Tiene quince años. Cada mañana, antes de ir al instituto dedica veinte minutos a su rutina de skincare. Cinco productos. TikTok le enseñó cuáles. Con sus amigas comparte retos virales y sigue a influencers que le muestran exactamente cómo debe verse, cómo debe querer, cómo debe ser.
Hay chicas en su misma aula a las que el algoritmo también bombardea con ropa, maquillaje y promesas de belleza. Pero ellas no tienen el dinero para comprarlos. Y alguien, en algún momento les hace una oferta. Una foto o un vídeo a cambio de dinero.
¿Qué sabe ella sobre el Dark romance que consume cada noche antes de dormir? ¿Sabe que el 75% de las chicas de su edad conoce OnlyFans? ¿Que un 20% de adolescentes entra en contacto con la pornografía antes de los diez años?
¿Sabe que los celos de su novio no son amor?
¿Sabe que tiene derecho a decir que no?
En Casandra News hablamos de las adolescentes atrapadas en el algoritmo. De cómo el capitalismo y el patriarcado se han dado la mano para convertirlas, al mismo tiempo, en consumidoras y en objeto de consumo. De qué está pasando en las aulas, en los móviles, en las relaciones entre chicos y chicas.
Urge escucharlas.
Un reportaje de Ana de Blas
El imperio del agrado
Carmen Ruiz Repullo[1], a quien entrevistamos en Casandra News, cuenta casos reales de niñas vulnerables que se prostituyen en Secundaria para conseguir el dinero para comprar la ropa o los productos que han visto en las mismas redes sociales que todas las demás chicas de su edad. Socióloga, investigadora y docente en la Universidad de Granada, analiza el contexto que alimenta la violencia sexual en adolescentes. A través de su experiencia y la escucha a las chicas, su diagnóstico es que “estamos en un momento de reordenación patriarcal, cuya finalidad es que las mujeres volvamos al imperio del agrado”. Esto significa que la idea del “capital sexual” –un concepto contestado por el feminismo como cosificación desde la mirada masculina– se reordena entre quién va a explotarlo y quién va a preservarlo: la distinción de siempre entre “las chicas decentes y las no decentes” se reinventa en las tendencias actuales.
La socióloga llama el “imperio del agrado” a la diversificación de la ley del agrado –las mujeres son educadas para ser complacientes– acuñada por Celia Amorós[2] y desarrollada por Amelia Valcárcel[3] en cuanto a la tiranía de la belleza. Ruiz Repullo distingue cuatro ámbitos de este imperio para las adolescentes hoy en día: el amoroso (con los relatos de amor romántico), el sexual (donde se inserta el relato de la pornografía), el doméstico (el relato de la tradwife, la esposa tradicional idealizada), y el estético (cuyo extremo deriva en cosmeticorexia).
“El algoritmo se está moviendo para que el imperio del agrado reordene lo que el feminismo ha desordenado”, el cómo deben ser la mujeres, concluye. A todas las chicas este algoritmo de las plataformas digitales las bombardea con la ropa y el maquillaje, pero no todas lo pueden comprar. Porque en este “match entre capitalismo y patriarcado”, como ella lo define, una parte de las chicas tiene que ir a la decencia, la preservación, y para ellas se ofrece un estilo de perfección y pulcritud. Incluso la limpieza total, el orden también en la casa. Pero, insiste, esto no es para todas.
La cuestión de clase y la vulnerabilidad
“La clase social no se puede olvidar de los debates feministas porque a las chicas que están en posición de mayor vulnerabilidad es a las que se coloca en el lugar de las no decentes”. Una de las formas de vulnerabilidad que estamos viendo en las aulas, sostiene, es colocar la etiqueta de “puta” o “cuatroletras” a una menor desde edades muy tempranas, porque eso ya la sitúa en posición de riesgo. Las menores etiquetadas como fáciles suelen ser de clase más desfavorecida. “Si llega alguien y les hace una oferta por fotos sexuales, las chicas que ya tienen la etiqueta de “puta” del instituto dicen: sin un duro, ¿qué tengo que perder?”, explica. Estas son formas de captación. ¿quién tiene más riesgo? La chica que tiene pocos recursos es más vulnerable para caer en redes de trata, de prostitución. Una vulnerabilidad que se acentúa respecto a las chicas amparadas en centros de menores.
