Clara D., víctima de trata y testigo protegida, denuncia su desamparo y el trato recibido en España

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“La prostitución no es vida, es pura muerte”. La de Clara D. (nombre ficticio) es una existencia en el precipicio. Vendida por su propia tía a los catorce años, fue traficada y prostituida desde República Dominicana para recalar primero en Isla Margarita (Venezuela) y llegar después a España. “Aquí me dieron una identidad falsa y fui explotada sexualmente durante tres años en los prostíbulos People (Murcia), así como en el D’Angelo y el Castillo (Alicante)”, explica.
Por Nuria Coronado Sopeña

A punto de cumplir su mayoría de edad intentó escapar del infierno de los puteros y de las terribles palizas que le propinaban los proxenetas. “Las veces que intenté huir de aquello fueron las mismas que me volvieron a apresar y me devolvieron a estas cárceles horribles”, rememora. Así fue como la trasladaron a Holanda e Italia. “Fui vendida de nuevo a una red de proxenetas alemana que me prostituyó hasta el año 2015”.

Madre y víctima de trata

Entre tanto, en el 2012, se quedó embarazada. “Decidí afrontar la situación y tener a mi hija. Ella no tenía culpa de nada”, explica.  No sabe quién es el padre y tampoco le importa. “Mi hija es mía, eso es lo único que me vale”.

Durante su embarazo también sufrió un delito de trata. La hicieron subir a un avión con documentación falsa y la trajeron a un hospital de Valladolid para que pariera en él. “Quise aprovechar mi estancia allí para escapar”. Y estuvo a punto de conseguirlo. “Un trabajador social al que le conté todo logró llevarme a una casa de acogida”. Pero sus captores no pensaban perder a su presa. “Dieron conmigo y me sacaron de allí a los quince días. Nos subieron a un avión de vuelta a Alemania a mi hija y a mí para seguir siendo explotada sexualmente”.

En Alemania, país donde es legal explotar sexualmente a las mujeres, la mafia le hizo aún más daño. “Mi pequeña estaba secuestrada conmigo. Ella creció en los diferentes burdeles donde estuve”. Su proxeneta la obligaba a pagar aún más dinero por ella. “Estuve pagando por mantener viva a mi hija. Le hicieron una habitación en la parte de arriba del prostíbulo. La cuidaba la misma chica que limpiaba el club. Yo la podía ver los domingos solo si cumplía con los objetivos económicos que se me decían. En 2012 tenía que pagar 1.300 euros a la semana solo para verla. Aparte de pagar al chulo, pagaba a la dueña de club, más la habitación y los 20 euros de impuestos que se pagan en Alemania cuando se “trabaja”. Porque allí este infierno se considera un “trabajo””.

Su proxeneta la obligaba a pagar aún más dinero por su hija. “Tenía que pagar 1.300 euros a la semana solo para verla”

Esta superviviente llora recordando cómo un pederasta pagó por violar a su pequeña. “Me entregaron a mi hija violada. Con solo seis meses y hasta los tres años le hicieron todo el daño del mundo”. Un dolor que no estaba dispuesta a permitir más. Se sirvió de un putero que conocía la situación de la menor para que él denunciara la situación a la Policía. “Sin embargo, tras hacer la redada, me devolvieron de nuevo allí”.

Aun así, no cejó en el empeño de volver a escapar. El mismo hombre denunció de nuevo los hechos, esta vez en otra ciudad y con un resultado distinto. “Me volví a armar de valor y denuncié a toda la red proxeneta. Sin embargo solo fueron condenados dos hombres. Uno a siete años de prisión por trata y otro, un colombiano, por tráfico de drogas. Así de barato les salió aquello”, cuenta.

Tras la denuncia, Clara D. logró recuperar sus derechos. “Mi hija y yo obtuvimos el estatus de testigos protegidas. Yo tenía estatus de víctima de trata. Hice un proceso completo de reinserción, estudié un grado medio y trabajé en distintos sitios llevando una vida normal junto a ella”. Una paz que nunca fue total, ya que no paró en todo el tiempo de recibir amenazas de la red proxeneta. “A pesar de todo el esfuerzo de la Policía alemana por protegernos, no dejaron de perseguirme. Intentaron secuestrar a mi hija varias veces del colegio al que iba. Además, trataron de incendiar la vivienda en la que residíamos”.

“Denuncié a toda la red proxeneta. Sin embargo solo fueron condenados dos hombres”

Un traslado obligado

Ante la situación, en 2021 las autoridades germanas decidieron trasladarlas a Suiza con la ayuda de la organización no gubernamental FIZ, que según la entrevistada, “por lo que he investigado una vez aquí es una asociación “prosex””. En el país helvético estuvieron cinco meses, hasta que la propia ONG le dice “que hay un donante de dinero muy rico, que la quiere ayudar y que tiene que viajar a España”, ya que aquí “tanto por el idioma como por las circunstancias” ambas estarían mejor”.

Una decisión que ella no compartía en absoluto. “Yo nunca estuve de acuerdo con nada de esto. Hablo mejor alemán que castellano, mi hija es alemana y no había ninguna razón para que me enviaran aquí, y menos con una identificación que no me permitiría trabajar en España”, denuncia. Ella afirma que la FIZ le aseguró que la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) “se haría cargo de asistirnos en España y que tendría estatus de víctima de trata, sería testigo protegida y recibiría las mismas ayudas y asistencia que en Alemania”.

