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La sentencia de La Manada:
masculinidad hegemónica y pornografía

Mónica Alario Gavilán

ADVERTENCIA:

Geoviolencia Sexual – 30 mayo de 2018

1.1. Introducción

La violencia sexual es una de las grandes injusticias de nuestra sociedad. Al igual que ocurre con cualquier problema social, para poder enfrentarnos a él y buscar estrategias que colaboren con su desaparición, se deben conocer y analizar sus causas.

La agresión sexual múltiple de La Manada ha sido un caso de violencia sexual muy relevante a nivel mediático y social. El 26 de abril de 2018 se hizo pública la sentencia y se le decía al mundo que lo que esos cinco hombres habían cometido no era una violación, sino un abuso sexual. Todas las mujeres quedaban desprotegidas. Se convocaron más de 100 manifestaciones en aproximadamente 30 ciudades de España y algunas fuera del país (París, Berlín, Bruselas y Londres, entre otras); miles y miles de personas salieron a las calles a gritar: “No es abuso, es violación”.

En este artículo se analizan algunos de los orígenes de la violencia sexual. También se indaga en ciertos comportamientos y actitudes de los acusados que se pueden apreciar en las descripciones de los vídeos del caso que aparecen en la sentencia, en el apartado titulado “Valoración en detalle de las fuentes de prueba”: se preguntará cómo se llega a ellas, qué función juegan. Para ello, se parte del hecho de que la violencia sexual responde a un sistema social, el patriarcal, y a la cultura de la violación, y de que, por tanto, no hay nada natural que la justifique. También se parte del conocimiento de que los casos de violencia sexual no son casos aislados explicables atendiendo a circunstancias individuales, sino que responden a ese sistema, apoyado por una cultura que socializa a los hombres para que la satisfacción del deseo sexual masculino no sea incompatible con el ejercicio de ciertos niveles de violencia hacia las mujeres.

Por tanto, para analizar los orígenes de los mencionados comportamientos y actitudes es necesario hacer referencia a la socialización de los hombres en la construcción de la masculinidad hegemónica y su relación con la sexualidad, el deseo sexual masculino y la influencia de la pornografía hegemónica en este último.

1.2. Hechos probados

Los hechos probados, según la sentencia, son los siguientes:

Ella es una chica de 18 años que está de fiesta. En un momento de la madrugada se queda con cinco chicos desconocidos (uno de 24 años, dos de 26 años y dos de 27) y sin conocer a nadie más. Ella decide ir a descansar al coche antes de reunirse con sus amigos. Los cinco jóvenes se ofrecen a acompañarla.

Por el camino, dos de ellos se acercan a un hotel y piden una habitación “para follar”, sin que ella lo escuche. No la consiguen. Según siguen avanzando, uno de ellos comienza a cogerla del hombro y de la cadera y ella comienza a sentirse incómoda. Unos pasos más adelante, otro de ellos ve que una mujer entra en un portal, se acerca y finge que vive en el edificio para que le dejen entrar. Sube en un ascensor, baja por las escaleras y abre el portal. Entonces dos de ellos le agarran de las manos, le apremian para que entre, le dicen que se calle; se ponen uno delante de ella y cuatro detrás y la dirigen, a través de dos rellanos y un tramo de escaleras a un habitáculo de tres metros cuadrados con una sola salida. Cuando están dentro, los cinco la rodean.

En ese espacio tan reducido, con una sola salida, rodeada por cinco varones “de fuerte complexión” (uno de ellos, guardia civil y otro militar), ella se siente “impresionada y sin capacidad de reacción”. Ellos le desabrochan la riñonera, le quitan el sujetador, le desanudan el jersey que lleva atado a la cintura, otro le coge de la mandíbula para que le haga una felación mientras otro le coge de la cadera y le baja los pantalones y la ropa interior.

En ese momento ella comienza a someterse y a actuar de manera pasiva, haciendo lo que ellos le dicen que haga, con los ojos cerrados la mayoría del tiempo. Ellos, según los hechos probados, “conocieron y aprovecharon la situación de la denunciante en el cubículo al que la habían conducido, para realizar con ella diversos actos de naturaleza sexual, con ánimo libidinoso, actuando de común acuerdo”. Los cinco la penetran por la boca, dos por la vagina y uno por el ano, todos ellos sin preservativo. Dos de ellos eyaculan. Graban siete vídeos y hacen dos fotos. Después el guardia civil le roba el teléfono, sabiendo, según la sentencia, que así impedía la reacción de la denunciante y sus posibilidades de pedir ayuda. Todos se van y la dejan en ese cubículo. Al cabo de unas horas uno de los jóvenes envía a dos chats de Whatsapp, en los que están los otros cuatro y más amigos, con mensajes como “follándonos a una los cinco”, “todo lo que cuente es poco”, “puta pasada de viaje”, “hay video”.

1.3. Fallo

Por estos hechos, se acusa a D. José Ángel Prenda Martínez, D. Ángel Boza Florido, D. Antonio Manuel Guerrero Escudero, D. Alfonso Jesús Cabezuelo Entrena y D. Jesús Escudero Domínguez, de cinco delitos continuados de agresión sexual, de un delito contra la intimidad y de un delito de robo con intimidación. El juicio comienza el 13 de noviembre de 2017 y la sentencia se hace pública el 26 de abril de 2018. En ella, se condena a los cinco acusados por un delito continuado de abuso sexual con prevalimiento y, a uno de ellos, por un delito leve de hurto. Los cinco son absueltos del delito continuado de agresión sexual, del delito contra la intimidad y del delito de robo con intimidación.

Si se analiza el artículo 178 del Código Penal (1), se observa que define las agresiones sexuales como actos que atentan contra la libertad sexual de otra persona, utilizando violencia o intimidación; mientras que, si se analiza el artículo 181 del Código Penal (2), se observa que define los abusos sexuales como actos que atentan contra la libertad o indemnidad sexual de otra persona sin que medie consentimiento y sin violencia ni intimidación. La diferencia principal, por tanto, está en la presencia o no de violencia o intimidación.

Inmediatamente, una pregunta viene a nuestra mente: ¿cómo es posible que les hayan absuelto del delito de agresión sexual? ¿Cómo puede alguien no ver en los hechos descritos violencia e intimidación? Yendo un poco más allá, ¿cómo es posible que el Magistrado D. Ricardo Javier González González, en su voto particular de 237 páginas (la sentencia sin el voto particular consta de 134), afirme que sólo habría que condenar a Antonio Manuel Guerrero Escudero por un delito leve de hurto a dos meses de multa con una cuota diaria de quince euros, absolviendo a los cinco del delito continuado de agresión sexual, del delito de robo con violencia o intimidación y del delito contra la intimidad?

La comisión del Gobierno que revisará los delitos sexuales del Código Penal debe plantearse si tiene sentido mantener como delito el abuso sexual, un delito en el cual, aunque haya penetración bucal, anal o vaginal sin consentimiento, aunque para conseguir sus intereses, ellos se sirvan de “una situación de superioridad manifiesta que coarte la libertad de la víctima” (Art. 181.3), y aunque se cometa sobre una persona aprovechándose de su “trastorno mental” (literalmente) o usando fármacos o drogas (Art. 181.2), no se considera que haya ni violencia ni intimidación. ¿Tiene sentido conceptualizar a nivel penal una penetración sin consentimiento como algo no violento ni intimidatorio?

En este caso, aunque al leer la sentencia completa se perciban con claridad la violencia y la intimidación, el fallo está afirmando que no las ha habido. Esta contradicción es bastante clara cuando en la sentencia se puede leer lo siguiente:

“Las relaciones de contenido sexual se mantuvieron en un contexto subjetivo y objetivo de superioridad, configurado voluntariamente por los procesados, del que se prevalieron, de modo que las prácticas sexuales se realizaron, sin la aquiescencia de la denunciante en el ejercicio de su libre voluntad autodeterminada, quien se vio así sometida a la actuación de aquellos. En definitiva […], los hechos que declaramos probados, configuran una situación en la que los procesados conformaron de modo voluntario una situación de preeminencia sobre la denunciante, objetivamente apreciable, que les generó una posición privilegiada sobre ella, abusando de la superioridad así constituida, para presionarle, e impedir que tomara una decisión libre en materia sexual”. (p. 99)

Es decir, que los acusados construyeron un contexto que objetiva y subjetivamente les daba superioridad, que lo construyeron de manera voluntaria, que se sirvieron de él para presionarla y que, como consecuencia, ella no pudo actuar libremente. Desde luego, esto es una descripción clara de lo que se entiende como intimidación. La sentencia también afirma que “en los dos últimos vídeos, […] la denunciante está agazapada, acorralada contra la pared por dos de los procesados y gritando; […] estaba atemorizada y sometida de esta forma a la voluntad de los procesados” (p. 105). ¿Qué habrá podido pasar para que, describiendo la sentencia de una manera tan clara la violencia y la intimidación, el fallo considere que no las ha habido?

ÍNDICE

La Organización Mundial de la Salud (2013) define la violencia sexual contra las mujeres de la siguiente manera:

Todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente de la relación de esta con la víctima, en cualquier ámbito, incluidos el hogar y el lugar de trabajo.

La coacción puede abarcar: uso de grados variables de fuerza, intimidación psicológica, extorsión, amenazas (por ejemplo, de daño físico o de no obtener un trabajo o una calificación, etc.). También puede haber violencia sexual si la persona no está en condiciones de dar su consentimiento, por ejemplo, cuando está ebria, bajo los efectos de un estupefaciente, dormida o mentalmente incapacitada. Puede ir desde la presión social y la intimidación, a la fuerza física.

En este artículo, al hablar de violencia sexual contra las mujeres se hace en referencia a cualquier comportamiento sexual en que se implique a una mujer sin su consentimiento o sin su deseo.

La pregunta que se plantea es la siguiente: ¿cómo es posible que estos hombres (y tantos otros) puedan obtener placer sexual ejerciendo violencia sexual contra las mujeres? El objeto de esta pregunta es la construcción del deseo sexual masculino. Para poder comprender cómo se construye este deseo, primero es necesario analizar brevemente cómo se construye la masculinidad hegemónica y qué relevancia tiene, dentro de ella, la sexualidad.

2.1. La construcción de la masculinidad hegemónica

Al mencionar la masculinidad hegemónica, se hace referencia a un mecanismo político que genera un modelo normativo de lo que es ser un hombre “de verdad”, precisamente el que reproduce el patriarcado, legitimando la desigualdad de poder entre hombres y mujeres (Beasley, 2008). Beatriz Ranea (2016) define la masculinidad hegemónica con las siguientes palabras: “una encarnación del poder en sí misma, que se representa en determinados comportamientos, actitudes, formas de relacionarse que contribuyen a sostener los privilegios masculinos”.

2.1.1. La masculinidad hegemónica: opuesta a la feminidad y superior a esta

¿Cómo se construye hoy en día la masculinidad hegemónica? La socialización masculina (el proceso por el que los niños aprenden qué significa ser un miembro del género masculino en su cultura) transmite a los niños el mensaje de que lo más relevante para que sean buenos miembros de este género es que muestren que no son como las niñas y que en ellos no hay ningún comportamiento femenino (Simón, 2010; Subirats, 2013). Esto se entiende mejor si se pone en contexto: en un patriarcado, lo socialmente considerado masculino está situado jerárquicamente por encima de lo socialmente considerado femenino. Así, lo que se les está transmitiendo a los niños es que para llegar ser un “hombre de verdad” tienen que situarse en el escalón que está por encima de las niñas.

Comentarios en tono despectivo como “no llores, que pareces una niña” o insultos como “nenaza” o “mariquita”, les está transmitiendo que parecer niñas y no adaptarse a esa masculinidad supone una humillación. En los centros educativos se puede observar qué ocurre con los niños que no se adaptan a este modelo de masculinidad: suelen ser excluidos del grupo y, muy habitualmente, sufren bullying.

2.1.2. La masculinidad hegemónica no se posee, se demuestra

Este tipo de masculinidad, como se puede comprobar, se aprende, y como todo lo aprendido, se puede desaprender. Hay varones que a lo largo de su vida llegan a desarrollar una conciencia crítica con respecto a este modelo de masculinidad en que se les ha socializado y la desaprenden en una u otra medida. Esto es muy complejo, porque toda nuestra cultura muestra este modelo de masculinidad como un éxito y adaptarse a él conlleva innumerables privilegios de todo tipo. Así, hay muchos varones que nunca llegan a desarrollar esa conciencia crítica. Es de estos de los que habla este artículo, de los que responden a la masculinidad hegemónica.

La masculinidad hegemónica no es una cosa que se posea de manera estable, sino una cosa que se demuestra. Y se demuestra al grupo de iguales: uno solo es suficientemente hombre si los demás del grupo le reconocen como uno más. Los varones que responden a esta masculinidad hegemónica deben demostrar ante su grupo de iguales (aquellos que también responden a esta masculinidad) que están por encima de las mujeres. Del reconocimiento entre los miembros de este grupo nace lo que se ha conceptualizado como “fratría” (Amorós, 2005). Esta fratría se refuerza en las prácticas que permiten a los varones desarrollar una complicidad con respecto a su capacidad de dominar a las mujeres.

Pero ¿cómo puede un hombre mostrar que está por encima de las mujeres? Hace no demasiados años, podían mostrarlo de muchísimas maneras. Por ejemplo, tenían derechos de los que las mujeres no disponían, lo cual les colocaba directamente en una posición de superioridad. La sociedad ha ido cambiando gracias a la lucha feminista y ahora para los varones cada vez es más difícil mostrar esa superioridad. La sexualidad, hoy en día, es uno de los pocos terrenos en el que todavía pueden hacerlo (Favaro y De Miguel, 2016).

Es relevante señalar que la necesidad que acompaña a estos varones de mostrar su superioridad constantemente se debe a que dicha superioridad no es natural sino construida; y en tanto que construida, es cuestionable (y está siendo cuestionada) y es susceptible de desaparecer. Si fuera natural e inevitable, no tendrían que intentar demostrarla constantemente, porque se impondría por sí sola. Pero en tanto que este no es el caso, los varones que pretenden situarse como superiores a las mujeres tienen que estar constantemente tratando de mostrar que son capaces de dominarlas para que el grupo de iguales les diga que son suficientemente hombres.

2.2. Las funciones de la sexualidad en la masculinidad hegemónica

Se pueden extraer dos conclusiones.

La primera conclusión es que “si en el pasado los valores tradicionales del varón eran la paternidad responsable y el rol de protector y proveedor de la familia, hoy en día la virilidad se construye a través de una ‘compulsiva vida sexual’ de la que se presume delante del grupo de pares masculinos” (Gómez, Pérez y Verdugo, 2015).

Este “presumir” se aprecia a la perfección en la descripción del cuarto vídeo que aparece en la sentencia. En él, ella está en el centro y situada por debajo, con las rodillas y las manos apoyadas en el suelo; ellos permanecen de pie. Uno de ellos la está penetrando, no se sabe si anal o vaginalmente. Este, en concreto, está moviendo el brazo de arriba abajo y “muestra una actitud de jactancia […] mira a la cámara y en un momento dado sonríe” (p. 66). Otro, al ver lo que está haciendo el anterior “mira directamente al dispositivo de grabación y ríe” (p. 66). Simultáneamente, un tercero le agarra de la cabeza y parece estarla penetrando bucalmente, al tiempo que otro le rodea el cuello con su brazo.