“El algoritmo se está moviendo para que el imperio del agrado reordene lo que el feminismo ha desordenado”, concluye Carmen Ruiz Repullo
Según el estudio Infancia, adolescencia y bienestar digital[4], elaborado por UNICEF España y entidades públicas sobre estudiantes entre 10 y 20 años de ambos sexos, las chicas reciben significativamente más acoso sexual por parte de adultos que los chicos. La existencia de Onlyfans[5] –una plataforma proxeneta en la que el contenido es mayoritariamente imágenes sexuales o pornográficas de mujeres jóvenes– es conocida por el 75% de los adolescentes.
Cosmeticorexia y redes sociales
“Hay mucha presión social”, reconoce una de las chicas, entre 15 y 17 años, a las que hemos consultado en Casandra News sobre sus hábitos de consumo en productos de belleza y maquillaje, para indagar en la imposición estética de ese “imperio del agrado”. A sus 16 años, sigue una rutina de skincare diario –sólo dos de las consultadas dicen no hacerlo, frente a cuatro que sí, a veces o diariamente–. Además del “cuidado de la piel”, todas ellas nos explican que usan habitualmente entre uno y cinco cosméticos. El presupuesto en productos de belleza de las seis menores alcanza entre 30 y 60 euros, para las que más gastaron en los últimos doce meses. La que más tiempo ocupa habitualmente en belleza y maquillaje invierte más de 20 minutos, la mitad de ellas dicen usar entre 5 y 20 minutos.
Esta “presión social”, como ellas mismas perciben, entre chicas cada vez más jóvenes, es negocio para las marcas a costa del riesgo para las niñas. En marzo de 2024, una de las principales cadenas farmacéuticas de Suecia[6] dejó de vender productos de skincare “avanzado” para menores de 15 años. Fue una decisión de autorregulación, porque la normativa europea de cosméticos[7] no establece una edad mínima legal para la compra o uso de cosméticos en general.
Las adolescentes consultadas por Casandra News usan habitualmente entre uno y cinco cosméticos. El presupuesto en productos de belleza de las seis menores alcanza entre 30 y 60 euros, para las que más gastaron
En la actualidad, la Autoridad Italiana de la Competencia[8] investiga a las empresas Sephora y Benefit Cosmetics por promocionar de forma engañosa mascarillas, sérums y cremas antiedad entre niñas incluso de 6 y 7 años, con promociones encubiertas con jóvenes influencers, tanto online como en tienda. Etiquetas en redes sociales como #sephorakids o #sephoratweens en TikTok e Instagram reflejan cómo las marcas orientan estrategias cada vez más agresivas hacia las niñas y adolescentes.
La autoridad italiana relaciona esta práctica con el fenómeno más amplio de la “cosmeticorexia”, la “anorexia de los cosméticos”, es decir, la obsesión por la belleza y la compra compulsiva de productos de maquillaje. Advierte de riesgos psicosociales: el uso excesivo de cosméticos como vía de validación estética, que puede derivar en ansiedad si no se cumple la rutina, comparación constante con estándares irreales y baja autoestima.
El uso de las redes sociales es un hecho globalizado desde la preadolescencia. Según el citado estudio de UNICEF España, adolescentes de ambos sexos están registrados en redes de forma masiva: el 92,5% en al menos una red social y el 75,8% en tres o más. WhatsApp, YouTube, TikTok e Instagram son las plataformas más utilizadas. Las chicas presentan un comportamiento más activo en las redes, subiendo con mayor frecuencia fotos o historias, coreografías o reels o participando en retos virales. El 79,2% del alumnado de secundaria sigue a alguna persona influyente: instagramer, youtuber, tiktoker, streamer o gamer.