Nada más lejos de la realidad. Al llegar al aeropuerto de Madrid se encontró sola. “No había nadie esperándonos para ayudarnos y protegernos tal y como se ha de hacer cuando eres testigo protegida. Yo misma entregué toda la documentación a la UCRIF [Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales de la Policía Nacional]. La respuesta que obtuve es que el delito había prescrito y que no había nada que hacer. “¡Váyase para Alemania otra vez!” Esas fueron sus palabras siendo yo testigo protegida”.

“Intentaron secuestrar a mi hija varias veces del colegio al que iba. Además, trataron de incendiar la vivienda en la que residíamos”

Vulnerabilidad extrema

Desde la ONG que la trajo “decidieron trasladarnos a Córdoba a un refugio de inmigrantes ilegales. Tuvimos que dormir esa noche en el suelo mi hija y yo. Ella cogió una infección en la piel. Volvimos a Madrid, donde se me dice que nos alojarían en un hotel porque no había plaza en ninguna casa de acogida. Yo no quería estar ahí por el peligro que eso significaba, ya que la red que denuncié tiene mucha gente en España, así que me comuniqué con República Dominicana. Me dieron un contacto en Alicante, pero al llegar con mi hija allí, vi que la situación era muy peligrosa porque una de las mujeres ejercía la prostitución”.

Nuevamente desamparada, la Policía de Alicante le dio el teléfono del Centro Mujer 24 horas. “Me dijeron que tenía que volver a llamar en una semana. Como insistí que era urgente nos derivaron a la Fundación Amaranta en Valencia, donde nos recibieron en el recurso de acogida”.

“Allí se dieron situaciones delicadas, con agresiones verbales de una educadora, a la que denuncié, y tuve que dejar el recurso”, continúa Clara. “Nos enviaron a la niña y a mí a un hotel por un mes. Ante la gravedad de mi situación, la OIM nos alquiló un pisito pagando el depósito y el mes de marzo, haciéndome firmar un contrato a mi nombre, siendo que yo no tenía ni trabajo, ni ingreso alguno, por lo que no podría, sola, hacer frente a los gastos. Un certificado de la Generalitat dice que soy “posible víctima de trata” y nos encontramos en una situación de vulnerabilidad extrema, para solicitar el ingreso mínimo vital o la renta valenciana de inclusión”.

Manzana y preservativos

Sin ingresos, sin ningún tipo de ayudas, “me derivan al programa Alba de la Generalitat Valenciana donde he recibido asistencia, pero no una solución. Al comunicarles que no tenía para darle de comer a mi hija, y que no me quedaba otra opción que prostituirme en el barrio chino (donde funciona la sede del programa Alba), me regalaron una manzana y preservativos. Además, enviaron un correo a Cáritas. ¿Cómo es posible que si acudes a Alba pidiendo ayuda para salir de la prostitución, en cualquiera de las mesas de las trabajadoras que te atienden, en lugar de tener una chocolatina o un vaso de agua para darte tengan condones? Yo fui allí llorando y lo único que recibí fueron condones y un “pobrecita cuídate mucho””.

“Estuve unos días en la peor situación para mí, que fue el tener que volver a prostituirme. ASFA me asistió con alimentos, ropa y organizó una colecta para que pudiera salir de la prostitución”. “Tengo mucha rabia y el corazón roto”, continúa la superviviente. “Tengo que seguir por mi hija, ya que soy lo único que tiene. Trato de que no se dé cuenta de la situación que estamos viviendo. Pero ha notado el cambio. Ella en Alemania tenía terapias, una persona que la acompañaba al colegio, y aquí está totalmente desprotegida.  En todos los meses que llevo aquí solo he recibido la ayuda de ASFA y de Maura Von Fürth, quien está a su frente. Llamamos a muchas puertas hasta conseguir el permiso de trabajo y la renta mínima valenciana. He hecho un escrito y lo he entregado a Fiscalía”, explica.

“Yo fui allí llorando y lo único que recibí fueron condones y un “pobrecita cuídate mucho””

“Temo por la vida de mi hija y también por la mía. Una mujer que sale de la prostitución necesita una ayuda durante mucho tiempo. No necesita una simple charla y una palmadita en la espalda”, afirma Clara D. “Después de ocho años rehabilitada e insertada en la sociedad he tenido que irme al barrio chino y prostituirme para dar de comer a mi hija”, concluye Clara. “Me tuvieron 25 años presa en los burdeles, logré en Alemania mandar a prisión a esas personas, me saqué mi título de técnica de trabajo social, trabajé en asociaciones en Alemania y en Suiza y volver a la prostitución en el mismo país donde empezó todo me duele muchísimo”.

“Las exprostitutas no le importamos a nadie”

“Puse mi vida en peligro y siento que nada valió la pena. Mi sueño es volver a Suiza, donde se habla alemán y recuperar la estabilidad, allí sabía que no iba a volver a prostituirme. A mi hija y a mí aquí nos han tratado peor que a las perras”.

“Después de ocho años rehabilitada e insertada en la sociedad he tenido que irme al barrio chino y prostituirme para dar de comer a mi hija”

“Mi historia es muy dura, y hay otras mujeres que he conocido aquí que aún lo están pasando peor. No reciben ayuda de nadie”, afirma. Las exprostitutas no le importamos a nadie. Quiero que mi denuncia sirva a las mujeres que están totalmente desprotegidas y asustadas. Ninguna mujer nace para ser puta ni le gusta que estén veinte hombres encima de ella, las que dicen que están porque quieren es porque no tienen una opción de vida digna. La prostitución no es vida, es pura muerte”.

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Proyecto asociado a:Feminicidio.net
Proyecto de:Asociación La Sur
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