En la descripción de este video se puede comprobar cómo ellos se jactan precisamente de la situación en que la están poniendo a ella, de estarla sometiendo. Se observa claramente la complicidad: unos miran cómo lo están haciendo otros y, al verlo, sonríen a la cámara. Están confirmándose entre ellos que son capaces de dominar a las mujeres. Esto es precisamente lo que se está reforzando cuando los varones ejercen violencia sexual en grupo.

Que estén grabando la violación es muy relevante en este análisis. En el caso de Pozoblanco también grabaron la agresión y después compartieron esos vídeos en un grupo de Whatsapp en los que estaban ellos cinco y más amigos. Es probable que el objetivo de grabar los vídeos en el caso de La Manada también fuera compartirlos posteriormente en ese grupo de Whatsapp. Así, el hecho de que lo graben y el hecho de que sonrían a la cámara es relevante porque de esta manera no solo se están demostrando entre ellos cinco que son “suficientemente hombres” violando juntos a una chica, sino que por medio de esas grabaciones también se lo van a poder mostrar a aquellos con quienes quizás pensaran compartir los vídeos, a los otros miembros de su manada, a los que sonríen a través de la cámara. Por medio de estos vídeos también pueden mostrarles a ellos que son capaces de dominar a las mujeres.

Este “presumir” de la capacidad de dominar a las mujeres también puede observarse en la actitud de José Ángel Prenda, uno de los integrantes de La Manada, varias horas después de la violación. Prenda envía a esos grupos de Whatsapp de sus amigos mensajes como “follándonos a una los cinco”, “todo lo que cuente es poco”, “puta pasada de viaje”, “hay video” (p. 86). Esto, según la propia sentencia muestra una “actitud de jactancia por lo que había realizado” y una “nula consideración de respeto a la dignidad de la denunciante” (p. 85).

Con lo expuesto hasta ahora se puede entender la función de estos mensajes: él está tratando de mostrar su masculinidad ante su grupo de iguales. Cuando, previamente a esta violación, se mandaban mensajes en que decían cosas como “tengo reinoles (rohypnoles) tiraditas de precio. Para las violaciones”, “yo llevo la pistola, no quiero mamoneos. Cuando estemos borrachos se saca la pistola. Como me vea acorralado le meto un tiro en la rodilla al que sea. Jajaja”, “hay que empezar a buscar el cloroformo, los reinoles, las cuerdas… para no pillarnos los dedos porque después queremos violar todos”, “violaría una rusa que vea despistada y palizón a un niño de 12 años inglés. 2-0 y pa casa”… estuvieran o no bromeando, lo que está claro es que estaban presumiendo de su masculinidad ante su grupo de iguales. Una masculinidad que no solo no excluye la violencia (sexual, pero también de otros tipos), sino que se refuerza con la misma.

La segunda conclusión que se extrae es que la sexualidad, para los varones que responden a esta masculinidad hegemónica, tiene dos funciones. Por un lado, es el terreno donde van a satisfacer sus deseos sexuales; por otro lado, es el terreno donde van a intentar mostrar que están por encima de las mujeres, que son capaces de dominarlas. Estas dos funciones no están completamente separadas, de manera que, en muchos casos, es precisamente dominar a las mujeres lo que les produce placer sexual. Así, “el deseo masculino ha erotizado la devaluación de lo femenino. Esta devaluación es necesaria psicológicamente no sólo para cumplir con el deseo, sino también para construir su subjetividad, su identidad, su masculinidad, y se retroalimenta en ella” (Gimeno, 2012). Esto es altamente problemático en tanto que excluye una situación de igualdad y reciprocidad con las mujeres.

En la sentencia, cuando se describe el cuarto vídeo, se puede leer que durante toda la secuencia ella tiene un papel pasivo, una actitud de sometimiento y sumisión, “mientras que alguno de los procesados, muestra bien a las claras actitudes de ostentación y alarde con relación a la situación en que se halla la denunciante y el disfrute de la misma, que subrayan mediante sonrisas” (p. 68). No solo están presumiendo, como se ha señalado, de lo que están haciendo, de la situación en la que la están poniendo a ella para confirmar su masculinidad, sino que también están mostrando que eso les provoca “disfrute”, placer sexual. Disfrutan ejerciendo violencia sexual contra ella. Esto refleja cómo pueden unirse las dos funciones que tiene la sexualidad en esta masculinidad.

2.3. La falta de desarrollo de la empatía y los cuidados en la socialización masculina

En la sentencia se lee que, pese a que en las descripciones de los videos se asevera que se percibe claramente que ella estaba en estado de shock, los acusados afirman que ella estaba consintiendo (p. 33), deseando y disfrutando (p. 313) de las (desde su perspectiva) “relaciones sexuales”. En este punto, se podrían plantear las siguientes preguntas: ¿por qué ellos no están siendo capaces de identificar las emociones de ella? ¿Realmente no lo están siendo? ¿Puede que sí que las estén identificando y decidiendo aun así imponer su deseo? En este apartado y los próximos se analizan algunos factores que pueden influir en la búsqueda de respuestas a estas preguntas.

A lo largo de la historia, las funciones asignadas por el patriarcado a las mujeres han sido las de ser madres y esposas. Por ello, la socialización femenina potenciaba y sigue potenciando, la empatía y los cuidados ajenos (muchas veces, por encima del autocuidado o del bienestar propio). Por el contrario, en la socialización masculina, la empatía y los cuidados ajenos no solo no están potenciados, sino que, en algunos casos, están castigados.

Así, como ya afirmó De Beauvoir (1949), mientras que el género femenino consiste en un “ser para otros” (poner al otro por delante de una misma, estar siempre pendiente del cuidado del otro), el género masculino consiste en un “ser para sí mismo”, en un sentirse el centro. Esto les puede llevar a no tener en cuenta las emociones ajenas. Por tanto, es muy relevante en la reproducción de la violencia sexual: para poder ejercer violencia sexual los varones tienen que ser capaces de imponer su propio deseo, no considerando relevantes las emociones de la mujer contra la que ejerzan violencia sexual.

2.4. La cosificación y sexualización de las mujeres

Otro punto relevante para la pregunta que se planteaba en el apartado anterior es la cosificación y la sexualización de las mujeres que se encuentran en tantas manifestaciones de nuestra cultura. La cosificación de las mujeres es el proceso por el que se las despoja de lo que les hace ser humanas reduciéndolas a objetos, a cuerpos. Al cosificarlas se las despoja de su autonomía, de la relevancia de su emociones y deseos. La sexualización es el proceso por el que, una vez han sido reducidas a cuerpos, estos cuerpos adquieren connotaciones sexuales.

Estos dos procesos, en nuestra sociedad, son un continuo (Salazar, 2017). Se pueden encontrar manifestaciones sutiles de esta conversión de las mujeres en objetos sexuales en la publicidad, en la pintura, en el cine, en el teatro, en la literatura… La violencia sexual es uno de los puntos más extremos de este continuo. “La conversión de las mujeres en objetos sexuales es un proceso de deshumanización en cuyo extremo final está la violencia sexual masculina” (Szil, 2006). En la violencia sexual, la deshumanización de las mujeres es absoluta y sus emociones y deseos carecen de relevancia para quienes la ejercen (lo cual no significa que no perciban esas emociones y esos deseos).

Dado que la presentación de las mujeres como objetos sexuales está tan presente en tantas manifestaciones de nuestra cultura, también se integra en la construcción del deseo sexual masculino hegemónico. Esto es muy relevante en la violencia sexual: para que un varón pueda ejercer violencia sexual contra una mujer tiene que poder cosificarla y sexualizarla, es decir, considerar que sus emociones, sus deseos, su placer, su autonomía… no son relevantes, y que su cuerpo, aquello a lo que la reduce, es sexualmente excitante. Si considerara que sus emociones y sus deseos son relevantes, no podría ejercer violencia sexual contra ella.

Esto aparece reflejado en la sentencia: “en efecto valoramos, que, por parte de estos, se practica […] una sexualidad […] cuyo único objetivo es buscar su propio y exclusivo placer sensual, utilizando a la denunciante como un mero objeto, con desprecio de su dignidad personal, para satisfacer sobre ella sus instintos sexuales” (p. 74).

2.5. La conceptualización del deseo sexual masculino como necesidad

A lo largo de la historia, como explica Puleo (1992), el deseo sexual masculino ha sido conceptualizado como una necesidad biológica. Se ha caracterizado este deseo como un torrente imparable, como una fuerza de la naturaleza. La conceptualización de este tipo de deseos como necesidades es relevante, porque mientras que un deseo puede no quedar satisfecho, una necesidad tiene que poder ser satisfecha. La vivencia de este tipo de deseos como necesidades lleva a muchos varones a sentir que tienen derecho a satisfacerlos.

Es necesario hacer una llamada de atención sobre el hecho de que no es exactamente la satisfacción del deseo sexual masculino lo que se conceptualiza como necesidad (la masturbación permite satisfacer ese deseo de manera individual), sino la satisfacción del deseo sexual masculino empleando para ello el cuerpo de una mujer.

Además, conceptualizar el deseo sexual masculino como una necesidad biológica, como un “instinto” (en palabras de la última cita de la sentencia), transmite la imagen de que los varones, cuando sienten deseo sexual, no tienen la capacidad de gestionar dicho deseo, pues es una necesidad biológica que van a buscar satisfacer de manera instintiva, incontrolable. Esta idea elimina directamente su responsabilidad con respecto a la gestión de su deseo sexual, lo cual es altamente problemático en tanto que la satisfacción del mismo pasa por el uso de los cuerpos de las mujeres.

Todo este discurso que remite los deseos sexuales masculinos a la naturaleza y los caracteriza como necesidades, en último término justifica la violencia sexual. Por un lado, porque afirma que la satisfacción de dicho deseo es necesaria y, por otro lado, porque afirma que ellos no son responsables de cómo gestionen dicho deseo.

2.6. El deseo sexual masculino como protagonista en la masculinidad hegemónica

Coherentemente con las socializaciones explicadas y, por tanto, no por naturaleza, sino por educación, el deseo sexual femenino habitualmente parte de la empatía: el placer de las mujeres está atravesado por el placer y las emociones de las personas con quienes ellas mantengan relaciones sexuales. Esto no ocurre en la misma medida en el deseo sexual masculino hegemónico. Así, para muchos varones que responden a esta masculinidad, su deseo sexual es el principal en las prácticas sexuales y, en algunos casos como el que nos ocupa, más que el principal, el único relevante. Como se puede comprobar en muchos casos de violencia sexual, el deseo sexual masculino hegemónico permite a los varones obtener placer sexual a pesar de la falta de placer, o incluso, del dolor y de la angustia de la mujer a quien tienen en frente. Si su deseo sexual estuviera atravesado por la empatía, no podrían disfrutar ejerciendo violencia sexual. La cosificación de las mujeres también influye en esta característica del deseo sexual masculino hegemónico.

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3.1. ¿Por qué preguntarse por la pornografía hegemónica?

Como afirma De Miguel (2015), el efecto socializador de la pornografía hegemónica ha crecido enormemente debido a que Internet se ha convertido en algo casi omnipresente y la pornografía se difunde, principalmente, a través de este medio. Además, la pornografía no solo se ve cuando se busca, sino que puede aparecer en ventanas emergentes de publicidad en páginas que no tienen ninguna relación con la pornografía. Todo esto es relevante porque, según un estudio reciente, la media de edad con que los menores empiezan a navegar por Internet es de 7 años y la media de edad con que tienen su primer teléfono móvil es de 8 (Martínez, 2018).

El acceso a la pornografía desde Internet carece de restricciones de edad. En algunas páginas web de pornografía aparece un aviso en el que se informa al usuario de que no puede acceder si es menor de edad, pero simplemente con clicar en un recuadro afirmando tener 18 años o más, ya se puede acceder a cualquier vídeo de la página. Además, una enorme cantidad de pornografía es gratuita.

Algunos estudios muestran que la edad de inicio en el consumo de pornografía está disminuyendo. Un estudio de Online MBA llevado a cabo en 2010 afirma que la media de edad con que se accede a la pornografía por primera vez es de 11 años (Mendiola, 2010). Bermejo (2016) afirma que uno de cada tres niños de entre 10 y 14 años de edad consume pornografía regularmente. Como se puede observar, los niños y las niñas van a encontrarse con la pornografía a edades en que, habitualmente, todavía no han tenido sus primeras relaciones sexuales. Además, según Bermejo (2016) tres de cada cuatro españoles consumen porno de forma regular.

A esto hay que sumarle el hecho de que, en España, hoy en día, no existe una buena educación sexual. La que existe está enfocada desde un modelo heteronormativo y coitocéntrico de la sexualidad y sus únicos objetivos son prevenir infecciones de transmisión sexual y embarazos no deseados. Estos objetivos son importantes, por supuesto; pero la educación sexual no puede reducirse a eso. Una buena educación sexual debe hablar de reciprocidad, de placer, de cuidado y autocuidado, de autoestima, de deseo, de comunicación, de consentimiento; y debe incluir entre sus objetivos la prevención de la violencia sexual. El hecho de que esta educación no exista va a hacer que la pornografía sea la información más detallada que tienen los y las adolescentes de cómo será el sexo cuando mantengan sus primeras relaciones sexuales; y, en esta medida, va a colaborar en la construcción de sus expectativas y deseos. La falta de una buena educación sexual dificultará que puedan desarrollar una mirada crítica con respecto a la información que esta pornografía hegemónica les ofrece.

¿Cuál es el resultado de todo esto? Pues que, como afirma De Miguel (2015), la sexualidad, actualmente, en nuestro país, está muy condicionada por el modelo de la pornografía hegemónica. Y esto es un problema porque, como se irá desarrollando, la pornografía hegemónica normaliza y erotiza la violencia sexual contra las mujeres. Como se mostró en un artículo anterior (Alario, 2017), los vídeos más vistos y mejor valorados de Pornhub, así como de YouPorn y RedTube muestran situaciones en que se está dando violencia sexual. “Esta normalización de la violencia sexual masculina podría ocasionar graves consecuencias para las personas más jóvenes, quienes visionan las secuencias pornográficas sin el filtro crítico necesario” (Sambade, 2017). Una investigación de 2007 confirmaba que el consumo de pornografía está relacionado con el 70% de las agresiones sexuales (Núñez).

Se puede encontrar una aproximación a la cantidad de pornografía que se consume en las estadísticas que publica cada año Pornhub, una de las páginas web de pornografía hegemónica más visitadas en España y más grandes del mundo. Según estas estadísticas, Pornhub tuvo 467 visitas por segundo en el año 2013; 582 en 2014; 672 en 2015; 740 en 2016 y 904 en 2017. En 2013, se vieron 63.2 miles de millones de vídeos; en 2014, 78.9 miles de millones; en 2015, 87.85 miles de millones; en 2016, 92 miles de millones. Si se visualizaran, de manera lineal, todas las horas de pornografía que se vieron en esta página en el año 2015, se estaría viendo pornografía durante 502.283 años; si se hiciera lo mismo con la pornografía vista en 2016, se estarían 525.114 años viendo pornografía. Con los vídeos subidos a esta página en el año 2017 se puede estar viendo pornografía de continuo durante 68 años. Todo esto en una sola página web.

Si la pornografía hegemónica es una parte importante de la “educación sexual” en la actualidad, a la hora de analizar la construcción del deseo sexual masculino hegemónico, se deben analizar los mensajes que esta pornografía está transmitiendo a los varones desde que comienzan a verla (en torno a los 11 años). Es lo que se pretende hacer en los próximos apartados.