La “cosmeticorexia” es la “anorexia de los cosméticos”, es decir, la obsesión por la belleza y la compra compulsiva de productos de maquillaje
Con este uso temprano de las redes sociales, las niñas entran en el feroz marcaje a la autopercepción de la imagen que afecta ya a las mujeres jóvenes. Como muestra un informe del Instituto de las Mujeres[9], en España seis de cada diez contenidos publicitarios que reciben las jóvenes en redes sociales están vinculados a la moda y la belleza; un 41% tiene relación con entrenamientos y un 33,7% sobre alimentación o dietas. Una publicidad que se suma a la alta exposición a anuncios sobre operaciones estéticas: más del 70% de las jóvenes señalan entre frecuentes y ocasionales estos anuncios. El 72,2% de ellas se han visto expuestas a comentarios sobre su físico o a mensajes de contenido sexual no deseado.
Consumidora y objeto a la vez
En su libro El peaje sexual[10], la profesora de Filosofía del Derecho de la Universidad de Granada Tasia Aránguez sostiene que a las mujeres se les impone un costo desproporcionado en términos de cosificación, presión estética y subordinación para ser validadas por los hombres. En su tesis, el peaje sexual “es el precio que los hombres imponen a las mujeres para aceptarlas, una barrera machista que las reduce a objetos sexuales en lugar de tratarlas como iguales”.
Este ciclo no es nuevo. Aránguez recuerda cómo, en 1920, el año en que las mujeres estadounidenses lograron el voto, se creó el concurso Miss América, ofreciendo “la libertad de ser bella” como sustituto para su activismo. También en el contexto estadounidense, en 1963 Betty Friedan[11] analizó el ideal exaltado de la feminidad de los años 50, y más tarde Shulamith Firestone[12] o Kate Millet[13] en los años 70 desvelaron el refuerzo de los estereotipos sexistas a través de las revistas como Vogue, Glamour o Cosmopolitan. Ya en 1991, Naomi Wolf vio en El mito de la belleza[14] una forma de control que convierte a las mujeres en consumidoras y objetos a la vez, manteniéndolas en un rol subordinado. Así, para Aránguez “las imágenes omnipresentes de cuerpos jóvenes y perfectos en TikTok, Instagram y Netflix no son meras tendencias actuales, sino de una estrategia histórica que, desde las revistas de moda de los años veinte hasta la “revolución sexual” de los setenta, ha saboteado la autonomía femenina disfrazándola de empoderamiento”.
En nuestro país, Ana de Miguel dedicó un libro al Neoliberalismo sexual[15] en 2015, ahondando en la crítica feminista a las trampas de la sexualización de las mujeres y el mito de la libre elección. “Para ellas el culto a la imagen, al cotilleo y al amor romántico. Para ellos la tríada fútbol-motor-pornografía”, observa de Miguel. Respecto a cómo interpretamos como libre elección lo que es coacción, es bien conocido su “experimento” cuando propone a sus alumnas que dejen de usar pendientes en las orejas sólo por un día: la autora encuentra con frecuencia la respuesta de chicas y mujeres que se sienten incapaces de salir de casa sin sus pendientes. En el presente, la hegemonía de las grandes tecnológicas estadounidenses en Europa evidencia cómo nuestro imaginario se articula a través de redes sociales diseñadas y monetizadas desde los Estados Unidos, lo que supone también una forma de colonización cultural que moldea hábitos, discursos y formas de interacción.
Dark romance, pornografía para chicas
En uno de los cuatro ámbitos para este “imperio del agrado” citados por Carmen Ruiz Repullo se sitúan los relatos del amor romántico, un género que refuerza los más tóxicos patrones sexistas: coloca a las chicas en roles de cuidado, sacrificio, entrega total y dependencia emocional, justifica los celos, el control e incluso la violencia; ensalza el amor de pareja por encima de todo, incluidos los proyectos propios o la autonomía personal. Entre nuestras seis voluntarias de 15 a 17 años, sólo una contesta que no le gustan las novelas, series o películas de este género, las demás siguen estos contenidos “a veces” y una nos dice que es su género preferido. “Porque me encanta el amor entre ellos dos, la música y estética de la película, los problemas de personas reales de los que se habla”, explica acerca de su serie favorita.
