Donde las prostitutas no existen

Notas sobre la propaganda del lobby proxeneta

Hace unos cuantos meses, el movimiento feminista le ganó una modesta batalla al sistema prostitucional. La presión llevada a cabo por las feministas logró tumbar una charla-debate sobre “trabajo sexual” que iba a tener lugar en la Universidad de A Coruña. En buena parte de eso que llamamos los medios de izquierda se sucedieron los artículos condenando el liberticidio perpetrado y, menos de un mes después, 20 universidades españolas anunciaron el compromiso de realizar sendos debates bajo el lema “Universidad sin censura: debatir en libertad sobre trabajo sexual”. En varias de estas universidades se proyectó un documental llamado “Donde las prostitutas no existen” como preámbulo del debate.

El Colectivo de Prostitutas de Sevilla ha realizado asimismo varios actos en los que este documental se ha proyectado y la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía lo tiene linkeado en su página de Twitter, la cual cuenta con 12 mil seguidores. El documental puede verse subtitulado en 6 idiomas (entre ellos el español), en la página del canal franco-alemán de vocación europea ARTE, principal productor del mismo. Su directora, conocida como Ovidie, se define en su web como “sexperta decididamente urbana”, “autora, realizadora y educadora sexual” y “trabajadora sexual”. Ligada a la industria desde que, como joven estudiante de filosofía, decidiera acercarse al mundo de la producción pornográfica, ganándose en los medios franceses el apodo de “la licenciada del porno”; Ovidie dirigió su primera película a los 19 años. Desde entonces, se ha dedicado a la investigación artística y la realización de películas y documentales, siempre en el ámbito de la sexualidad, se entiende, debidamente espectacularizada y mercantilizada.

EVA MARREE

El documental pretende narrar la historia de Eva Marree Kullander Smith, la joven sueca que fue asesinada en 2013 por el padre de sus dos hijos en un centro de los servicios sociales de Västerås, a unos 100 km al oeste de Estocolmo. La cinta explica que a Eva Marree le fue retirada la custodia de sus hijos en el momento en que, a raíz del chivatazo de una prima suya, entró en conocimiento de los servicios sociales de Västerås que había ejercido de scort durante dos semanas; pero esta afirmación es falsa. Efectivamente, Eva Marre ejerció la prostitución de lujo en varias ocasiones, sin embargo esta no fue la razón por la que se le retiró la custodia. Tal y como puede leerse en el protocolo del juicio a Joel Kabagambe, ex pareja y asesino convicto de la mujer, a Eva Marree la custodia le fue retirada a partir de una denuncia que interpuso él mismo contra ella, aproximadamente un año y medio antes de matarla.

En aquel entonces, los niños ya vivían con su padre. Después de una estancia en casa de Eva Marree, uno de ellos apareció con una quemadura. Joel llevó al pequeño ante los servicios sociales y acusó a Eva Marree de haberlo descuidado. De forma preventiva, mientras se aclaraba mediante una investigación si había habido efectivamente negligencia por parte de la madre, a esta se le retiró la custodia. Al cabo de unos meses de la investigación, se concluyó que Eva Marree no había sido de ningún modo responsable de la quemadura. En el último de los juicios celebrados para determinar a quién correspondía la custodia, el tribunal de distrito resolvió que, debido a que los niños habían vivido mucho tiempo con su padre, permanecerían con él para evitarles el cambio de vivienda. Se decidió asimismo que pasarían los fines de semana con su madre. En la primera de las visitas correspondientes, Joel apuñaló a Eva Marree hasta la muerte. La asistente social que se ocupaba del caso sufrió asimismo varias puñaladas; una de ellas, en la garganta, no le quitó también la vida por muy poco.

Joel Kabagambe no fue, ni mucho menos, el primer hombre en el mundo, y cabe suponer que tampoco en Suecia, que utilizó a sus propios hijos para dañar a su ex pareja. En España, por desgracia, esto es amargamente habitual. Durante el juicio a Joel salió a la luz que Eva Marree había asegurado, en una conversación de Facebook, que tenía mucho miedo de que algo malo le sucediera. ¿Cómo pudo resultar tan fácil para un machista con antecedentes penales como Joel obtener, no ya derecho a visitas, sino la plena custodia de unos niños que no merecían pasar por nada de todo aquello? El hecho es que nadie en el entorno de Eva Marree, ni amigos, ni servicios sociales, reaccionó a tiempo.