3.2. El punto de partida de la pornografía hegemónica

La pornografía hegemónica parte del siguiente esquema: el hombre es el sujeto que tiene un deseo sexual y la mujer es el objeto que él va a utilizar para satisfacer su deseo. Da igual cuál sea el deseo de él: en la pornografía hegemónica lo va a satisfacer. Y da igual lo que ella quiera, sienta o desee. La pornografía hegemónica presenta como excitante para los varones la satisfacción de su deseo sexual independientemente de lo que sientan o quieran las mujeres. En esta pornografía se parte de una desigualdad entre hombres y mujeres que no cierra la puerta a la violencia sexual.

Este esquema refleja muchas de las ideas que se han transmitido hasta ahora sobre la sexualidad masculina hegemónica. Se puede observar el protagonismo del deseo sexual masculino, la deshumanización de las mujeres y su conversión en objetos sexuales sin emociones ni deseos relevantes. Además, la pornografía hegemónica une a la perfección las dos funciones que tiene la sexualidad en la masculinidad hegemónica: ser el terreno donde obtener placer sexual y el ámbito donde afirmarse como superiores a las mujeres.

En la pornografía hegemónica las mujeres están absolutamente cosificadas, son cuerpos pasivos. Los propios títulos de algunos de los vídeos más vistos en la página Pornhub lo reflejan: Pequeña jovencita recibe semen en la boca, Perra tramposa es descubierta y chantajeada por una buena cogida en su coñito, Colegiala adolescente recibe una gran polla como una campeona! Atragantarme con una gran corrida, Novia bajita de pechos grandes follada por su novio, Colegiala puta es follada por tres pollas negras, Pequeña adolescente destruida por dos pollas monstruosas… Las mujeres “reciben semen”, “son chantajeadas”, “reciben pollas”, “son folladas”, “son destruidas”…

Todo esto se está poniendo en juego en el caso de La Manada cuando, según la sentencia, en el quinto vídeo uno de ellos dice “a ver illo vamos a organizarnos… me la ha chupado dos veces” (p. 70) mientras ella está de rodillas, en el suelo y con los ojos cerrados, sin dar ninguna muestra ya no de estar disfrutando, sino ni siquiera de estar plenamente consciente. Esto no parece ser relevante para él: él sólo ve un cuerpo, no una persona. Así que quiere que se organicen, se puede intuir que para que “se la pueda chupar” a todos más o menos por igual. Para él, su deseo y el de sus iguales es lo único que importa, los deseos y emociones de ella han desaparecido. La cosificación de las mujeres y el desprecio hacia sus emociones quedan mostrados de manera clarísima en esta actitud.

A continuación, se analizan algunos de los mensajes que la pornografía hegemónica transmite a los varones por medio de la descripción de algunos de los vídeos más vistos en dos de las páginas web de pornografía hegemónica más visitadas en España: Xvideos y Pornhub (3). Además, se estudia cómo se relaciona cada uno de estos mensajes con lo que se puede leer en las descripciones que hace la sentencia de los siete vídeos y las dos fotografías de este caso. También se analizan algunas categorías específicas que se pueden encontrar en la pornografía hegemónica.

3.3. Los mensajes de la pornografía hegemónica

“Producirles dolor físico a las mujeres durante las relaciones sexuales siempre es sexualmente excitante”

En el quinto vídeo, según describe la sentencia, en el momento en que uno de ellos la está penetrando anal o vaginalmente “se escuchan sonidos de golpes secos, cortos y rápidos solapándose con otro registro de sonido de fondo consistente en gemidos y jadeos con tono de voz femenino. A la vez que suenan estos golpes se oye una voz masculina […] que dice ‘sshhh, tranquilo, tranquilo, tranquilo’ y otra que dice ‘un poco más flojito tú, coño’” (p. 70). Esos gemidos o jadeos se escuchan coincidiendo con la actuación del que la estaba penetrando, actuación “que provocó la reacción de algunos de los procesados pidiéndole que estuviera más tranquilo y redujera la intensidad de su actuación” (p. 71). No parecen, según la sentencia, signos de bienestar ni de disfrute, sino más bien, de dolor.

Los vídeos seis y siete están grabados en torno a cinco minutos después. En ellos, ella está tumbada boca arriba con la cabeza apoyada en la pared. En ambos aparecen dos de los acusados, uno con su pene en la mano. “En lo que atañe al análisis del audio de este video (el sexto), apreciamos que se escucha de fondo un sonido de choque metálico o de metal contra cristal, mientras se oye un gemido agudo, compatible con voz femenina […]. No se puede apreciar ninguna actividad de la denunciante, apreciamos que el gemido agudo refleja dolor y fue emitido por ella” (p. 72). En el séptimo, se vuelven a escuchar tres gemidos agudos de tono femenino mientras uno de ellos dice “… Illo esto no tiene guasa” (p. 72). Según la sentencia, también parecen gemidos de dolor. “Al igual que con el vídeo anterior, no se puede apreciar ninguna actividad de la denunciante” (p. 72).

Se carece de información respecto a qué hicieron ellos que pudiera provocar en ella esas expresiones de dolor, repetidas hasta cinco veces en estos tres vídeos cuya duración total es de 44 segundos. Lo que se puede intuir es que debían ser cosas suficientemente agresivas como para que algunos de ellos pidieran al que lo estaba haciendo en el quinto vídeo que estuviera “tranquilo” y que lo hiciera “más flojito”, y le dijeran, en el séptimo, que eso no tenía “guasa”. También se puede intuir que, a quienes lo hicieron, dado que se estaban guiando por su propio deseo, lo que hicieron debía excitarles.

Si bien en apartados anteriores se reflexionaba sobre por qué las emociones, los deseos o el placer de las mujeres no son tenidos en cuenta, aquí ya no se está hablando únicamente de la falta de empatía para con las mujeres, sino de la excitación ante su dolor. Ya se ha dicho que una violación en grupo responde, en parte, a la demostración de esa masculinidad hegemónica, basada en la capacidad de dominar a las mujeres, ante el grupo de iguales, y ahí no se excluye el producirles dolor físico. Pero es importante hacer hincapié en cómo la pornografía erotiza el dolor físico de las mujeres.

La pornografía hegemónica transmite el siguiente mensaje: producirles dolor físico a las mujeres durante las relaciones sexuales siempre es sexualmente excitante. Se puede observar en la enorme cantidad de prácticas que aparecen en esta pornografía que causan dolor físico a las mujeres y que siempre se muestran como una parte más, excitante, de las relaciones sexuales. Prácticas como que les den azotes en la cara, en el culo, en los pechos o en la vulva; que escupan y eyaculen en cualquier parte de su cuerpo: la cara, la boca, los ojos, la nariz, la garganta, los oídos…; que les tiren del pelo tan fuerte o las penetren tan fuerte que se capten con claridad sus muecas de dolor o sus gestos para tratar de frenarles. Prácticas como el face fucking, throat fucking o gagging, (literalmente “follarse la cara de alguien” y “follarse la garganta de alguien”; gagging que viene de gag, que significa tener arcadas), que es como una felación, pero en lugar de ser la mujer quien mueve la cabeza, él se la mantiene inmóvil agarrándola del cuello o del pelo y hace los movimientos con la pelvis. Habitualmente ellos hacen los movimientos de manera tan rápida, brusca y profunda que ellas se atragantan, tienen arcadas, les lloran los ojos, tosen o incluso llegan a vomitar.

Algo curioso: si bien, en la mayoría de estas prácticas, se observan reacciones que expresan dolor en los cuerpos de ellas (muecas, arcadas, gestos con las manos para alejarles…), a la vez, ellas participan activamente en las prácticas y hacen ruidos de placer. Así, el dolor físico de las mujeres durante el sexo queda absolutamente normalizado y erotizado sin ningún tipo de matiz.

En el vídeo titulado “A Kimmy Granger le gusta que le den duro”, que tenía 75.600.623 visitas a día 07/05/2018 y que es uno de los vídeos más vistos en España, se pueden observar diversos ejemplos de este mensaje. Él introduce su pene en la boca de ella manteniendo la cabeza de ella fija y siendo él quien hace los movimientos, movimientos tan bruscos, rápidos y profundos que ella tiene arcadas, se atraganta y le lloran los ojos. La inmoviliza agarrándola del cuello contra la cama y le penetra de manera tan fuerte, rápida y profunda que ella pone su mano en la pierna de él como en un gesto para intentar alejarle y comienza a cerrar sus piernas. La escupe en la boca, le tira del pelo, la pega en la cara, en el culo y en la vulva… en un momento, él la pega tantas veces seguidas tan fuerte que ella llega a agarrarle la mano; pero él se suelta y sigue pegándola. Él la coloca en posiciones cuya única función parece ser que ella esté incómoda, producirle dolor o dejar en manos de él todo el control de la situación: por ejemplo, estando ella a cuatro patas, le quita los brazos de la cama y la sostiene, inclinada hacia delante, únicamente agarrándola del pelo. En estas prácticas, se capta perfectamente en las expresiones corporales de ella que está sintiendo dolor. Ahora bien: ella no cesa de hacer ruidos de placer o incluso pide que lo haga “más fuerte”.

Si se escribe en el buscador de Pornhub Polla monstruosa (Monster cock), se encuentran títulos como La verga monstruosa de Kellan Hartmann destruye a su pequeña novia, con 9.148.421 visitas a 10/05/2018 o Adolescentes rotas – pequeña adolescente destrozada por dos pollas monstruosas, con 8.377.149 visitas a 10/05/2018. En ambos vídeos se observan prácticas sexuales entre uno o varios hombres con penes muy grandes y una adolescente delgada y de bastante menor estatura que ellos. Ellas muestran claramente dolor con sus cuerpos: en momentos de penetraciones especialmente rápidas y profundas, sus caras muestran muecas de dolor y ellas echan las manos hacia ellos para alejarles; ellos responden haciéndolo más fuerte, más rápido, más profundo. En este caso, por cierto, los sonidos también son de golpes cortos, secos y rápidos, como los que describe la sentencia.

En los años que han transcurrido desde que se empezó a realizar un análisis científico y académico de la pornografía hegemónica no se ha encontrado ningún vídeo en que, tras una práctica en que se pueda captar el dolor de una mujer en sus expresiones corporales, se detengan las relaciones sexuales debido a dicho dolor para averiguar si ella se encuentra bien. Por el contrario, eso suele tomarse como motivo para realizar esa práctica más rápido, más fuerte o más profundo. El mensaje que transmite esta pornografía no incluye matices de ningún tipo: producir dolor físico a las mujeres durante las prácticas sexuales siempre es sexualmente excitante.

No se obvia que a algunas mujeres este tipo de prácticas puedan producirles placer, pero no es ese el tema del que se pretende hablar aquí. Aquí se analiza lo problemático de que el mensaje “producir a las mujeres dolor físico durante el sexo es siempre excitante” se transmita sin ningún tipo de matices en una pornografía que los niños y las niñas consumen por primera vez a los 11 años. Este mensaje es relevante porque colabora en la construcción de un deseo sexual masculino en que producir dolor físico a una mujer no lleva a los varones a preguntarse si ella se encuentra bien, sino que les lleva directamente a considerarlo sexualmente excitante.

Gangbangs: el esquema de la manada en la pornografía

Esta situación en que un grupo de varones mantiene relaciones sexuales con o ejerce violencia sexual sobre una o dos mujeres se corresponde a una categoría de la pornografía hegemónica muy vista: los gangbangs. Gang podría ser traducido como “pandilla” o “grupo”, y bang como “follarse a”. Así, gangbang podría significar “sexo en grupo”. Algunos traductores, sin embargo, traducen esta expresión directamente como “violación múltiple” o “violación colectiva”. Gangbang es una categoría dentro de la pornografía hegemónica en que se encuentran vídeos en los cuales, con diversos niveles de violencia, un grupo de varones (entre tres y, según se ha llegado a encontrar, mil doscientos, en un vídeo de dos horas y diecisiete minutos de duración titulado Japonés 1200 tíos bombardean con corridas y bukkake) mantienen relaciones sexuales con o violan a una o dos mujeres. En estos vídeos, la fratría se muestra de una manera muy clara. A continuación, se analizan algunos de los gangbangs más vistos de las páginas Pornhub y Xvideos.

En el vídeo Czech gangbang orgy – Demasiadas pollas para una prostituta guapa, con 3.329.538 visitas a día 07/05/2018, se presenta una situación en que hay dos mujeres en una casa y grupos de hombres que van llamando a la puerta y entrando. Una de las mujeres, que está dirigiendo la situación hasta el momento, desnuda a la otra, la tumba sobre una mesa, les dice que ya pueden empezar y se retira. Los varones se ponen alrededor de la mesa y la van moviendo (la ponen bocarriba, inclinada sobre la mesa con los pies en el suelo…); se van turnando para penetrarla vaginal, anal y bucalmente; los demás, mientras tanto, la tocan y se masturban; algunos eyaculan sobre ella. En varios momentos varios hombres se acercan a eyacular en su cara y ella dice que no lo hagan. Ante la insistencia de ellos, intenta apartar la cara, pero ellos la agarran y eyaculan sobre ella. Los demás, contemplando la situación, se ríen y se animan.

vídeo Porrista (animadora) follada por un equipo de Football completo, que tenía 6.779.535 visitas el día 07/05/2018, se desarrolla en un campo de fútbol americano. El esquema es similar con la diferencia de que la animadora está o tumbada en el suelo, o a cuatro patas, o sostenida en el aire por ellos. Los jugadores la penetran anal, vaginal y bucalmente de manera simultánea. Ellos se jalean y piden su turno.

En el vídeo Massacre!! Orgía con 120 chicos y 2 guarras checas, que tenía 2.975.503 visitas el 07/05/2018, una mujer lleva a otras dos a una sala en la que hay 120 hombres que aplauden cuando ellas entran. La primera les dice: “buenas tardes, caballeros. Os he traído a estas dos chicas. Esta es Darina y aquella es Kamila. Así que ahora podéis hacerles cualquier cosa que queráis”. Ellos ríen. Ella se va, dejando a las dos mujeres en el centro de la sala. Todos se acercan y los que están más cerca intentan romperles las camisetas y comienzan a tocarles los pechos. Una de ellas dice “tranquilos, despacio”, pero ellos siguen haciendo exactamente lo mismo. Después las tumban sobre dos mesas, las rodean y las penetran, las mueven, todos los que caben alrededor de la mesa las tocan mientras se masturban, eyaculan sobre y dentro de ellas, se animan unos a otros, se ríen entre ellos, piden su turno… Al final del vídeo ellas tienen en la piel del cuerpo y de la cara, en el pelo y en su interior el semen de ciento veinte hombres.

En el vídeo Mujer paralizada violada en grupo por los médicos en un hospital, que tenía 19.372.281 visitas a día 17/05/2018, se presenta una violación colectiva en un hospital. La mujer está tumbada en una camilla con una tela delante de la cara para que no pueda ver la supuesta intervención y atada para que no pueda moverse durante la misma. En esa situación, los médicos comienzan a tocar su cuerpo y a penetrarla mientras ella grita “socorro”, “ayuda”, “no puedo moverme”.

Otros títulos de vídeos parecidos son Extremadamente brutal gangbang, puta follada con el puño (3.319.049 visitas el 07/05/2018), Gang Bang inmovilizada, atada a un banco y follada (3.709.233 visitas el 07/05/2018), o Cogida en grupo (5.688.504 visitas el 07/05/2018). En este último se presenta de manera muy explícita una violación colectiva. La situación que plantea es la siguiente: un hombre debe dinero a otro y, este último, va a casa del primero con un grupo de “matones” para presionarle. Cuando parece que le van a dar una paliza, llevan a la mujer a la habitación y ella les dice que no le peguen, que a cambio le hagan a ella cualquier cosa que deseen. Las prácticas, posteriormente, son similares a las que ya se han mencionado.