Según el último Barómetro Juventud y Género[16], de 2025, cerca de la mitad de los jóvenes de ambos sexos (de 15 a 29 años) se muestra de acuerdo con postulados ligados al amor romántico y a ideas posesivas, aunque no son posiciones mayoritarias. El 46,5% de las chicas y el 50,2% de los chicos está de acuerdo con que tener pareja implica una entrega absoluta a la otra persona. El 16% de las chicas y el 29,4% de los chicos interpreta los celos como prueba de amor.
Las investigaciones de Ruiz Repullo se centran actualmente en una vuelta de tuerca más en estos relatos: el fenómeno del Dark romance, literalmente romance oscuro. Se trata de narrativas de violencia en el marco de la relación de pareja, con títulos como After, 365 días, A través de mi ventana, Culpables, en forma de novelas, series o películas. Una gran mayoría de estos textos está clasificada para mayores de edad por ser contenidos altamente sexuales, violentos, con uso de drogas, pero no hay ningún control en la práctica. “Mi hipótesis es que el Dark romance es la pornografía para chicas”, afirma la experta, “porque bajo el amparo del amor, de la chica que va a salvar al chico de su vida oscura, hay apología de la violencia de género”.
Así pues, el Dark romance es un subgénero de las historias románticas que idealiza conductas tóxicas y abusivas, con el consecuente perjuicio para sus consumidoras adolescentes, que no parecen ver obstáculo en las advertencias de “contenido sensible” o clasificado por edades. El Dark romance se caracteriza por sus personajes masculinos oscuros, con comportamientos obsesivos y manipuladores: enemigos, captores o extraños peligrosos que se convierten en amantes son clichés repetidos. Las relaciones incluyen dinámicas de poder y dependencia, y a menudo las tramas incluyen crímenes, secuestros, venganzas, y en definitiva, violencia contra las mujeres. Las lectoras se enganchan a historias con “hombre malo y chica buena” en las que no sólo se preguntan si los personajes se enamorarán, sino si la protagonista sobrevivirá.
El Dark romance es un subgénero de las historias románticas que idealiza conductas tóxicas y abusivas, con el consecuente perjuicio para sus consumidoras adolescentes
Se trata de un subgénero en rápido crecimiento. Según The Business Research Company[17], el mercado global de los libros de “romance oscuro” alcanzó los 242,34 millones de dólares en 2024, con un crecimiento anual compuesto del 23,9% desde 2019, y se prevé que siga creciendo más de un 8% anual hasta 2029. Europa Occidental representa casi el 24% de este mercado. “El romance oscuro ya no es un nicho de mercado: se está convirtiendo en un género comercialmente viable y culturalmente significativo, impulsado por la interacción digital a nivel mundial”, afirma este portal especializado en negocios.
Su auge está ligado a lo digital, con plataformas como la canadiense Wattpad, que afirma tener más de 90 millones de usuarios, mayoritariamente mujeres jóvenes[18]. Una de sus historias más populares es la serie After, escrita por Anna Todd. La historia es un auténtico fenómeno de masas, con más de 1.500 millones de lecturas en Wattpad y más de 10 millones de copias impresas vendidas en todo el mundo[19], editado en España por Planeta. Wattpad funciona como una “incubadora de tendencias” –con historias que se hacen virales–, pero no es la única para el consumo, ya que las series también pueden seguirse en otras como Kindle. TikTok es el principal motor para descubrir nuevas historias, y sus vídeos pueden disparar las ventas en horas.
Del amor al porno
Como recuerda Tasia Aránguez en El peaje sexual, ya Shulamith Firestone destacaba que la pornografía y la comedia romántica son las dos caras de una misma moneda, de una misma ideología. “La pornografía glorifica la violencia contra las mujeres, los medios refuerzan estereotipos sexistas, y la cultura popular normaliza el machismo”, sostiene. Las jóvenes pueden pensar que no hay escapatoria a la cosificación sexual, que su físico es la única fuente posible de validación social y que es preferible asumirlo y ponerle un precio.