Una amiga de Eva Marree explica en el documental cómo a ella estuvo a punto de ocurrirle lo mismo, cuando los servicios sociales casi le quitaron la custodia de su hijo a causa de unos eccemas que le habían salido en la piel. ¿Qué tiene esto que ver con lo que le sucedió a Eva Marree? Absolutamente nada. La cinta es un esfuerzo de 50 minutos por desviar el foco de su historia hacia otro lugar: la ley sueca de penalización de la compra de sexo, conocida también como ley abolicionista. Y el medio para dirigir la atención hacia esa ley, que en ningún modo determinó el destino de Eva Marre ni nada tuvo que ver con su historia, es apuntando al Estado sueco en general.

Eva Marree litigó durante meses para recuperar la custodia de sus hijos, sin éxito. Fue en ese proceso cuando entró en contacto con Pye Jakobsson, de la Rose Alliance, organización sueca que persigue el reconocimiento de la prostitución como “trabajo sexual”. Eva Marree se convirtió así en “activista por los derechos de los trabajadores sexuales” y participó ocasionalmente en actos del Partido de Centro, “el partido más rico del mundo” y único partido en Suecia que aboga por reglamentar la prostitución. No obstante, el hilo argumental que hace inteligible el amasijo de testimonios reunidos por Ovidie; esto es: que el Estado sueco castigó a Eva-Marree por haberse prostituido retirándole la custodia de sus hijos, es falso. La realidad es que no hay en la ley sueca de penalización de los puteros un sólo párrafo que niegue o cuestione el derecho de las mujeres prostituidas a la custodia de sus hijos ni, tal y como hemos visto, fue ese el motivo que propició la retirada de la custodia en el caso de Eva Marree.

LA ROSE ALLIANCE

La Rose Alliance es una organización sueca que dice luchar por los derechos de las “trabajadoras sexuales”. Su fundadora y principal representante, Pye Jakobsson, se refiere a sí misma como “trabajadora sexual”, pero esto contrasta con lo que en 2013 declaró una antigua miembro de la Rose Alliance acerca de la organización. Según explicó, había acudido tiempo atrás a la Rose Alliance con el fin de contactar con otras mujeres prostituidas. Se encontró con una organización compuesta básicamente por Pye Jakobsson, quien parecía mucho más interesada en la labor política y mediática que en dotar de recursos o estructura a las mujeres en su situación. Expuso además que Pye no era “una de las chicas” y que su lugar en la industria del sexo estaba más bien del otro lado, en la dirección de un club de striptease de Estocolmo, el Flirt Fashion. Allí, Pye se encargaba de captar chicas nuevas y de organizar los turnos. Un año después de que todo esto saliera a la luz, Jakobsson abandonó la gerencia del club (ver original y la traducción).

El caso de Pye Jakobsson, quien aparece repetidamente a lo largo del documental, ilustra a la perfección una de las estrategias que mejor le ha funcionado a lo que las abolicionistas llamamos el lobby proxeneta y que no es otra cosa que un entramado de empresas (fundaciones, falsos sindicatos y ONGs, fundamentalmente) que coinciden en un objetivo político: la reglamentación de la prostitución. Uno de los argumentos más utilizados por Pye Jakobsson y los voceros de los distintos organismos que componen este entramado es que la explotación sexual es simple y llanamente una forma de explotación más, tan válida o criticable como cualquier otra. Este discurso, que denuncia insistentemente el moralismo de la postura abolicionista, reduce su concepto de la explotación sexual a valorar si esta es “mejor” o “peor” que cualquier otra forma de explotación; para concluir que no, que es igual de “buena” o “mala”, según la audiencia a la que se trate en cada caso de convencer. Se trata de un argumento tan superficial y reduccionista que, en boca de un proxeneta, sería inmediatamente desestimado por cualquiera con la más mínima conciencia de la realidad de la prostitución; es decir, por cualquiera que no hubiera nacido y vivido en una burbuja. De ahí la importancia de la fachada: esto es, de hacerse pasar por trabajadoras que hablan en nombre de otras trabajadoras, tal y como hace Pye Jakobsson.