El esquema de las gangbangs, aunque los niveles de violencia y humillación cambien en función del vídeo, es siempre similar: un grupo de hombres que rodean a una mujer y la penetran por cualquiera de sus agujeros. No se ha encontrado ningún caso en que ninguno de ellos utilice preservativo. Quienes la están penetrando, la mueven de manera que sus agujeros queden colocados para que ellos puedan realizar la práctica que quieren o para que el máximo número de varones puedan penetrarla simultáneamente. Los demás, mientras esperan “su turno” rodeándola, se masturban, la tocan o eyaculan sobre ella. Ellas no aparecen como sujetos activos que muevan su cuerpo para buscar placer, sino que ellos las mueven en función de lo que ellos quieran hacer. Entre los vídeos expuestos en este apartado y los vídeos descritos en la sentencia de La Manada hay grandes similitudes.

En el primer vídeo (p. 59-69), ella está en el centro, de rodillas o en cuclillas y ellos, de pie, rodeándola. Uno de ellos está grabando. Otro, masturbándose, acerca su pene a la boca de ella. Los otros tres, mientras tanto, se masturban. En el segundo vídeo (p. 61-64), ella está en cuclillas y ellos cinco de pie, rodeándola. Uno la coge del hombro para acercarla a su pene, cuando quita la mano de su hombro y ella se aleja, otro le introduce el pene en la boca. Posteriormente otro, que está detrás de ella, le agarra del pelo y la cabeza de ella se inclina hacia atrás. Ella tiene los ojos y la boca cerrados. Él le coge de la nuca y le abre la boca con la mano para introducir en ella su pene. Los otros dos siguen masturbándose.

Según afirma la sentencia, ella muestra durante ambas secuencias “un rictus ausente, mantiene durante todo el tiempo los ojos cerrados” (p. 60) y no hace ningún gesto ni adopta ninguna actitud que muestre que está teniendo iniciativa ni que muestre que desea esa interacción con ellos. Más bien, prosigue, “lo soporta en un estado que nos sugiere ausencia y embotamiento de sus facultades superiores” (p. 60); “muestra una actitud de pasividad y sometimiento, así caracterizadamente cuando Alfonso Jesús Cabezuelo, después de haberle atraído agarrándole del pelo, introduce su pene en la boca de aquella, sin exteriorizar ningún signo que nos permita apreciar, bienestar, sosiego, comodidad, goce o disfrute en la situación” (p. 63-64).

En el tercer vídeo (p. 64-65) ella está en el centro con las rodillas y las manos apoyadas en el suelo. Uno está detrás de ella penetrándola, no se sabe si vaginal o analmente. Otro está delante de ella en cuclillas, introduciendo su pene en la boca de ella. Otro reclama “su turno”: “turno ahora, déjame” (p. 65). “En esta secuencia, no podemos observar el rostro de la denunciante, quien muestra una actitud de pasividad y sometimiento […], tampoco consideramos ninguna interacción sexual y no apreciamos ningún signo que nos permita valorar, bienestar, sosiego, comodidad, goce o disfrute en la situación” (p. 65).

En el cuarto y en el quinto vídeo el esquema es el mismo: ella está situada en el centro y ellos se colocan alrededor para poder penetrarla anal o vaginalmente y bucalmente de manera simultánea. En el cuarto vídeo (p. 65-68), el que la está penetrando bucalmente, según la sentencia, “tiene apoyada su mano derecha en la parte posterior de la cabeza de ella lo que evoca una actitud de orientación de la actuación por parte de aquel” (p. 67). Ella sigue mostrando actitud de pasividad y sometimiento, sin dar señales de estar sintiendo ningún tipo de placer.

Así, según describe la sentencia, ella está en el centro, rodeada por ellos. Ellos la van moviendo, agarrándola del pelo, de los hombros, de la cabeza o de la nuca, para penetrarla, de manera sucesiva, bucalmente (cuando ella tiene la boca cerrada, se la abren con la mano), y para que unos, en algunos casos, puedan penetrarla anal o vaginalmente mientras otros lo hacen bucalmente. Ella no muestra signos de bienestar ni de placer, ni parece estar plenamente consciente. La sentencia dice explícitamente que no hay interacción, que son ellos quienes están actuando sobre el cuerpo de ella de manera unilateral, que son ellos quienes “orientan la actuación”, quienes dirigen sus movimientos, quienes deciden de cuál de ellos es “el turno”.

Se puede observar en lo descrito una cosificación absoluta. En la descripción del quinto vídeo del caso de La Manada, uno de ellos dice “quita quillo, espérate, no la levantes tanto, chupa ahí” (p. 70). “No la levantes”: al igual que en los vídeos de pornografía hegemónica, aquí no es ella quien está haciendo con su cuerpo lo que quiere, son ellos quienes van moviendo el cuerpo de ella para hacer lo que ellos quieren. El único deseo relevante es el de ellos. Él no le dice a ella que, si le parece bien, no se levante tanto, él le dice a otro de ellos que no la levanten tanto. Son ellos quienes están moviendo su cuerpo para poder acceder a él.

En los vídeos de pornografía hegemónica comentados, el placer de ellas ha desaparecido completamente. En algunos se presentan transgresiones a límites que ellas han explicitado o expresiones de desagrado, dolor o asco por parte de ellas, algo que a ellos les produce risa y les anima a seguir y a repetirlo. La fratría se refuerza en estas prácticas de una manera muy clara. Esto también se puede observar en las descripciones de los vídeos de este caso. Para entenderlo, es necesario tener en cuenta la doble función de la sexualidad en la masculinidad, la búsqueda de placer sexual y la confirmación de su superioridad como grupo con respecto al grupo de las mujeres.

Bukkakes: un tipo de gangbang

Bukkake” es otra categoría muy relevante en las páginas de pornografía hegemónica. Los bukkakes son prácticas en las que un grupo de varones (se han llegado a encontrar bukkakes con mil doscientos, como el mencionado en el apartado anterior, que unía esta práctica con un gangbang) se sitúan en círculo rodeando a una mujer, que habitualmente está arrodillada. El nombre de esta práctica hace referencia en concreto a que todos eyaculen en ella, habitualmente en su boca para que ella se trague el semen, pero también en su cara, en su piel o en su pelo. Para esto, ellos se masturban y, cuando van a eyacular, se acercan a ella. En algunos casos ella les masturba o les hace felaciones. A veces todos eyaculan en algún recipiente para que ella luego se beba el semen. A continuación, se analizan algunos de los bukkakes más vistos de las páginas Pornhub y Xvideos.

En el vídeo Despiadadamente ahogada en leche, que tenía 2.656.619 visitas a día 17/05/2018, ella está caracterizada de una manera muy infantil y mantiene en su boca, durante los 17 minutos y medio que dura el vídeo, el semen de todos los varones que van eyaculando en ella. Cuando eyaculan en alguna parte de su cuerpo ella lo recoge con el dedo y se lo introduce en la boca. Ellos le piden que haga gárgaras y pompas con el semen mientras siguen eyaculando en su boca. Ella muestra que le encanta, aunque en algún momento se puede percibir con claridad que tiene arcadas. Cuando su boca está llena le dan un vaso para que eche el semen en él. Después, siguen eyaculando en su boca y, cuando vuelve a estar llena, repiten el proceso. Cuando el vaso está bastante lleno, ella se pone a cuatro patas, y mientras unos la penetran vaginal o analmente, otros le dan el semen con una cuchara para que se lo beba.

En el vídeo Puta adolescente negra se come varias pollas y recibe corridas en la cara, que tenía 3.385.545 visitas a día 17/05/2018, se ve a una chica desnuda, tumbada bocarriba en una cama, que mantiene durante una gran parte del vídeo los ojos cerrados y los músculos de la cara contraídos. Se observan los penes de diversos varones que van situándose a su lado justo antes de eyacular. En algunos momentos abre la boca, pero cuando ellos eyaculan se perciben sus muecas de asco y a veces la cierra. Al final del vídeo ella tiene la cara completamente cubierta de semen.

El vídeo Tragando las eyaculaciones más espesas y abundantes tenía 5.183.150 visitas a día 17/05/2017. Es una recopilación de 21 bukkakes. En los 21 ellas están de rodillas en el centro y ellos eyaculan en su cara y en su boca. En algunos hay dos chicas en el centro y al final se pasan el semen de la boca de una a la boca de otra. En muchos de estos bukkakes se captan a la perfección expresiones de asco por parte de ellas, que tosen o tienen arcadas y se llevan la mano a la boca para tapársela como si estuvieran a punto de vomitar. Incluso en estos casos se puede ver cómo al final ellos les dicen que se traguen el semen y luego les piden que abran la boca para comprobar que lo han hecho.

Esta práctica tiene muchos aspectos en común con los gangbangs. En los bukkakes también hay un gran refuerzo de la fratría y los varones celebran su complicidad con respecto a su capacidad de dominar a las mujeres, en estos casos, produciéndoles asco. Es muy habitual, por ejemplo, que cuando algún varón eyacula en los ojos de la mujer, esta los cierre y ponga cara de desagrado mientras ellos ríen; o que cuando ellas tosen o tienen arcadas, ellos rían y se animen unos a otros a seguir eyaculando.

“Mantener relaciones sexuales con (violar a) una mujer que está dormida, borracha, drogada, inconsciente o en estado de shock, es sexualmente excitante”

En el quinto vídeo, según describe la sentencia, ella está en el centro, con las rodillas en el suelo, rodeada por ellos. Uno está detrás de ella y la está penetrando, no se sabe si anal o vaginalmente. Mira a la cámara y sonríe “con deleite”. Mientras tanto, sucesivamente, dos de ellos le introducen sus penes en la boca, uno de ellos agarrándola del cuello para moverle la cara. Otros dos le pasan sus penes por la cara mientras se masturban (uno de ellos, el que está grabando). Algunos, para dirigirla, le agarran del pelo por la parte superior de la cabeza. Así lo refleja la sentencia: “En algunas secuencias, comprobamos que alguno de los procesados le agarran del pelo por la parte superior de la cabeza, así en concreto: […] visualizamos como una mano le agarra del pelo en este momento que se observa como un pene está parcialmente introducido en la cavidad bucal de la denunciante […]. A la finalización de vídeo se observa un primer plano de una mano que agarra del pelo a la denunciante. En la secuencia antes reflejada […] observamos cómo gira la cabeza […], manteniendo durante este giro otro de los procesados su mano derecha en la parte posterior de la cabeza de la denunciante asiéndole un mechón de pelo y a continuación José Ángel Prenda lleva su pene con la mano izquierda hacia la cara de la denunciante, introduciéndolo en la cavidad bucal; no apreciamos que la denunciante posea el control de la situación, ni gesto o actitud de cualquier índole que nos induzca a pensar en que ella decida ser penetrada de ese modo” (p. 71).

Según afirma la sentencia, la situación “nada tiene que ver, con un contexto en el que la denunciante estuviera activa, participativa, sonriente y disfrutando de las prácticas sexuales” (p. 73); “no percibimos en dichos videos ningún signo que nos permita valorar, bienestar, sosiego, comodidad, goce o disfrute en la situación por parte de la denunciante; contrariamente a lo que apreciamos en cuanto a las actuaciones de los procesados” (p. 74). Durante todo el tiempo que transcurre en ese cubículo ella muestra “un rictus ausente, mantiene durante todo el tiempo los ojos cerrados” (p. 60), “lo soporta en un estado que nos sugiere ausencia y embotamiento de sus facultades superiores” (p. 60). En concreto, el quinto vídeo “ilustra en nuestra consideración bien a las claras la realidad de la situación, muestra de modo palmario que la denunciante está sometida a la voluntad de los procesados, quienes la utilizan como un mero objeto” (p. 71).

Ella está claramente en estado de shock, no interactúa, no participa, no abre los ojos y ellos la van agarrando para moverla. Además de por todo lo mencionado hasta ahora: la carencia de empatía, la confirmación ante el grupo de iguales de una masculinidad basada en la capacidad de dominar a las mujeres, la centralidad del deseo sexual masculino… ¿cómo pueden ellos obtener placer sexual en una situación en la que ella ni siquiera muestra estar plenamente consciente?

La pornografía hegemónica erotiza el hecho de que las mujeres no estén en circunstancias de consentir ni de desear, ya sea porque estén dormidas, drogadas, borrachas, inconscientes o en estado de shock. Hay una enorme cantidad de vídeos en los que ellas están en estos estados, lo cual aparece reflejado de manera explícita en los títulos. Estos vídeos transmiten a los varones el mensaje de que las prácticas sexuales con mujeres que no pueden consentir y/o desear son sexualmente excitantes para ellos. Títulos como Anal cuando estaba borracha tenía 15.497.291 visitas a día 07/05/2018, o Hermano se folla a hermana dormida tenía 20.955.911 visitas ese mismo día. La última vez que se comprobaron las visitas de este vídeo, el 12/02/2018, tenía 11.192.018. En tres meses lo han visto casi 10 millones de personas.

Una mujer que está en cualquiera de estos estados no puede consentir ni desear y por ello, cualquier práctica sexual que la involucre es violencia sexual. En estos casos, la afirmación de la superioridad es clara: el varón afirma que no necesita, ya no su permiso, sino ni siquiera su consciencia, para hacer lo que quiere hacer. Por medio de este mensaje transmitido en la pornografía hegemónica, en este tipo de violencia sexual se está erotizando de manera directa.

“Aunque parezca que las mujeres no quieren mantener relaciones sexuales contigo, en el fondo lo están deseando”

Pese a que las descripciones de los vídeos que se leen en la sentencia sean absolutamente tajantes con que ella en ningún momento estaba activa, participativa, disfrutando o plenamente consciente, los acusados afirman que en todo momento ella “estaba activa, cien por cien participativa, se reía, disfrutaba y se le notaba en la cara. Cuando se fueron, se encontraba perfectamente” (p. 87). “Las defensas de los procesados afirman que las relaciones sexuales se tuvieron con el consentimiento pleno de la denunciante” (p. 33).

Es difícil creer que ellos realmente pudieran pensar eso si, como se repite tantas veces a lo largo de la sentencia, ella estaba con los ojos cerrados, ausente, sin mostrar placer ni deseo, incluso acorralada y chillando en algunos momentos, cosa de la que ellos se jactaban. Bastante extraño resulta también que alguien, como el Magistrado D. Ricardo Javier González González, pueda creer que ellos creían que ella estaba disfrutando de esa situación. En su voto particular afirma que “interactúan y el modo en que se dirigen a ella a mí me sugiere que todos creen que ella participa con ellos en lo que están haciendo”. Que un hombre tenga que abrirle la boca con su mano a una mujer para introducir en ella su pene cuando ella está en estado de shock no parece una señal de que ella esté participando, sino más bien de que está siendo forzada a “participar”.

De cualquier manera, lo crean los acusados o no, lo crea el Magistrado D. Ricardo Javier González González o no, es lo que han mantenido; y lo que se pretende hacer en este apartado es señalar el discurso y la idea que hay detrás de esta afirmación.