El consumo de pornografía entre jóvenes y adolescentes, fácilmente accesible a través de Internet, ha experimentado un alto incremento en las últimas décadas y es cada vez más precoz. Según el estudio Acceso, consumo y consecuencias del consumo de pornografía entre adolescentes[20], a cargo de Sandra Sedano y otros autores, un 20% de los adolescentes entra en contacto con el porno antes de los 10 años, y su uso se normaliza en torno a los 13 años. Se han igualado prácticamente las edades de acceso de chicos y chicas, pero la frecuencia e intensidad sigue siendo significativamente mayor entre los varones. Sólo un 2,6% de las chicas ve pornografía a diario, frente a un 34,3% de los chicos. Además, ellas dedican mucho menos tiempo y la mayoría hace un consumo bajo. El tipo de vídeos que consumen son violencia sexual. La investigación constata el impacto de la pornografía en una visión distorsionada de la sexualidad, basada en prácticas agresivas con un trato denigratorio de las mujeres, todo ello casi en ausencia de educación afectiva y sexual adecuada.
Las jóvenes pueden pensar que no hay escapatoria a la cosificación sexual, que su físico es la única fuente posible de validación social y que es preferible asumirlo y ponerle un precio
La Guía sobre Pornografía “Andrea” para profesionales y mediadores juveniles[21], a cargo de Esther Torrado, de la Universidad de La Laguna, y otros autores, es una herramienta para trabajar con jóvenes y adolescentes que enfatiza la relación entre la pornografía y la perpetuación de la violencia y el dominio sexual. La guía advierte acerca de la creciente pornificación de la sociedad, es decir, la normalización de la estética y los valores de la pornografía en los productos culturales cotidianos. Según esta herramienta, “en los chicos, el consumo de pornografía puede generar una falta de sensibilidad emocional hacia la violencia y una disminución de la empatía hacia las mujeres”. Para ellas, el pronóstico es demoledor: “el consumo de pornografía en las chicas puede llevarlas a creer que deben participar en prácticas agresivas y degradantes para satisfacer a sus parejas. Aunque puedan fingir disfrutarlas en el momento, es probable que después se sientan humilladas y avergonzadas”. Las consecuencias pueden ser similares a las de sufrir violencia sexual. En estos casos, “es posible que estén siendo víctimas de una violación emocional y psicológica a través de la manipulación del consentimiento y los deseos”.
Jóvenes y violencia en la pareja
«Prefiero aguantar que estar sola” o «Le quiero tanto que lo dejo pasar” son algunas de las respuestas que forman parte del estudio presentado por la ONG Educo[22], sobre una encuesta a 334 niñas, niños y jóvenes. Según este trabajo, tres de cada cuatro adolescentes reconoce haber vivido relaciones afectivo-sexuales dañinas. Acerca de las relaciones de pareja en la juventud, los datos del Barómetro muestran de forma inequívoca que las jóvenes sufren violencia en la pareja con mucha mayor frecuencia, con mayor gravedad y con consecuencias más intensas que los varones. Una de cada cinco mujeres jóvenes afirma haber sido forzada a mantener relaciones sexuales cuando no quería, mientras que entre los hombres jóvenes este porcentaje se reduce al 8%.
Una de cada cinco mujeres jóvenes afirma haber sido forzada a mantener relaciones sexuales cuando no quería
En cuanto a la violencia de control, el 32,1% de las mujeres jóvenes afirma que su pareja se ha enfadado por no responder inmediatamente a mensajes o llamadas; el 27,3% declara que le han revisado el móvil y el 26,6% que le han dicho con quién puede o no puede hablar. Las consecuencias de haber sufrido la violencia de la pareja también las sufren con más intensidad y frecuencia las chicas. Destacan los problemas de salud mental, el sentimiento de culpa o vergüenza, los problemas de sueño, el deterioro de la autoestima o cambios en su forma de ver y experimentar el sexo.