A este respecto, resulta muy esclarecedora la investigación que realizó la escritora y activista Kajsa Ekis Ekman, quien viajó durante varios años por Europa, reuniéndose con representantes de distintas organizaciones relacionadas con el “trabajo sexual”. Algunas de estas organizaciones se presentaban como “sindicatos”. En una entrevista realizada en 2018, explicaba: “Tras ese periodo encontré cuatro tipos de grupos. Ninguno era un sindicato. Un sindicato es una organización fundada y financiada por sus miembros con la meta de defender sus intereses contra los empleadores. Pero la mayoría de estos supuestos sindicatos son lobistas -grupos que se organizan para conseguir la legalización de la prostitución-. (…) Conclusión: después de investigar a estos sindicatos no he descubierto ninguno que realmente funcione como tal”.

En su muy documentado libro El ser y la mercancía (edicions bellaterra), Kajsa Ekis resume el sentido de la acción de estos grupos: “Se trata estrictamente de cambiar la imagen de la prostitución. La palabra clave del discurso de la trabajadora sexual es cómo deberíamos considerar la prostitución – no lo que deberíamos hacer con ella”. Y para muestra, un botón: más o menos a la mitad del documental en cuestión, puede escucharse el principio de la ponencia que Petra Östergren, antropóloga, impartió en una Conferencia de Amnistía Internacional en Oslo (no se indica la fecha): “Llevo en esto desde hace 20 años y lo que siempre me ha preocupado es la manera en la que se habla de la prostitución”. Es un hecho que la prostitución está directamente vinculada con la trata de mujeres y niñas; también, que los puteros demandan mujeres cada vez mas jóvenes (en 2009 el 48% de las chicas en prostitución tenía menos de 18 años y la tendencia no se ha revertido); el consumo de drogas entre las mujeres prostituidas, el síndrome de shock post traumático, los niveles de suicidio, el riesgo de morir asesinada por un putero son aspectos de la prostitución con los que Petra Östergren, después de tantos años dedicada al tema, debe de haberse topado en algún momento. Sin embargo, nada de todo esto le preocupa; al menos, no tanto como el modo en que se habla de la prostitución. Esto que en sociología se conoce como ‘estigma’ es el otro gran leitmotiv del discurso proxeneta. “El estigma mata”, repiten. Con ello, pretenden colocar en el centro del problema lo que no deja de ser una de las consecuencias más superficiales de la prostitución.

Si de lo que se trata es de dejar las cosas como están, luchar contra el estigma es sumamente eficaz. La violencia, la marginación o el sometimiento no van a desaparecer por más que nos empeñemos en verlos o llamarlos de otro modo; más bien al contrario: seguirán cumpliendo sus respectivas funciones de un modo cada vez más autónomo, inhumano y eficiente. Sirva como ejemplo de esto el modo en que Estefanía Acién, quien iba a participar en la charla sobre trabajo sexual que se canceló en A Coruña, se refiere a las mujeres que se prostituyen en la zona de los invernaderos de Almería. Para esta otra antropóloga, las mujeres nigerianas que sobreviven en condiciones de miseria y exclusión en El Ejido y otros municipios del poniente almeriense son “pioneras que supieron ver una oportunidad económica”. Incapaz tal vez de asumir las implicaciones de solidarizarse con su objeto de estudio, Acién cae en una penosa obnubilación que resulta, por lo demás, completamente funcional al sistema.

AMNISTÍA INTERNACIONAL

No pasa desapercibida la presencia en el documental de Amnistía Internacional, cuyo nombre y logo respaldan la intervención de Östergren. ¿Cómo es que una organización, que dice defender los derechos humanos de manera independiente, renuncia a denunciar la explotación sexual de mujeres y niñas posicionándose, en este tema, del lado de los explotadores? Hay una razón muy sencilla para ello. En su carta a la Corte Colombiana de julio de 2018, citando numerosas fuentes, la escritora y activista Julie Bindel señala a los principales financiadores de los movimientos en favor de la reglamentación de la prostitución: “Dicha financiación ha provenido principalmente de la Fundación Bill y Melinda Gates, así como de la Open Society Foundation (OSF), fundada por George Soros. (…) Eugenio Zaffaroni, también fundador y asesor de la OSF, fue acusado de mantener prostíbulos y gerenciar una red de trata de mujeres en seis departamentos que posee en Buenos Aires, Argentina. (…) La OSF es un contribuyente significativo de Amnistía Internacional, Human Rights Watch (HRW), el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (UNAIDS), así como de otros grupos de presión en favor de la prostitución de todo el mundo”.