Una idea que forma parte de la cultura de la violación y que repite de manera incansable la pornografía hegemónica es que, aunque parezca que las mujeres no quieren mantener relaciones sexuales contigo, en el fondo lo están deseando. Este mensaje se encuentra en la enorme proporción de vídeos que muestran situaciones en que ellas, al principio, claramente no desean mantener relaciones sexuales, en que acaban realizando esas prácticas por algún tipo de presión, coacción o chantaje, y en que, más adelante, según avanzan las prácticas sexuales, ellas comienzan a participar activamente y a expresar que están sintiendo mucho placer. Así, la violencia sexual de estas situaciones en que ellas son presionadas, coaccionadas o chantajeadas queda oculta tras el hecho de que ellas, finalmente, parecen disfrutar. La moraleja es clara: al final disfrutan y, por tanto, lo de mostrar que no querían era un engaño, en realidad lo estaban deseando. Este discurso convierte cualquier “no” de una mujer en un “puede que sí” y esto, claramente, colabora en la reproducción de la violencia sexual. A continuación, se analizan dos de los millones de vídeos que transmiten este mensaje.

El vídeo Sislovesme (mi hermana me quiere) – entrenando a mi hermana ñoña para que ame mi verga, uno de los más vistos en Pornhub, tenía 60.843.735 el día 07/05/2018. Al principio de este vídeo, en letras blancas sobre fondo negro, aparece la expresión “La puta interior de mi hermanastra” (“My stepsisters inner slut”). El vídeo está dividido en tres partes, que aparecen marcadas también con letras blancas sobre fondo negro.

El “Capítulo” 1 se titula “Pasa el vodka” (“Chapter 1: pass the vodka”). En este vídeo, ella está sentada en el sofá leyendo. Él le dice: “¿estás en casa? ¿Qué haces? Es un jodido sábado por la tarde, ¿por qué estás en casa?” Ella le responde que su profesor le ha dado trabajo extra. Él le dice que no se lo tome a mal, pero que es una empollona. Le comenta que su padre y su madre no están en casa y le dice que espere en el sofá, que ahora vuelve. Se ve cómo va a la cocina y sirve un vaso de vodka. Se lo lleva y le dice “quiero que te lo bebas”; ella pregunta “¿qué es?”, y él responde “sólo bébetelo, sólo trágatelo”. Él le repite a ella siete veces, de distintas maneras, que quiere que se lo beba, y le dice que confíe en él, que se sentirá mejor en un momento. Por el título del vídeo se sabe que lo que él pretende es “entrenar a su hermana ñoña para que ame su verga”. Ella, después de las siete repeticiones, se lo bebe, afirmando que está asqueroso. La situación y su actitud muestran que no es algo que esté deseando hacer. Se corta la escena y lo siguiente que se observa es que la actitud de ella ha cambiado radicalmente: si bien antes estaba recostada en el sofá, no de frente a él sino de lado y su tono de voz mostraba que le estaba incomodando la situación, ahora está situada frente a él, sonriéndole y con tono de voz sensual. Él le pregunta que cómo se siente, que si está más calentita y relajada. Ella le dice que se siente bien y él le pregunta si quiere quitarse la camiseta. Ella se la quita, se corta la escena y lo siguiente que se ve es que ella está desnuda y que él le está introduciendo un dedo en la vagina. Ella le pregunta si puede hacerle una felación, se vuelve a cortar la escena y eso es lo siguiente que aparece. Él eyacula dentro de su boca sin avisar y termina la primera parte.

El segundo “capítulo” se titula “Mojada y salvaje” (“Chapter 2: wet n’wild”). En esta parte se observa cómo él la está grabando por la puerta entreabierta del baño sin que ella lo sepa. Ella está saliendo de la ducha. Cuando le ve le grita en tono de enfado: “¡No! ¿Qué estás haciendo?”. Él le dice “shhhhhh” para que no grite y se calle y ella, que sigue alterada, le sigue preguntando: “¿qué cojones haces aquí dentro? ¿Por qué estás aquí?”. Él le dice que se calle y le pregunta repetidamente que cuál es el problema, mientras ella sigue preguntándole qué está haciendo. Él explica en tono condescendiente que ella ha dejado la puerta abierta y que él sólo quería usar el baño. Se corta la escena y lo siguiente que se ve es que ella le está enseñando sus pechos y le pregunta si ya está contento. Él comienza a tocarlos. Se vuelve a cortar la escena y, después del corte, se observa que ese cambio de actitud de ella ha vuelto a ocurrir: si bien antes estaba enfadada, asustada y alterada y mostraba no comprender la situación, ahora está practicando un coito vaginal con él, sin preservativo, y muestra estar disfrutando. Después él le dice “me acabo de correr dentro de tu coño”. Ella se da la vuelta asustada y le dice: “¿Qué? ¿Dentro? No, ¿qué cojones, tío? ¿En serio?”. Él le responde que sí y se corta el vídeo.

Es importante destacar lo innecesario de esta última parte, ya que podrían haber mostrado que él eyaculaba sin dar más detalles, pero se detienen a especificar que ella no lo sabía y no quería que él lo hiciera. Esto permite afirmar que se está erotizando específicamente el hecho de que ella no estaba siendo consciente de que él iba a eyacular, de que no quería que lo hiciera y de que, aun así, él lo haya hecho. Es decir: se está erotizando el hecho de que él haya eyaculado en su interior sabiendo que lo hacía sin que ella lo supiera, ni lo consintiera, ni lo deseara. Esto es muy relevante, y más aún cuando la consecuencia de esta acción puede ser tan grave como un embarazo no deseado. Se está erotizando directamente la transgresión de los límites de ella.

La tercera parte se titula “Puta por naturaleza” (“Chapter 3: slut by nature”). En ella se observa que él entra en un cuarto donde ella está durmiendo, tapada con una manta. Él la destapa y ella está en ropa interior. Él comienza a masturbarse. Cuando ella se despierta y le ve, su reacción muestra que está asustada y enfadada. Le pregunta que qué está haciendo, que por qué está en su cuarto. Le dice que no quiere hacer eso más. Él le dice “bueno, es la última vez. La última vez, te lo prometo”. Se vuelve a cortar la escena y, en la siguiente, se vuelve a percibir con claridad el cambio en la actitud de ella que, si bien antes estaba enfadada y asustada, ahora está disfrutando. Se ve que practican la penetración vaginal y que luego ella le hace una felación hasta que él vuelve a eyacular en su boca sin avisar.

En las tres partes se observa el mismo mecanismo que en muchísimos otros vídeos: se muestra que ella no quiere mantener relaciones sexuales, pero él hace algo que, tras un corte en la escena, muestra que la actitud de ella ha cambiado. Se puede ver que, en la primera parte, él trata de emborracharla para conseguir lo que desea; en la segunda, la está acosando y espiando; y, en la tercera, está comenzando a realizar prácticas sexuales y destapándola para mirarla mientras tanto cuando ella está dormida, es decir, sin su consentimiento ni su deseo. Como en las tres partes, al final, ella muestra que está disfrutando, se están legitimando y erotizando las actitudes y comportamientos de él, y se presentan de manera acrítica como formas de “conseguir” realizar “prácticas sexuales”.

En uno de los vídeos más vistos de Pornhub, Jugando con mi hermanastra y amigas, que a día 07/05/2018 tenía 67.231.380 visitas, se encuentra un ejemplo claro de esta situación. Se muestra cómo un chico graba con su móvil por el hueco de una puerta entreabierta. Dentro de la habitación están la que debe ser su hermanastra y las amigas de esta, en ropa interior, bailando y probándose otras prendas. Ellas, mostrando enfado cuando se dan cuenta de que son espiadas, le dicen “para”, “vete”, “no”, “déjanos en paz”, y le cierran la puerta. Él vuelve a abrir para seguir grabando, y ellas le vuelven a decir que se vaya. Esto se repite cuatro veces. Después, se ve al chico colocando la cámara en un salón vacío, de manera que graba la habitación. Se corta la escena y, en la siguiente, las chicas están en ese salón, tumbadas boca abajo en el suelo mirando hacia donde está la cámara, comiendo palomitas y parece que viendo una película (la pantalla de la televisión debe estar donde está la cámara), sin saber que están siendo grabadas. Por detrás de ellas aparece él, sin camiseta y con los pantalones bajados, masturbándose. Ellas no se dan cuenta de que él está ahí. Después él se inclina sobre una de ellas y comienza a realizarle un beso negro (estimulación del ano con la boca) sin que ella supiera que lo iba a hacer. Ella se da la vuelta y le mira, y él le hace un gesto para que no diga nada. Vuelve a haber un cambio de escena y lo siguiente que se ve es que otra de ellas le está haciendo una felación. Más adelante, hay otro cambio de escena y se ve que él está manteniendo relaciones sexuales con las tres y ellas participan mostrando placer.

Este vídeo también presenta una situación de violencia sexual: él, desde el primer momento, no está respetando su “no” explícito, las está grabando sin su consentimiento, comienza a masturbarse detrás de ellas sin que ellas lo sepan, realiza una práctica sexual con una de ellas sin que ella supiera que lo iba a hacer, por tanto, sin consentimiento, y cuando todo señalaba que ella no deseaba que él lo hiciera. Ahora bien, según va avanzando el vídeo llega un momento en que ellas muestran estar sexualmente excitadas, disfrutando. Así, la violencia sexual queda oculta tras el placer de ellas y se transmite que, aunque pareciera que ellas no querían, en el fondo lo estaban deseando.

El mensaje es claro: ellas, aunque en principio parezca que no quieren mantener relaciones sexuales con cualquier chico o digan claramente que no quieren, siempre lo están deseando, y si este las presiona, las chantajea, las emborracha, las acosa o comienza a realizar prácticas sexuales en que ellas están implicadas cuando ellas no se lo esperan o cuando ni siquiera están conscientes, ellas acabarán accediendo y el chico acabará consiguiendo lo que desea. Y como ellas muestran disfrutar, no se percibe la violencia sexual. La violencia sexual de estos casos queda oculta por el hecho de que, al final, ellas muestran estar sintiendo placer.

Este mensaje es muy relevante en la reproducción de la violencia sexual, porque construye un deseo sexual masculino; en el que actitudes como presionar, chantajear, acosar o emborrachar a una mujer se viven como una manera más de comenzar un contacto sexual. También legitima a los varones para que ejerzan ciertas dosis de intimidación que pueden generar presión, bloqueo o miedo en las mujeres, que pueden reaccionar sometiéndose por miedo a una violencia mayor y, ellos, apoyándose en este discurso, podrán decir que ella consintió o incluso que, en el fondo, lo estaba deseando.

“Violar es sexualmente excitante”

Supongamos que, en realidad, los cinco acusados hayan sido capaces de captar, igual que las personas que han visto esos vídeos a lo largo del juicio, a excepción del magistrado D. Ricardo Javier González González, que estaban ejerciendo violencia sexual contra ella. Pongamos que esas actitudes de jactancia de los acusados ante cómo estaban aprovechando, de manera consciente según la sentencia, la vulnerabilidad de ella, significan que estaban ejerciendo violencia sexual de manera consciente y lo estaban disfrutando. Imaginemos que estaban siendo capaces de percibir que ella no quería realizar esas prácticas sexuales y, aun así, decidieran violarla. No parece tan difícil de imaginar cuando era algo de lo que presumían abiertamente en sus grupos de Whatsapp. Si este fuera este caso, tendríamos que preguntarnos, en concreto: ¿cómo han aprendido a erotizar la violencia sexual?

Una vez más dirijamos nuestra mirada a la pornografía hegemónica. Esta pornografía no sólo erotiza, como se ha visto, situaciones de violencia sexual en las que las mujeres, finalmente, parecen disfrutar; también erotiza situaciones de violencia sexual en las que se percibe a la perfección durante todo el vídeo que ellas no quieren mantener relaciones sexuales y que están bloqueadas o sufriendo. La pornografía hegemónica erotiza la violencia sexual y las violaciones, y erotiza el dolor, el sufrimiento, el miedo, el bloqueo y la angustia de las mujeres.

En el vídeo Obligada a satisfacer a sus secuestradores, dos hombres raptan a una mujer que va andando por un descampado y la introducen por la fuerza en una furgoneta mientras en el vídeo aparecen las palabras Road rape (Violación en la carretera). La llevan a una granja, la tumban encima de un montón de paja, le atan las manos mientras ella intenta soltarse, le rajan la ropa con una navaja hasta desnudarla mientras ella se retuerce y la violan durante casi 48 minutos. Cuarenta y ocho minutos en los que ella no para de gritar, llorar, patalear para tratar de quitárselos de encima e intentar liberarse. El vídeo tenía 9.240.246 visitas a día 07/05/2018 y un 98,03% de votos positivos.

En otro vídeo, Violada en medio de la carretera (el título original está en tailandés), una mujer tirada en el suelo llora durante casi cinco minutos mientras varios hombres la penetran. Está completamente inmóvil. Hay primeros planos de su cara: está empapada, llorando y muestra una angustia desgarradora, con la boca abierta en una mueca de dolor. Al final, cinco hombres orinan sobre ella mientras ella sigue tirada en el suelo llorando. Este vídeo es particularmente difícil de ver porque está grabado con una cámara de baja calidad, como si fuera de un teléfono móvil, y no parece en absoluto que esté realizado por personas que están actuando. Tenía 2.898.823 visitas el día 07/05/2018 y un 99,01% de votos positivos.

Se pueden encontrar una gran cantidad de vídeos en los cuales se observa cómo ellos emplean la fuerza y la violencia; cómo ellas gritan de manera desgarradora durante todo el vídeo, cómo lloran angustiadas, cómo intentan liberarse, cómo se retuercen; y cómo ellos les pegan, les tapan la boca o les introducen el pene para que no griten, las agarran del cuello, las atan, las inmovilizan, las escupen y siguen violándolas, disfrutando con ello. También hay vídeos en los que ante la violencia sexual ellas se quedan completamente inmóviles, con los ojos cerrados, en estado de shock, exactamente de la misma manera que describe la sentencia; y ellos siguen violándolas.

Es relevante destacar que en la mayoría de estos vídeos también aparecen varios hombres y una sola mujer, aunque en los títulos no aparezca la palabra gangbang. La fratría y la confirmación de la masculinidad ante los iguales juegan un papel muy importante en los videos de varones que ejercen violencia sexual en grupo. Los varones se están mostrando unos a otros que son capaces de dominar a las mujeres, están compartiendo esa complicidad y reconociéndose como miembros del mismo grupo. En algunos vídeos se observa cómo entre ellos se animan, se jalean, se ríen de lo que otros les están haciendo a ellas, reclaman su turno…

En Xvideos, “violación” es una de las palabras más buscadas. En los vídeos que aparecen bajo esta categoría se encuentran títulos como Violación padrastro abusa de su hijastra después de drogarla (6.743.696 visitas a día 09/05/2017), Violando a una prostituta mexicana en trio gangbang orgía, Linda chica siendo violada en grupo (3.743.972 visitas a día 09/05/2017), Viola a su hermana borracha mientras duerme (4.019.624 visitas a día 09/05/2017), Violación de niñas colegialas chinas (4.034.090 visitas a día 09/05/2017), Violando a su hermana (6.412.510 visitas a día 09/05/2017), Violada por su hermano en el baño (incesto forced) (8.003.967 visitas a día 09/05/2017), Violación madre e hija violadas (11.758.570 visitas a día 09/05/2017), ¡Chica violada por negro! gritando violación virginidad primera vez polla enorme (13.089.324 visitas a día 09/05/2017)…

Que la pornografía hegemónica erotiza las violaciones es algo innegable.