Volver al feminismo
“Si queremos realmente prevenir lo que le está ocurriendo a las adolescentes, tenemos que conocer qué les está llegando a través del algoritmo”, insiste Carmen Ruiz Repullo, y “volver a trabajar con las chicas”. Aunque es necesario, no basta con limitar el uso de redes sociales para menores de 16 años. Es importante escuchar a las adolescentes, identificar las estrategias de captación, de subordinación y de violencia para prevenirlas. En este contexto, las narrativas de la “machoesfera” –el ecosistema digital que difunde una visión extrema de la masculinidad– y su antifeminismo reman en contra. De nuevo, el lenguaje revela su marcado mercantilismo: mercado sexual, mujeres u hombres de alto o bajo valor. Comparan a las chicas con productos que se desgastan con cada “uso sexual”. “Sostienen que el valor social de un hombre aumenta con el tiempo porque está determinado por su éxito económico, mientras que el valor de una mujer se circunscribe a su edad y belleza”, explica Aránguez en el trabajo citado. Tras el pensamiento machista extendido en Internet subyace la vieja teoría de la complementariedad entre los sexos, con las mujeres en el papel doméstico y servicial.
Las narrativas de la «machoesfera» sostienen que el valor social de un hombre está determinado por su éxito económico, mientras que el valor de una mujer se circunscribe a su edad y belleza
Entre las reacción tradicionalista y la pornificación, el feminismo rechaza ambos polos, promueve relaciones igualitarias y puede ofrecer bases sólidas para la coeducación. El posicionamiento de la juventud ante el feminismo no es homogéneo: se mueve entre la adhesión y la desconfianza, tal como refleja el citado Barómetro Juventud y Género. Desciende el porcentaje de jóvenes –de ambos sexos– que se identifican como feministas: el 51,3% de las jóvenes se identifica como feminista, frente a un porcentaje muy inferior entre los chicos, del 26%. Aunque las chicas continúan mostrando un respaldo claramente mayor que los chicos, el retroceso también las afecta a ellas. “La violencia de género no existe, es un invento ideológico” para el 25,6% de los chicos y para el 14,8% de las chicas. Paralelamente, el 77,4% considera que la igualdad de derechos y responsabilidades es un elemento fundamental en la pareja, lo que apunta a que sí hay una interiorización relevante de marcos igualitarios, que convive con el avance de la reacción patriarcal. Por todo lo expuesto, la educación afectiva y sexual con enfoque feminista y adaptada a los retos digitales es la herramienta clave de transformación y, como señala la profesora de la Universitat Ramon Llull Berta Aznar[23], un derecho fundamental de la infancia y la adolescencia. ¿Estamos preparadas para este desafío?
NOTAS:
[1] Intervención en la Jornada Impacto de la prostitución digital en niñas, adolescentes y mujeres jóvenes, en el marco del Máster en Prevención, Detección e Intervención de la Violencia Sexual desde una Perspectiva Interdisciplinar de Fundación Blanquerna-Universitat Ramon Llull. Celebrada el sábado 7 de febrero de 2026 en el Auditorio de la Facultat de Psicologia, Ciències de l’Educació i de l’Esport – Blanquerna. Disponible en: https://geoviolenciasexual.com/vuelve-a-ver-la-jornada-impacto-de-la-prostitucion-digital-en-ninas-adolescentes-y-mujeres-jovenes/
[2] Amorós, C. (1985). Hacia una crítica de la razón patriarcal. Editorial Anthropos.
[3] Valcárcel, A. (1998). Ética contra estética. Editorial Crítica.