Habrá quien se pregunte por qué querrían unos simples multimillonarios, como Soros o Bill Gates, o como los representantes del partido más rico del mundo, promover la idea de que la prostitución es un trabajo como otro cualquiera. Habrá quien piense que estos simpáticos inversores, infatigables defensores de la democracia liberal, filántropos hastiados de ostentar el poder, velan por los derechos de las mujeres y las niñas prostituidas. Efectivamente, a través de sus fundaciones y ONGs, personajes como Soros o Gates velan por nuestro derecho a satisfacerlos a cambio de una paga. Y esa mal llamada izquierda, que ha hecho del feminismo su negocio, es la horma de su zapato. ¿A quién quieren engañar? Las mujeres no tenemos nada que perder y sí mucho que recuperar con la abolición de la prostitución.

¿Qué diría Eva Marree confrontada con todo esto? En lo que a ella respecta, el documental de Ovidie se limita a reproducir su ausencia. Eva Marree aparece y desaparece únicamente para representar el papel que le ha sido asignado, pero nada nos ayuda a entender sus circunstancias ni sus motivaciones. El modo en que Petra Östergren se refiere a ella resulta dolorosamente revelador: “si alguien podía cambiar la manera en la que se percibe a los trabajadores sexuales en Suecia, era ella. Era joven, nueva en el medio activista y poseía esa fragilidad que hacía imposible no quererla”. ¿A qué fragilidad se refiere esta académica? ¿Estará apuntando, sin saberlo, a la extracción social de Eva Marree; a su condición de madre soltera; al maltrato a que la sometía el padre de sus hijos; en definitiva: a todo aquello que se deja en un segundo plano, cuando no se omite descaradamente, en el documental? Es difícil saberlo: se diría que está describiendo un slogan, una mercancía, un producto cualquiera.

LA INDUSTRIA DE LA PROSTITUCIÓN

La prostitución es una industria multimillonaria cuyo lucro resulta de rentabilizar económicamente la expresión más fundamental de la dominación masculina. Por decirlo de otro modo: la prostitución es violencia sexual con beneficio; es el negocio de la desigualdad entre los sexos. Aceptar la reglamentación de la prostitución es renunciar a la lucha por nuestra liberación y asumir que no hay otro destino posible para nosotras las mujeres que la sumisión.

Las niñas y mujeres desposeídas de este mundo constituyen la reserva que abastece al sistema prostitucional. En todos los casos, con papeles o sin papeles, con reconocimiento legal o sin él, la mujer y la niña prostituida son asimiladas a meras mercancías; para el putero, ellas son algo por cuyo uso ha pagado. Y el servicio, lo que espera de ellas, es que le hagan olvidar este hecho fundamental.

La prostitución es, demasiado a menudo, el único horizonte de supervivencia que se abre ante las mujeres que luchan para sobreponerse al recuerdo del abuso y la violencia sexual. Demasiadas niñas y adolescentes crecen pensando que sólo valen para putas. Nosotras les decimos que eso no es así; que ninguna mujer nace para puta; que pueden vencer la impotencia y encarar a sus agresores; que juntas somos más fuertes. Tendríamos muy poca credibilidad si, al mismo tiempo, defendiéramos la prostitución como un trabajo cualquiera. No mereceríamos su confianza.

La prostitución está presente en todas las capas de la sociedad y determina el modo en que nos relacionamos las personas de ambos sexos entre nosotras, así como con nosotras mismas. Por esa razón, la abolición de la prostitución nos atañe a todas. Hay algunos espacios en los que la realidad de la prostitución se borra sistemáticamente y el silencio se llena de palabras vacías. Acaba siendo fácil reconocerlos.

Lola Franco es integrante del Frente por la Abolición de la Prostitución 

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