Que los varones se exciten y se masturben con vídeos en los que se muestra a mujeres llorando, gritando de manera desgarradora, intentando liberarse, sufriendo o en estado de shock mientras son violadas por uno o varios hombres, es altamente relevante: están aprendiendo a erotizar la violencia sexual. Y que la eroticen es un paso necesario para que luego puedan ejercerla. El deseo sexual masculino que construye esta pornografía hace que ejercer violencia sexual contra las mujeres produciéndoles bloqueo o sufrimiento ya no solo no sea incompatible con obtener placer, sino que pueda precisamente verse como algo excitante. Por supuesto, esto es necesario relacionarlo con lo mencionado en los apartados previos: la falta de empatía hacia las mujeres y su cosificación, así como la vivencia de la sexualidad en la masculinidad hegemónica como terreno de confirmación de la capacidad de dominar a las mujeres.

Un dato relevante: en Xvideos, Pornhub y Xhamster, tres de las páginas web más visitadas en España (Xhamster, según el ranking mencionado, está en el puesto 34), el video de La Manada está entre los más buscados desde nuestro país. En Pornhub, “Manada San Fermín” es tendencia: ha sido la búsqueda más realizada en las semanas posteriores a la publicación de la sentencia. En esta misma página, “Manada” es la octava búsqueda más realizada. En Xvideos, “La Manada” es la búsqueda más realizada, y “Manada”, la segunda. “Violación”, “San Fermín”, “Abusada”, “La manada violación” y “Prenda” también son tendencia en esta última página. Estos últimos datos se tomaron el día 03/05/2018, una semana después de que se hiciera pública la sentencia. En Xhamster, 300 personas buscan cada día el término “La Manada” desde España; y, según indica su vicepresidente y portavoz, van subiendo. El incremento viene ocurriendo, teniendo en cuenta el cambio horario entre España y la sede de Xhamster, desde el día 26 de abril en España: el día que se hizo pública la sentencia.

La humillación por la humillación

En la sentencia del caso de La Manada, haciendo referencia al sexto y séptimo vídeo, se afirma lo siguiente: “la denunciante en estos dos últimos vídeos está agazapada, acorralada contra la pared por dos de los procesados, expresó gritos que reflejan dolor y no apreciamos ninguna actividad de ella. Estas imágenes evidencian que la denunciante estaba atemorizada y sometida de esta forma a la voluntad de los procesados” (p. 72). La sentencia afirma que “ante el cariz que estaban tomando los hechos, Antonio Manuel Guerrero decidió cortar definitivamente la toma de videos” (p. 73).

Los acusados toman las dos fotos cinco minutos después del séptimo vídeo. En ellas, Prenda “tiene apoyados sus glúteos sobre la cara de la denunciante, situada en un plano inferior […]. (Él) mira hacia el dispositivo de grabación, al tiempo que extiende su brazo derecho hacia atrás y hace un gesto con su dedo señalando hacia su glúteo derecho” (p. 73). “La situación que muestran las fotos, revelan el episodio final, se manifiesta la situación de sometimiento y sumisión de la denunciante a la voluntad de los procesados. De otra parte, no podemos dejar de subrayar la actitud que apreciamos en dichas fotografías de José Ángel Prenda, quien con su gesto manifiesta, jactancia, ostentación y alarde, por la actuación que está realizando, con desprecio y afrenta a la dignidad de la denunciante” (p. 73).

¿Por qué uno de ellos decide hacerse una foto poniendo sus glúteos sobre la cara de ella cuando estaba tumbada en el suelo y cuando un momento antes estaba acorralada contra la pared, gritando y, según la propia sentencia, “atemorizada”? ¿Qué tipo de placer, que ya no parece sexual, obtiene con esto?

Queda destacado que la sexualidad en la masculinidad hegemónica cumple dos funciones: permite a los varones obtener placer sexual y permite a los varones afirmarse como capaces de dominar a las mujeres. En algunos casos o momentos de la violencia sexual, parece que la función predominante es la segunda, dado que los varones hacen cosas que no parecen producirles placer sexual, sino únicamente el placer de afirmarse como superiores humillando a las mujeres. Esto también se encuentra en la pornografía.

En algunos casos, la pornografía se revela como un catálogo de prácticas cuya función principal ya no es producir placer sexual a los varones, sino humillar a las mujeres. Hay vídeos en los que las penetran mientras meten sus cabezas en retretes, en bañeras y se las mantienen sumergidas haciendo fuerza con sus manos durante el tiempo suficiente como para que ellas empiecen a moverse de manera descontrolada; en los que eyaculan en sus ojos, les pisan la cabeza contra el suelo mientras las penetran, les llenan la boca de semen y se la cierran mientras les tapan la nariz hasta que comienzan a ahogarse o se atragantan… Hay vídeos en los que, según los títulos, las convierten en “máquinas perfectas de hacer felaciones”: las arrodillan, las inmovilizan atándolas, mantienen su boca abierta con un aparato metálico y sujetan su cabeza con otro aparato que se la mueve hacia adelante y hacia atrás.

También existen vídeos de prácticas en los que el único placer que ellos obtienen es el de humillarlas, prácticas como orinar y defecar sobre o dentro de las mujeres, utilizando en ocasiones aparatos metálicos que les mantienen algunos de sus orificios abiertos, ya sea la boca, la vagina o el ano, para hacerlo más fácilmente, les dan descargas eléctricas, les introducen cuchillos u objetos afilados o punzantes en algunos de sus orificios…

En muchos casos, como afirma Núñez (2016), parece que la pornografía se hace “una sola pregunta, obsesiva, definitiva: ¿qué más se le puede hacer a una tía?”. Efectivamente, “la pornografía actual constituye un extenso, misógino y pedagógico registro de violencia contra las mujeres en sus más diversas y crueles formas. Es, por tanto, un cauce hacia la violencia sexual” (Sambade, 2017).

3.4. Unas breves conclusiones: pornografía y violencia sexual

La pornografía hegemónica parte de un esquema, ellos son los sujetos que tienen un deseo, cualquier deseo que implique sexo, violencia o humillación y, ellas, los objetos que ellos van a utilizar para satisfacerlo. Esta pornografía inspira un modelo de sexualidad en el que las mujeres quedan reducidas a objetos sexuales y, por tanto, lo que ellas sientan, quieran o deseen es irrelevante para ellos. El único deseo y placer relevante en esta pornografía es el masculino. En este párrafo se está describiendo la pornografía hegemónica, pero, como se ha podido comprobar, es una descripción que valdría para los vídeos que aparecen descritos en la sentencia.

La pornografía hegemónica construye un deseo sexual masculino en el que obtener placer no es incompatible con ejercer violencia contra las mujeres. Esta pornografía enseña a los varones a connotar eróticamente la falta de consentimiento y la falta de deseo de las mujeres, su dolor físico, su bloqueo y su sufrimiento. Les enseña a connotar eróticamente la violencia sexual contra ellas. Ya no solo compatibiliza obtener placer sexual con ejercer esa violencia, sino que en algunos casos presenta precisamente ejercer esa violencia como lo que produce placer sexual. Esta es la misma pornografía que ven tres de cada cuatro españoles; la que comienzan a ver niños y niñas a una media de edad de 11 años; la que uno de cada tres niños entre 10 y 14 consume de manera regular; la que, a falta de otra educación sexual, se convierte en la información más concreta que tienen sobre lo que es el “sexo”.

La pornografía hegemónica construye este modelo de deseo sexual masculino sobre las bases que previamente ha sentado la socialización de género masculino que comienza en la más tierna infancia: todo esto es un continuo. Así, el varón que ejerce violencia sexual no se está desviando de la masculinidad hegemónica, ni de la construcción del deseo sexual masculino hegemónico. Las violaciones no son casos aislados ni casos que no se puedan comprender dentro de nuestra sociedad, las violaciones responden a un sistema que les dice a los varones que ellos son el centro del mundo, el sujeto neutro, protagonista y relevante, que les repite incansablemente que las mujeres son objetos sexuales y que cosificarlas es muy de “machotes”. Responden a un sistema que construye desde la infancia una masculinidad que se basa en situarse en oposición a lo femenino y por encima de ello, que hace que los varones tengan que mostrar ante sus iguales que son suficientemente hombres de manera constante afirmándose como superiores a las mujeres, principalmente en las relaciones sexuales, que les ofrece una pornografía coherente con todo lo que previamente les ha transmitido, en la que ellos son el sujeto protagonista y, en la que las mujeres son objetos que pueden utilizar como les plazca. Una pornografía que satisface ciertas necesidades de la masculinidad hegemónica que ese mismo sistema ha creado, la de mostrar que son unos “machotes” ante su grupo, la de oponerse a todo lo femenino, la de situarse por encima de las mujeres. Una pornografía en la que cuando una mujer dice “no”, en realidad está diciendo “me estoy haciendo la difícil, presióname un poco más”; producirles dolor a las mujeres es presentado como algo excitante, no importa que ellas estén conscientes o no porque su deseo no se va a tener en cuenta en ninguna de las dos circunstancias. Finalmente, la línea entre lo que es violencia sexual y lo que no lo es ha desaparecido y, por tanto, un vídeo de una violación colectiva solo va un pasito más lejos que cualquiera de los vídeos en los que ella dijo “no” y al final fue que sí, solo que escuchando sus gritos de fondo.

La violencia sexual responde, entre otras cosas, a lo aquí señalado: aspectos que forman parte de nuestra sociedad patriarcal y de la cultura de la violación.

Con lo hasta aquí expuesto se llega a la conclusión de que la violencia sexual no es algo que se pueda analizar al margen del sistema en el que vivimos. La violencia sexual responde a una construcción concreta de la masculinidad y del deseo sexual masculino propias de nuestra sociedad. Existe en nuestra sociedad todo un engranaje entre socialización, masculinidad hegemónica, cosificación y sexualización de las mujeres, pornografía hegemónica, deseo sexual masculino hegemónico… que lleva a los varones a ejercer violencia sexual.

Bajo el hashtag #cuéntalo, como ocurrió con #metoo, muchísimas mujeres están visibilizando las violencias que han sufrido por ser mujeres. Al tan repetido #notallmen, empleado por quienes se sienten atacados cuando las mujeres cuentan las violencias que viven precisamente por serlo, (queriendo decir que no todos los hombres asesinan, violan, etc.) respondió el #yesallwomen. Este último hashtag viene a decir que todas las mujeres han sufrido violencia por ser mujeres y, por tanto, muchos varones la habrán ejercido en una u otra medida; otro tema es que no la hayan considerado violencia. Estos tres hashtags nacidos desde el activismo feminista tienen, entre sus objetivos, uno común: señalar la violencia en un mundo en el que muchas manifestaciones de la misma están invisibilizadas.

La cultura de la violación se alimenta, en parte, no llamando violencia sexual a lo que es violencia sexual. Se apoya en la idea de que la violencia sexual es únicamente lo que ocurre bien entrada la noche o incluso, en la madrugada, cuando un desconocido persigue a una mujer por un callejón oscuro o un descampado y la alcanza. Además, cuando la alcanza, ella se resiste, forcejea, grita y lucha, poniendo en juego su propia vida. Pero, si bien esto es claramente violencia sexual, la violencia sexual se da de muchas otras maneras. El hecho de que la idea de que este tipo de violación es la única violencia sexual se haya instalado en nuestra sociedad invisibiliza muchos otros tipos de violencia sexual. Al considerar que esto es lo único a lo que se puede llamar “violencia sexual”, se oculta el hecho de que todas las mujeres han sufrido violencia sexual en sus vidas, en una u otra medida, aunque no haya sido en situaciones como la que presenta esta imagen. Cómo se inserta esta idea en nuestra sociedad y qué consecuencias tiene es lo que se va a analizar a continuación.

En primer lugar, el miedo a este tipo de violación forma parte de la socialización de todas las mujeres de nuestra sociedad. Desde pequeñas, se les transmite que por ser mujeres están expuestas a este peligro y que es el peor de los peligros. Como ya afirmó Susan Brownmiller en su obra Contra nuestra voluntad en 1975, esto funciona como mecanismo de control. Ese miedo que se les crea a las mujeres desde pequeñas limita su movilidad en el espacio público. Esto se refleja en las recomendaciones para evitar violaciones que publicó en su web Ministerio del Interior en el año 2014, donde se recomendaba a todas las mujeres que no pasearan por descampados ni calles solitarias sobre todo por la noche, ni solas ni acompañadas. Limitar la movilidad de las mujeres en el espacio público y tratar de recluirlas en el espacio doméstico ha sido una herramienta del patriarcado desde hace siglos.

En segundo lugar, no solo se crea ese miedo, sino que se genera la idea de que las mujeres pueden hacer algo para evitar que un hombre ejerza violencia sexual contra ellas. Así, este consejo del Ministerio del Interior iba acompañado de otros consejos para las mujeres como que si no podían evitar transitar por esos lugares, llevaran un silbato; que evitaran permanecer en vehículos estacionados en descampados, parques o extrarradios; que antes de aparcar su vehículo miraran alrededor por si hubiera “personas sospechosas”; que miraran dentro del coche antes de entrar por si hubiera “algún intruso agazapado en la parte trasera”; que, si vivían solas, no pusieran su nombre en el buzón, sino solo la inicial y que al anochecer dejaran encendidas las luces de varias habitaciones para aparentar la presencia de más personas en el domicilio (una medida, por cierto, muy ecológica)… Ninguna de las recomendaciones para evitar violaciones era del tipo “varón: no violes” ni iba dirigida a los varones.

Esta idea de que las mujeres pueden hacer algo para evitar que un varón ejerza violencia sexual sobre ellas tiene una consecuencia directa: que, si no lo consiguen evitar, algo de culpa tendrán. Así, cuando sufren violencia sexual, se les pregunta qué ropa llevaban, a qué hora, dónde y con quién estaban, qué habían tomado, por qué no se resistieron más, por qué no se resistieron lo suficiente como para evitar que ese hombre ejerciera violencia sexual contra ellas, incluso aunque eso hubiera podido suponer, como en casos como el de Nagore Laffage o Diana Quer, acabar siendo no solo violadas sino también asesinadas.

La culpabilización de la víctima forma parte de la cultura de la violación. Un ejemplo se puede leer en el voto particular del Magistrado D. Ricardo Javier González González, que pide la absolución de los acusados, y que afirma de la superviviente que “su voluntad de no mantener las relaciones sexuales que tuvieron lugar en el portal quedó completamente silenciada en su fuero interno y no fue transmitida, insinuada, ni comunicada de ninguna manera, en absoluto. Ni siquiera tácitamente, porque su sometimiento, si fue tal, se tradujo en tal apariencia de aceptación que no permite establecer que pudiera siquiera ser percibido o intuido por los acusados” (p. 223). Es decir: ella no verbalizó su “no”, por tanto, ellos no podían saber que no quería. Ellos que, como hombres perfectamente educados en la cultura de la violación, no dieron importancia al estado de shock y bloqueo que, según se afirma en la sentencia, se captaba perfectamente en los vídeos. Pero lo relevante no es eso: es que como ella no dijo “no”, ellos no son culpables. Así, pese a que ella en ningún momento mostraba sentir placer, deseo o incluso estar en pleno uso de sus facultades, el Magistrado D. Ricardo Javier González González se pregunta cómo iban a saber ellos que ella no quería, si no dijo “no”. Cuando la pregunta que parece más correcta (en el sentido de considerar que ella es un ser humano cuyo estado es relevante) es cómo realmente ellos podían pensar que ella estaba queriendo si estaba en estado de shock, o, incluso, si realmente ellos pensaban que ella estaba queriendo o si, más bien, captaron que no estaba queriendo, pero les dio igual. Sea como sea, poner la responsabilidad en las mujeres quita la mirada de la única persona responsable de la violencia sexual: quien la ejerce.