[4] Márquez, J.M., Andrade, B., Guadix, I., Suárez, F., Rodríguez, F.J., González-Cabrera, J. y Rial, A. (2025). Infancia, adolescencia y bienestar digital. Madrid: UNICEF España, Universidad de Santiago de Compostela, Consejo General de Ingeniería en Informática y Entidad Pública Empresarial Red.es. https://doi.org/10.30923/IABD202510
[5] Geoviolenciasexual, 8-5-2024. Onlyfans, una nueva forma de explotación sexual. https://geoviolenciasexual.com/onlyfans-una-nueva-forma-de-explotacion-sexual/
[6] La cadena Apotek Hjärtat. “Suecia prohíbe el skincare “avanzado” para menores de 15 años”. https://farmaschool.com/suecia-prohibe-skincare-menores-farmacia/
[7] Reglamento (CE) Nº 1223/2009, https://www.boe.es/doue/2009/342/L00059-00209.pdf; modificado en el Reglamento (UE) 2024/996, https://www.boe.es/doue/2024/996/L00001-00008.pdf
[8] Roma, 27-3-2026. La Autoridad Italiana de Competencia inicia investigaciones sobre Sephora Benefit Cosmetics y LVMH Profumi e Cosmetici Italia. https://en.agcm.it/en/media/press-releases/2026/3/PS13110
[9] Estudio Autopercepción de la imagen de las mujeres en los nuevos entornos digitales, https://www.inmujeres.gob.es/publicacioneselectronicas/documentacion/Documentos/DE2277.pdf
[10] Aránguez, T. (2025). El peaje sexual. Informe sobre relaciones románticas en la sociedad digital. Editado por Lobby Europeo de Mujeres en España (LEM España).
[11] Friedan, B. (2016). La mística de la feminidad. Ediciones Cátedra (obra original publicada en 1963).
[12] Firestone, S. (2017). La dialéctica del sexo: En defensa de la revolución feminista. Editorial Horas y Horas (obra original publicada en 1970).
[13] Millett, K. (2017). Política sexual. Ediciones Cátedra (obra original publicada en 1970).
[14] Wolf, N. (1991). El mito de la belleza. Emecé Editores.
[15] De Miguel, A. (2015). Neoliberalismo sexual: El mito de la libre elección. Ediciones Cátedra.
[16] Kuric Kardelis, S., Gómez Miguel, A. y Sanmartín Ortí, A. (2026). Barómetro Juventud y Género 2025. Centro Reina Sofía de Fad Juventud. https://doi.org/10.5281/zenodo.18482115
[17] The Business Research Company (2025). Global Fiction Books Market Report. https://www.thebusinessresearchcompany.com/report/fiction-books-global-market-report
[18] Wattpad (2024). A 30 de septiembre de 2023. https://company.wattpad.com/blog/the-future-of-fiction-wattpad-research-reveals-generational-shift-in-reading-habits-skepticism-of-ai-in-publishingnbsp
[19] Loschiavo, E. (2019). Toxic Masculinity in Anna Todd’s After Series. Unsuitable. Duke University. https://sites.duke.edu/unsuitable/anna-todds-after-series/
[20] Sedano Colom, S., Lorente de Sanz, J., Ballester Brage, L., & Aznar Martínez, B. (2024). Acceso, consumo y consecuencias del consumo de pornografía entre adolescentes: nuevos retos para la educación afectivo-sexual. Pedagogía Social. Revista Interuniversitaria, 44, 145‑162. https://doi.org/10.7179/PSRI_2024.44.09
[21] Guía sobre Pornografía “Andrea” para profesionales y mediadores juveniles. Elaborada por APLEC Inclusión más Igualdad. https://aplec-i.org/wp-content/uploads/2025/02/Guia-Pornografia-web-28_11.pdf
[22] Campins, J. Y Horno, P. (2025). La intimidad y la sexualidad en los vínculos afectivos entre iguales. Educo. https://educowebmedia.blob.core.windows.net/educowebmedia/educospain/media/docs/publicaciones/2026/educo_2026_guia_intimidad_sexualidad_infancia.pdf
[23] Aznar, B (2026). Presentación al monográfico: Educación afectivo-sexual y violencia sexual: claves feministas para la igualdad. Revista Atlánticas. Revista Internacional de Estudios Feministas, 2026, 11, 1, 2-6. ISSN: 2530-2736 https://revistas.udc.es/index.php/ATL/issue/view/577





