja a una gran parte de las mujeres interesadas: la cultura de la violación permea el freestyle desde la plaza hasta la final internacional de cualquier competición. Cuando retomé el contacto con la escena hace unos años me di cuenta de lo normalizada que está la utilización de términos como “violada” o “follada” para referirse no solo a victorias, sino a las victorias que consideran más humillantes. De ahí que muchas personas dentro de la cultura del freestyle, tiempo después, justificaran las palabras de Rapder (MÉX), en su batalla contra Sara Socas, cuando dijo “El violador soy yo”; en referencia a la performance ‘Un violador en tu camino’, del colectivo Lastesis, que se reprodujo en centenares de ciudades del mundo.

No he visto un gran ejercicio de autocrítica en la cultura del rap y en particular en el freestyle sobre la violencia sexual simbólica y es algo en lo que se podría trabajar: permitir analizar el freestyle desde fuera de su propia burbuja no solo permite realizar críticas constructivas que mejoren el entorno en el que se desarrolla, sino que puede además servir de conexión con otra realidad que tampoco les debe ser ajena, como parte de la sociedad. Dejamos aquí esta pincelada de algo mucho más profundo y volveremos a este debate en próximas entregas.

Es inspirador, por otra parte, ver cómo se producen momentos como el que tuvo lugar en la DEM Triplice en 2019, con tres mujeres (KMC, Cromantis y Dionisia) enfrentándose a tres varones (Andrépohermano, Bigblack y Nazho). Ya empezando la batalla, Nazho suelta la rima: “A Gabriela y a Frida las respetaba cualquiera y no andaban mostrando tetas en la Alameda”. KMC responde: “Bueno, y si las muestra ¿qué te importa, cometortas?”. Y dos rimas más tarde, sale el concepto de “doble moral”. Cromantis salta al cuello: “Es que eso no tiene sentido. ¿Sabes lo que tiene doble moral? Lo que dice tu amigo. Que al final, para mí esto es un estorbo, te molestan las tetas en la calle, pero las disfrutas en el porno”. Y se paró la batalla. Ni comentaré el autorretrato que se hace Nazho diciendo que ve tetas “en el metro, en el ghetto, cuando alumbran todas las huevonas. La diferencia es que en el porno no andan rogando respeto”. KMC lo recoge y lanza: “No te dan respeto, y tú se lo dais. Veis a una mina que es actriz porno en la vida real, ¿qué güeba, te la violáis? Hermano, aprende a respetar y después dice que es el público el que es doble moral”. Sería réplica técnica1, pero qué bonita lección se llevan a casa:

3. Características fundamentales del freestyle con perspectiva feminista

Todo esto es muy interesante pero muchas os estaréis preguntando qué hace este tipo de contenido en esta web. La respuesta es sencilla: con una teoría cada vez más sólida sobre la violencia sexual y los factores que la alimentan y normalizan –desarrollada durante décadas por centenares de expertas feministas–, nos parece fundamental llevar a la práctica estos análisis y dotar a las compañeras interesadas en esta cultura de las herramientas básicas para situarse en la escena actual y contextualizar con una perspectiva feminista. Por eso, apostamos firmemente por despertar una conciencia crítica en el consumo de las manifestaciones de la cultura popular. Y creemos que algunas de las características fundamentales del freestyle que mencionamos a continuación pueden suponer una base clave para el desarrollo de la perspectiva feminista en la cultura:

  • Respeto como pilar. En toda la cultura Hip Hop el respeto se ha considerado desde sus inicios un pilar fundamental. Vinculado especialmente al mérito en competiciones más comerciales, la perspectiva feminista se adapta perfectamente a una cultura que predica el respeto como principio fundamental.
  • Cultura general y lectura. La práctica del freestyle requiere de un conocimiento amplio de vocabulario, métricas y figuras literarias. Además, muchas competiciones presentan palabras clave o temáticas durante algunas rondas, por lo que la cultura general debe dominarse para competir al más alto nivel. Con respecto a la perspectiva feminista, esta clave sería increíblemente favorable si entre sus referentes se encontraran más mujeres feministas.
  • Coherencia. Una de las cuestiones que más se valora en el freestyle, tanto en una batalla como durante la carrera de un/a competidor/a es su coherencia: si dices ser de barrio, representa; cuando critiques algo, asegúrate de no haberlo hecho antes; si no sabes hacer algo, no presumas de ello. Puede parecer el menos relevante pero, entroncando con la intención de despertar una conciencia crítica del consumo de productos culturales que mencionábamos, es el elemento rector más potente.

En definitiva, con estos tres pilares como guía, podemos pedir que se sea coherente y se aplique el respeto con perspectiva feminista, recurriendo a las referencias culturales e intelectuales del movimiento feminista, como una parte fundamental de la cultura general del siglo XXI. Insistamos en ello.

 

1 En las competiciones de freestyle se da réplica cuando se produce un empate y los/as participantes deben volver a enfrentarse en otra ronda.

Nerea Novo Paleo

Analista de datos y redactora

Licenciada en Periodismo, ocupa la posición de analista de datos y redactora, además de representar a Feminicidio.net en foros e instancias internacionales.

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