En tercer lugar, la idea de que la violencia sexual es la que ejerce, por ejemplo, un desconocido que trata de averiguar si una mujer vive sola mirando por las noches cuántas luces tienes encendidas en su casa, alimenta la idea de que el violador está “fuera”. El violador siempre es “otro”: otro al que las mujeres no conocen, que no está entre sus amigos, ni es su pareja, ni es su primo, ni es su el padre, ni es el colega de su hermano; otro al que ellos no conocen, que no está entre sus amigos, ni entre sus colegas, y que no es, por supuesto, ninguno de ellos mismos, porque no perseguirían a una mujer por un descampado para violarla. Así, pese a que la mayoría de las agresiones sexuales son perpetradas por conocidos de la víctima, se sigue alimentando la imagen del agresor desconocido; y cuando la agresión sexual la lleva a cabo un conocido, la mujer que la ha vivido se enfrenta a muchas dificultades causadas por esta idea: la dificultad de identificar como agresor a alguien cercano o incluso a alguien que debería quererla; el miedo a no ser creída o a ser culpabilizada porque las personas del entorno conozcan al agresor…

Curiosa paradoja: esa idea de que la violencia sexual es la que ejerce un desconocido en un callejón oscuro genera una idea de violador que, por un lado, está omnipresente (y por eso es prudente que las mujeres no salgan a la calle si está oscuro); pero que, por otro lado, es inexistente, porque nadie conoce a nadie que haya hecho eso. Paradoja con una solución sencilla: vivimos en una cultura que genera un deseo sexual masculino hegemónico que permite a los varones disfrutar pese a estar ejerciendo ciertas dosis de violencia sexual contra las mujeres, dosis que puede que ellos no estén conceptualizando como violencia precisamente porque no se adaptan a la imagen mencionada al principio de este apartado. Por eso tantas mujeres han vivido violencia sexual: porque cualquier hombre que responda a esa masculinidad hegemónica y a ese tipo de deseo sexual y que carezca de una visión crítica del mismo, puede llegar a ejercer violencia sexual en alguna medida; medida que no tiene por qué corresponderse con la imagen de la violación antes mencionada. Un estudio publicado en el año 2016 llevado a cabo por Massil Benbouriche, doctor en psicología y criminología, muestra que el 30% de los hombres violaría si supieran que su acción no iba a tener consecuencias penales. Cuando se suavizó la pregunta, el 50% reconoció que utilizaría estratagemas como mentir o manipular para consumar la relación sexual.

En cuarto lugar, esa imagen del desconocido en un callejón alimenta la idea de que el abusador, el agresor, el violador, está suficientemente “loco” o “enfermo” como para meterse en el coche de una mujer y esperar agazapado en la parte de atrás a que esa mujer entre. La idea de que el violador está “loco” o “enfermo” presenta los casos de violencia sexual como casos aislados, individuales, descontextualizados, como casos que no responden a este sistema: niega directamente la existencia de todo el engranaje analizado en este artículo, niega directamente la existencia de este sistema que construye un deseo sexual masculino hegemónico en que disfrutar del sexo y ejercer ciertas dosis de violencia o intimidación contra las mujeres no es incompatible. Y si se niega que existe, no se puede cambiar. Y además, las que quieren cambiarlo, exageran.

La violación en un callejón puede pasar, pero no es la única violencia sexual. El caso de los abusos sexuales en la infancia es bastante claro: una de cada cuatro niñas sufre abusos sexuales en su infancia, el 90% de los agresores son varones y el 85% son de su familia (Luna, 2010). Ni están “enfermos”, ni están “fuera”, ni son “los otros”.

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El voto particular del magistrado D. Ricardo Javier González González es especialmente interesante en este análisis. En sus argumentaciones se puede apreciar este concepto de la sexualidad ofrecido por la pornografía hegemónica, en la que está absolutamente normalizado que las mujeres aparezcan reducidas a objetos y que sus emociones, deseos y placeres no sean consideradas relevantes. A continuación, a partir de lo que expresa en su voto, se analiza cómo estas ideas están integradas en su punto de partida. Pedimos a quien lee que tenga en mente las descripciones de los vídeos que hace la sentencia.

Nada de lo que se ve o se escucha en ellos (en los vídeos) permite concluir el ejercicio de violencia o intimidación contra la denunciante, como tampoco, más allá de toda duda razonable, que dichas escenas se estén desarrollando sin su consentimiento o con un consentimiento viciado. La ausencia de violencia, fuerza o coacción es, además, absoluta. (p. 248)

El magistrado D. Ricardo Javier González González no considera que pueda haber una situación de coacción, por ejemplo, en la desigualdad de poder de la situación inicial, entre cinco varones de complexión fuerte y una mujer de entre 6 y 9 años menor. Nada de lo que ella expresa en los vídeos le permite intuir la falta de consentimiento. Que esté durante todos los vídeos en estado de shock, con los ojos cerrados, en una actitud que muestra no estar ni siquiera en pleno uso de sus facultades, no es para este magistrado una muestra de la falta de consentimiento. Él no capta esto en los vídeos. Además, considera que nada de lo que se ve en los vídeos incluye violencia ni intimidación. Así, que en el último vídeo aparezca ella acorralada contra la pared y gritando es, a su juicio, una situación en que la violencia y la intimidación están absolutamente ausentes.

Cuando alguno de los acusados apoya las manos en las caderas de ella, o le sostiene la cabeza o apoya el brazo sobre sus hombros o la mano en su cabeza, no puedo interpretar que la estén “sujetando” de las caderas, “rodeándole” la cabeza o el cuello o “agarrándola” del pelo, porque lo único que me sugieren las imágenes son gestos acordes con la práctica sexual en la que se integran y sin pretensión coactiva alguna. (p. 248)

Creo que las posiciones de manos y brazos, por parte de todos (de los seis) son acordes con las acciones de índole sexual que se realizan, y más cercanas, si es que en este contexto es posible, a la delicadeza, […] que a la desconsideración. (p. 247-248)

Desde su perspectiva, el hecho de que, según las descripciones de algunos vídeos, ellos la estén moviendo constantemente para acercar la cabeza de ella a sus penes o para poder penetrarla sucesiva o simultáneamente (ellos mismos lo expresan: “no la levantes tanto”) no solo no es agresivo, sino que es incluso delicado. Que tengan que llegar a abrirle la boca para introducir sus penes en ella también parece, a sus ojos, síntoma de delicadeza y no lo considera coacción.

Y tampoco llego a adivinar en ninguna de las imágenes el deleite que describe la sentencia mayoritaria salvo que con el término se esté describiendo la pura y cruda excitación sexual. Nada, en ninguna de las imágenes que he visto me permite afirmar que las acciones o palabras que se observan o se escuchen tengan el más mínimo carácter imperativo; nada, en ninguno de los sonidos que se perciben, que resulte extraño en el contexto de las relaciones sexuales que se mantienen. Todas ellas son imágenes de sexo explícito en las que no tiene cabida la afectividad, pero también, sin visos de fuerza, imposición, conminación o violencia. (p. 244)

No aprecio en los vídeos cosa distinta a una cruda y desinhibida relación sexual, mantenida entre cinco varones y una mujer […]. No puedo interpretar en sus gestos (de los varones), ni en sus palabras (en lo que me han resultado audibles) intención de burla, desprecio, humillación, mofa o jactancia de ninguna clase. Sí de una desinhibición total y explícitos actos sexuales en un ambiente de jolgorio y regocijo en todos ellos, y, ciertamente, menor actividad y expresividad en la denunciante. (p. 244)

Es importante analizar detenidamente todo lo que el magistrado D. Ricardo Javier González González está afirmando en estas dos citas.

En ninguna de las imágenes hay deleite, sólo excitación sexual. Que uno de ellos mire como ella está siendo penetrada por diversas partes de su cuerpo mientras se halla en estado de shock, y que esto le haga girarse hacia a la cámara y reírse, a su juicio, no es deleite, sino algo propio de un contexto de “relaciones sexuales” en un ambiente de “jolgorio y regocijo”.

Ninguna de las acciones es imperativa. Que cinco varones metan a una mujer en un habitáculo de 3 metros cuadrados, la rodeen y cuando entra en estado de shock la muevan para poder penetrarla a su antojo agarrándola del pelo, del cuello, de los hombros, de la cintura, de la nuca, mientras ella está con los ojos cerrados, sin tomar ningún tipo de iniciativa y sin poder reaccionar, no son acciones imperativas: a su juicio, todo esto son acciones propias de un contexto de “relaciones sexuales” en un ambiente de “jolgorio y regocijo”.

Ninguno de los sonidos es extraño en el contexto de las “relaciones sexuales”. Que una mujer haga sonidos de estar sintiendo dolor hasta cinco veces en tres vídeos que suman 44 segundos o que acabe, según las descripciones que hace la sentencia, gritando atemorizada son, a su juicio, sonidos propios de un contexto de “relaciones sexuales” en un ambiente de “jolgorio y regocijo”.

Ninguna de las palabras es imperativa ni muestra burla, ni humillación, ni desprecio. Expresiones como “a ver illo vamos a organizarnos… me la ha chupado dos veces” mientras ella está de rodillas, con los ojos cerrados y sin mostrar ningún tipo de deseo, placer o actividad; como “quita quillo, espérate, no la levantes tanto, chupa ahí” mientras está siendo penetrada por dos varones y está en estado de shock; o como “sshhh, tranquilo, tranquilo, tranquilo”, “un poco más flojito tú, coño”, “illo eso no tiene guasa”, cuando le han llegado a hacer gemir de dolor, no muestran, a juicio del magistrado, el desprecio que implica que no la estén tratando como a una persona. Son palabras propias de un contexto de “relaciones sexuales” en un ambiente de “jolgorio y regocijo”.

Ninguno de los gestos muestra burla, ni humillación, ni desprecio. Que un hombre se haga una foto en la que aparece sonriendo con las nalgas sobre la cara de una mujer en estado de shock no es una humillación ni expresa desprecio. Es, a juicio del magistrado, algo propio de un contexto de “relaciones sexuales” en un ambiente de “jolgorio y regocijo”.

Una pequeña aclaración: jolgorio significa, según la RAE, “regocijo, fiesta, diversión bulliciosa”; regocijo, “alegría intensa o júbilo”; y júbilo, “viva alegría, y especialmente la que se manifiesta con signos exteriores”. Esto es lo que él capta en los vídeos.

Decir, como hace el magistrado, que lo que relatan las descripciones de los videos son cosas propias de unas relaciones sexuales en un ambiente de jolgorio y regocijo muestra un concepto de sexualidad en la que lo único que importa son los deseos y las emociones de los hombres y en la que los deseos y emociones de la mujer que está viviendo esa violación son absolutamente irrelevantes; un concepto que recuerda mucho al que transmite la pornografía hegemónica. Sólo partiendo de esta conceptualización que cosifica a las mujeres se puede afirmar que en esos vídeos no hay deleite, ni acciones imperativas, ni sonidos extraños, ni palabras que muestran desprecio, ni gestos que muestran humillación. Sólo partiendo de esta conceptualización que reduce a las mujeres a cuerpos cuyas emociones y deseos no son relevantes se puede ver en una situación en la que ella está en estado de shock el jolgorio y el regocijo.

En la actitud de ella, el magistrado “simplemente” observa “menor actividad y expresividad”. Él, en la actitud de una mujer que se mantiene en estado de shock, de manera pasiva, con los ojos cerrados, sin ningún tipo de iniciativa, solo ve “menor actividad y expresividad”, no un estado de shock. Y no considera que eso a lo que denomina “menor actividad y expresividad” haga que la situación no pueda ser categorizada como “una relación sexual desinhibida en un ambiente de jolgorio y regocijo”, sino como una violación. No es capaz de captar en su “menor actividad y expresividad” que ella está bloqueada y que, por tanto, no está consintiendo.

Con respecto a las fotografías (recordemos: uno de ellos con sus glúteos sobre la cara de ella, que está tumbada bocarriba en el suelo y que, en el vídeo previo, aparecía acorralada contra la pared y gritando atemorizada), considera que “la imagen, coincidente en ambas, […] es inconcebible sin una aceptación y “proacción” de la mujer” (p. 246). Al magistrado le parece inconcebible que esa situación que muestra la fotografía haya podido llegar a darse sin la colaboración de ella. No es capaz de concebir, ni siquiera conociendo el vídeo previo, que se haya podido llegar a esa situación sin que ella quisiera. Esto recuerda a aquel caso, en Italia, en 1999, en el que se absolvió a un hombre del delito de violación porque la superviviente llevaba pantalones vaqueros. El argumento, según aquella sentencia, fue que “es de conocimiento general” que este tipo de pantalones no pueden quitarse “ni siquiera en parte sin la efectiva colaboración de quien los viste”.

Con absoluta firmeza y de forma coincidente los cinco, han manifestado sin fisuras que en ningún momento utilizaron la violencia contra la denunciante, que en ningún momento la amenazaron de ninguna manera, que no la obligaron, ni forzaron a hacer absolutamente nada que no quisiera y no solo esto, todos además han coincidido en manifestar con igual firmeza no solo que la denunciante consintió las relaciones, sino que todos ellos actuaron bajo el convencimiento de que quería mantenerlas y además, de que disfrutó de las mismas, convencimiento que se reforzaba al escuchar sus gemidos, al ver la expresión de su rostro durante las prácticas sexuales que compartieron y por el hecho de que todo parecía indicarles que ella las aceptaba de buen grado pues en ningún momento mostró oposición, malestar, negativa o incomodidad alguna. (p. 313)

Así, tanto los acusados como, al parecer, el magistrado, consideran que meter a una mujer en un portal entre cinco varones más mayores y fuertes, dirigirla a un cubículo de 3 metros cuadrados, rodearla y desnudarla, carece de cualquier componente de violencia, amenaza o coacción. Lo que interpretan en la actitud de bloqueo y sometimiento de una mujer, es que está deseando esas relaciones sexuales. Lo que interpretan estos seis varones en los gemidos de dolor de una mujer, es placer; lo que perciben en su rostro, inexpresivo, con los ojos cerrados, es placer. No es solo que consideren que ella estaba consintiendo, sino que consideran que ella estaba disfrutando. Esta incapacidad de percibir la falta de deseo o de placer de las mujeres llega hasta el punto de que estos seis varones no ven malestar ni incomodidad en una mujer en estado de shock.

En ninguna de las imágenes percibo en su expresión, ni en sus movimientos, atisbo alguno de oposición, rechazo, disgusto, asco, repugnancia, negativa, incomodidad, sufrimiento, dolor, miedo, descontento, desconcierto o cualquier otro sentimiento similar. (p. 245)

La falta de consentimiento no está patente ni en las expresiones, ni en los sonidos, ni en las actitudes que observo en los vídeos por lo que a la mujer respecta. (p. 245-246)

Su voluntad de no mantener las relaciones sexuales que tuvieron lugar en el portal quedó completamente silenciada en su fuero interno y no fue transmitida, insinuada, ni comunicada de ninguna manera, en absoluto. Ni siquiera tácitamente, porque su sometimiento, si fue tal, se tradujo en tal apariencia de aceptación que no permite establecer que pudiera siquiera ser percibido o intuido por los acusados. (p. 223)

Este magistrado, en una mujer que está claramente bloqueada, que no abre los ojos ni pronuncia palabra alguna, que está inmóvil a no ser que ellos la muevan, que en varios momentos expresa dolor y que, en alguna de las imágenes, aparece gritando atemorizada, no es capaz de percibir ni rechazo, ni incomodidad, ni sufrimiento, ni dolor ni nada que se le parezca.

Además, considera que no hay manera de que ellos, en esa situación, pudieran intuir su falta de consentimiento. Nos gustaría preguntarnos si realmente no pudieron intuir su falta de consentimiento o si, más bien, la intuyeron, pero les dio igual. Sí que hay una manera de que, en esa situación, se capte la falta de consentimiento: considerar a las mujeres como personas y escuchar sus emociones y sus deseos. No hay que subestimarles: ellos, como tantos seres humanos, pueden ser capaces de captar que una mujer en estado de shock no está deseando mantener relaciones sexuales con ellos. Ahora bien, podríamos llegar a pensar que alguien que presume abiertamente en sus círculos de confianza de que quiere violar, no viola porque no se esté dando cuenta de que está violando, sino porque quiere. En este supuesto, la cuestión no sería si han captado o no la falta de consentimiento, sino si, habiéndola captado, han decidido que esta no es relevante. Y, si este fuera el caso, tampoco hay que subestimarles: podrían ser capaces de aprender a tratar a las mujeres como personas y a respetarlas cuando no quieren mantener relaciones sexuales con ellos en lugar de violarlas.

La continua reiteración por la sala mayoritaria de su no apreciación de “ningún signo en la denunciante que nos permita valorar, bienestar, sosiego, comodidad, goce o disfrute en la situación” […]… No puedo entender qué se pretende poniendo tanto énfasis en esa falta de goce o disfrute que dicen apreciar en la mujer cuando ello no va acompañado de otros signos más relevantes que pudieran revelar malestar. (p. 251)

Estas palabras expresan con claridad algo que hay tras todo lo explicado en este apartado. El magistrado D. Ricardo Javier González González no puede entender la relevancia de la ausencia de goce o de disfrute a no ser que esto vaya acompañado de otros signos más relevantes de malestar. Si, para que se considere que una mujer no quiere mantener relaciones sexuales no es suficiente con que absolutamente todo en su expresión corporal, la expresión corporal de una mujer bloqueada, en shock, indique que no está queriendo mantener relaciones sexuales, entonces es que sus deseos no se están teniendo en cuenta.

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Si consideramos que las mujeres son personas, nos daremos cuenta de que su bienestar, su comodidad, su goce y su disfrute son relevantes. Si consideramos que las mujeres son personas, nos daremos cuenta de que el que una mujer no esté expresando nada de eso y se encuentre en estado de shock mientras está siendo penetrada por cinco varones, es relevante. Que una mujer esté en estado de shock es un signo suficientemente relevante de malestar. El magistrado D. Ricardo Javier González González afirma que no es capaz de entender esto.

Existen similitudes entre este caso y otro, cuya sentencia es del año 2015, en el que el magistrado D. Ricardo Javier González González absolvió a un padre de la acusación de abusos a su hija. En este caso, varios testigos denunciaron que el acusado, en un autobús, “con ánimo lascivo y libidinoso comenzó a tocar el trasero de la niña, tras meterle la mano dentro del pantalón y dentro de la braga mientras le decía: ‘a ti te tocan tu padre y tu madre’”. En la sentencia judicial, el magistrado afirma que la niña “no mostró signo alguno de encontrarse o sentirse incómoda, intranquila, inquieta o perturbada, ni mediante palabra ni por medio de gestos o cualquier tipo de acción que llamase la atención ni del conductor del autobús ni de otros viajeros”. Consideró que la acusación se basaba en “una pura y muy subjetiva apreciación personal de una tercera persona (de las muchas que iban en el autobús) sobre una forma de relacionarse el padre con su hija que podrá no ser de su agrado o del de otras muchas personas, pero que en sí mismo no denota nada, salvo una forma de mostrar afecto y cariño, inapropiada si se quiere, pero muy lejana a lo que es exigible para hacer un reproche penal, ni siquiera el más liviano de una falta de vejaciones”. Según consta en los antecedentes, la niña se mostró muy quieta, “con cara asustada y triste”.

También en este caso se aprecia que no considera que, en esta situación, sea suficiente con que la niña estuviera muy quieta y con cara asustada y triste, porque no dijo ninguna palabra ni hizo ningún gesto para llamar la atención de otras personas. Le parece que la niña no se mostró “inquieta o perturbada”. No parece entender las emociones ni las posibilidades de reacción que puede tener una niña que sufre abusos sexuales por parte de su padre. Además, consideró que el que el padre le hiciera eso a su hija era “una forma de mostrar afecto y cariño”; algo similar a cuando, en el caso de la manada, afirma que lo que ve en los acusados es “delicadeza”.

¿Qué hay tras esta visión de la sexualidad y de las mujeres para que todo lo mencionado en las descripciones de los vídeos que hace la sentencia no se entienda como falta de consentimiento? ¿Qué hay tras esta visión que hace que alguien sea incapaz de entender que las emociones y los deseos de las mujeres son relevantes? Hay una visión, heredada desde hace siglos y reproducida hoy, por ejemplo, en la pornografía, que considera que el varón es el sujeto que tiene un deseo sexual y la mujer consiente o no consiente que él lo satisfaga con el cuerpo de ella. La cosificación de esta visión es clara: los deseos, las emociones y el placer de ellas no son relevantes. Sólo teniendo esta visión misógina de la sexualidad y de las mujeres se puede considerar que una mujer en estado de shock está consintiendo, como afirma el magistrado D. Ricardo Javier González González. Este modelo tiene que cambiar.

ÍNDICE

Partiendo de todo lo analizado, el concepto de consentimiento se muestra como algo insuficiente. El modelo de consentimiento deja a la mujer en el papel de sujeto pasivo, en el papel de deseada. Este es un papel en el que los deseos de las mujeres no son relevantes: solo lo es su consentimiento hacia que el varón satisfaga su deseo. Esto responde a un modelo de sexualidad sin igualdad.

Para avanzar hacia una construcción igualitaria de la sexualidad que excluya la violencia sexual, es necesario que el modelo incluya el deseo de todas las personas implicadas en las prácticas sexuales además de su consentimiento. Para llegar a ese modelo, la construcción del deseo sexual masculino hegemónico y de la masculinidad a la que responde tienen que cambiar.

Mientras la construcción del deseo sexual masculino no excluya de manera radical (desde su raíz) el deseo de ejercer violencia sexual, el modelo del consentimiento es problemático. Por un lado, sigue cargando en las mujeres la responsabilidad de decir “no” para evitar dicha violencia; y hay muchos contextos de violencia en los cuales decir “no” expone a las mujeres una violencia mayor. Por otro lado, si la construcción del deseo sexual masculino incluye la posibilidad de ejercer violencia sexual, habrá situaciones en los que algunos varones no consideren que ese “no” sea relevante.

Lo relevante no puede ser únicamente que una mujer diga o no diga “no”: lo relevante es que los varones no deseen realizar prácticas sexuales con una mujer que no las desea o no las consiente. Lo relevante es que los varones aprendan que los deseos y el placer de las mujeres también tienen que ser escuchados y considerados relevantes, y no solo al principio, sino durante todo el tiempo que duren las relaciones sexuales. También su consentimiento, puesto que alguien puede sentir un deseo sexual, pero, por diversas circunstancias, decidir que no quiere satisfacerlo en un momento concreto. Lo relevante es que el placer sexual masculino deje de ser compatible con cualquier dosis de violencia, intimidación, coacción o presión hacia las mujeres.

Si la construcción del deseo sexual masculino partiera de la necesidad de la reciprocidad del deseo, y del consentimiento, y estos fueran necesarios para que los varones obtuvieran placer sexual, no podría en ningún caso parecerles excitante ejercer ninguna dosis de violencia sexual contra las mujeres. Si este modelo de sexualidad se integrase en la sociedad, no habría que explicar que una mujer en estado de shock es una mujer a la que no hay que implicar en ninguna actividad de tipo sexual, aunque no diga “no”: los varones, directamente, no desearían realizar prácticas sexuales con ella, porque ella no las estaría deseando.

Los derechos humanos de la mujer incluyen su derecho a tener control sobre las cuestiones relativas a su sexualidad, incluida su salud sexual y reproductiva, y decidir libremente respecto de esas cuestiones, sin verse sujeta a la coerción, la discriminación y la violencia. Las relaciones igualitarias entre la mujer y el hombre respecto de las relaciones sexuales […], incluido el pleno respeto de la integridad de la persona, exigen el respeto y el consentimiento recíprocos. (Declaración y la Plataforma de Acción de Beijing, 1995)

El modelo que se está proponiendo parte de considerar que los derechos de las mujeres son derechos humanos, parte de considerar a las mujeres como personas, con emociones, deseos y autonomía; y no como objetos sexuales. Para ello, hay que cambiar muchas cosas en esta sociedad que, desde tantas manifestaciones culturales, se empeña en cosificar a las mujeres, en sexualizarlas, en seguirlas reduciendo a objetos, a cuerpos. Desde esa deshumanización, sus emociones y sus deseos seguirán pudiendo ser considerados irrelevantes.

Para que este modelo se integrase en la sociedad sería necesario un cambio radical en las socializaciones de género, en la masculinidad hegemónica, en la construcción del deseo sexual masculino hegemónico. Desde el momento en que la masculinidad hegemónica incluye la necesidad de los varones que responden a ella de afirmarse como superiores a las mujeres, es imposible que consideren a las mujeres como sus iguales. Esta masculinidad, por definición, es incompatible con la igualdad de género. Por tanto, está destinada a desaparecer.

La educación es un arma muy poderosa para el cambio social, aunque no la única. Es importante conocer cuáles son las causas de la violencia sexual porque sólo así se sabrá que hacer para colaborar con su desaparición. En este artículo se han analizado algunas de ellas. Desde este análisis, se extrae que es necesario educar a los varones, desde pequeños, en el valor de la empatía y de los cuidados ajenos, también con las que, todavía, no forman parte de su grupo de iguales. Educarles en una sexualidad que se base en la reciprocidad, en la relevancia (también) del deseo y del placer ajenos, colaboraría con la construcción de un deseo sexual masculino que excluyera la posibilidad de obtener placer ejerciendo violencia sexual contra las mujeres. Es necesario trabajar hacia la construcción de masculinidades que no se basen en la capacidad de mostrar su superioridad con respecto a las mujeres pues, desde esa masculinidad hegemónica, la puerta hacia la violencia sexual no está cerrada. Es necesario ofrecerles una educación sexual que les permita desarrollar una mirada crítica hacia la pornografía hegemónica analizada.

También es importante que, como sociedad, mostremos todo nuestro respeto y apoyo a las supervivientes. Y es necesario que manifestemos el más absoluto rechazo a la violencia sexual, señalando siempre a los únicos culpables y a sus cómplices: los únicos culpables, quienes la ejercen; sus cómplices, quienes la justifican.

Mónica Alario Gavilán es investigadora en Formación en la URJC (contratada FPU del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte) y está realizando el Doctorado en Estudios Interdisciplinares de Género en dicha universidad. Es Licenciada en Filosofía y Máster en Estudios Interdisciplinares de Género y autora de “Pornografía en un patriarcado neoliberal: ¿una cuestión de deseos individuales?”, publicado en Elementos para una teoría crítica del sistema prostitucional (2017), Editorial Comares, dirigido por Ana de Miguel y Laura Nuño y coordinado por Lidia Fernández; y de “Prevención de la violencia sexual: pornografía hegemónica, sexo y violencia” (publicado en Labrys, Revista de Estudios Feministas).

(1) “El que atentare contra la libertad sexual de otra persona, utilizando violencia o intimidación, será castigado como responsable de agresión sexual con la pena de prisión de uno a cinco años”.

(2) “El que, sin violencia o intimidación y sin que medie consentimiento, realizare actos que atenten contra la libertad o indemnidad sexual de otra persona, será castigado, como responsable de abuso sexual, con la pena de prisión de uno a tres años o multa de dieciocho a veinticuatro meses”.

(3) Según el ranking de las páginas web más visitadas realizado por Alexa (subsidiaria de Amazon), en España, Xvideos está en el puesto 21 y Pornhub en el 26.

7.1. Bibliografía

  • Alario Gavilán, Mónica (2017). Pornografía en un patriarcado neoliberal: ¿una cuestión de deseos individuales? En L. Nuño Gómez y A. de Miguel Álvarez (dirs.) y L. Fernández Montes (coord.), Elementos para una teoría crítica del sistema prostitucional (pp. 181-193). Granada, España: Editorial Comares.
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7.2. Webgrafía

  • “A Kimmy Granger le gusta que le den duro”. https://es.pornhub.com/view_video.php?viewkey=ph573b676ac1581
  • “Adolescentes rotas – pequeña adolescente destrozada por dos pollas monstruosas”. https://es.pornhub.com/view_video.php?viewkey=ph55b0f6129ad2d
  • “Anal cuando estaba borracha”. https://es.pornhub.com/view_video.php?viewkey=bc81430d3c35ebbc5280
  • “Chica violada por negro! gritando violación virginidad primera vez polla enorme”. https://www.xvideos.com/video1362059/chica_violada_por_negro_gritando_violacion_virginidad_primera_vez_polla_enorme
  • “Cogida en grupo”. https://es.pornhub.com/view_video.php?viewkey=138295502
  • “Colegiala puta es follada por tres pollas negras”. https://es.pornhub.com/view_video.php?viewkey=3c1fddcc0e61614d6671
  • “Czech gangbang orgy – Demasiadas pollas para una prostituta guapa”. https://es.pornhub.com/view_video.php?viewkey=52385424
  • “Despiadadamente ahogada en leche”. https://es.pornhub.com/view_video.php?viewkey=1853500604
  • “Extremadamente brutal gangbang, puta follada con el puño”. https://es.pornhub.com/view_video.php?viewkey=18442791
  • “Gang Bang inmovilizada, atada a un banco y follada”. https://es.pornhub.com/view_video.php?viewkey=1790705282
  • “Hermano se folla a hermana dormida”. https://es.pornhub.com/view_video.php?viewkey=ph5a273a3158e17
  • “Japonés 1200 tíos bombardean con corridas y bukkake”. https://www.xvideos.com/video35386805/japanese_1_200_guy_barrage_creampie_and_bukkake
  • “Jugando con mi hermanastra y amigas”. es.pornhub.com/view_video.php?viewkey=ph55ddb463aab3d
  • “La verga monstruosa de Kellan Hartmann destruye a su pequeña novia”. https://es.pornhub.com/view_video.php?viewkey=ph567a294f9a847
  • “Linda chica siendo violada en grupo”. https://www.xvideos.com/video25721589/linda_chica_siendo_violada_en_grupo
  • “Massacre!! Orgía con 120 chicos y 2 guarras checas”. https://es.pornhub.com/view_video.php?viewkey=94590496
  • “Mujer paralizada violada en grupo por los médicos en un hospital”. https://www.xvideos.com/video22914871/paralysed_girl_gangbanged_by_doctors_at_hospital
  • “Novia bajita de pechos grandes follada por su novio”. https://es.pornhub.com/view_video.php?viewkey=ph588edef3b9f03
  • “Obligada a satisfacer a sus secuestradores”. http://www.xvideos.com/video2624302/forced_to_please_her_kidnappers
  • “Pequeña jovencita recibe semen en la boca”. https://es.pornhub.com/view_video.php?viewkey=1752054767
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