Gunilla Ekberg: “En España no se podría sostener la industria de la explotación sexual sin el apoyo del crimen organizado”

Gunilla Ekberg
“Nací en un hogar de clase media baja donde nadie estaba involucrado con la política, pero ya desde niña se podía saber que era feminista”. Así comienza su presentación Gunilla Ekberg, la abogada sueca experta en Derechos Humanos de las mujeres con dos décadas de experiencia institucional y otras dos previas, como trabajadora social al servicio de las mujeres que más lo necesitaban.

Ekberg tiene un semblante serio, casi precavido hasta que comienza a revisar sus orígenes. Ahí, recordando su trabajo se ve en sus ojos el sufrimiento que ha atestiguado, pero también el aprendizaje que se ha llevado de todas las mujeres con las que trabajó, y a las que ayudó y el compromiso que resultó de todo ello. Ekberg da pocas entrevistas, pero en la Escuela Abolicionista Internacional tendremos el privilegio de escucharla además en un seminario internacional sobre el modelo sueco este 16 de septiembre. Antes, nos sentamos con ella para conocerla mejor, profundizar en su experiencia profesional y acercarnos a su visión feminista de un mundo libre de prostitución.

Una legislación feminista de la prostitución

Gunilla Ekberg es categórica en señalar a los puteros. Para ella, es fundamental “no huir de las verdades. Violar está mal. Los violadores son la causa de las violaciones. Los hombres violan. Lo dices y yo que estoy tan obsesionada con el lenguaje, estoy muy cansada de oír “violencia doméstica” o “violencia en relaciones sentimentales” y desaparece su origen. Desde que trabajo en el gobierno sueco el concepto que uso es el de la “violencia masculina”, aunque ha habido muchos intentos de cambiarlo, simplemente no se sostiene: hay que señalar al perpetrador de la violencia contra las mujeres, también en prostitución”. Ekberg es un referente del movimiento feminista, especialmente por su trabajo como experta en el modelo nórdico de abolición de la prostitución, de cuya implementación en Suecia fue responsable durante siete años. El modelo sueco, que ha sumado a países como Canadá o Francia a sus listas, se ha demostrado como el más efectivo de prevención de la demanda de prostitución,  por ser el único que sanciona a los puteros, mientras da asistencia a las mujeres prostituidas como víctimas de la explotación sexual, una forma de violencia contra las mujeres incompatible con la igualdad entre hombre y mujeres y una vulneración de sus derechos humanos.

El hecho de que sean las mujeres las explotadas y los hombres los explotadores no es casual para Ekberg, que ve en la prostitución un problema sistémico de opresión de las mujeres y las niñas. “En los 20 años que llevamos de legislación en Suecia de penalización de la demanda de prostitución, ni una sola mujer ha sido arrestada [por demandar prostitución]. Y ya son más de 10.500 crímenes registrados. Y no es que la policía esté evitando encontrarlas, es que no hay mujeres demandantes de prostitución y, por supuesto, las víctimas son mujeres, pero también varones jóvenes, niños y niñas. Por eso es tan importante contar la verdad”.

En este sentido, Gunilla Ekberg habla “política feminista” cuando se refiere al modelo nórdico. “Puede que haya otras personas que no son feministas que piensen que es una buena idea, y está bien. Pueden trabajar desde su punto de vista, pero el enfoque de la prostitución sueco es un enfoque feminista”. Para ella, “la conclusión lógica es que si quieres aprobar un enfoque feminista sobre cómo lidiar con la prostitución, tanto en las políticas como en las estrategias y acciones legales, no puedes dejar de castigar a los perpetradores”, sentencia.

La apuesta del gobierno sueco de centrar sus políticas de prevención en la desincentivación de la demanda de prostitución centra también su argumento contra uno de los mitos que más ha escuchado durante su carrera: que la legislación sueca lleva la prostitución a la clandestinidad. “Por qué creen que tenemos sitios web donde se venden mujeres? Si eres proxeneta, tienes a las mujeres y estás en la clandestinidad, necesitas llegar a los compradores. Es así simple”.

Con la recién aprobada legislación de sanción a la demanda de prostitución en Suecia, Ekberg ejerció como coordinadora de una campaña contra la trata en los países escandinavos y bálticos. “Empecé a trabajar en 2001, solo un año después de la aprobación de la legislación, e insistí en que una parte importante de la campaña debía ser desincentivar la demanda, porque también había participado activamente en la redacción del Protocolo de Palermo y luché por la aprobación del artículo 9.5”. El artículo, de los pocos obligatorios y vinculantes del documento, requiere de los Estados “medidas legislativas o de otra índole, tales como medidas educativas, sociales y culturales, o reforzarán las ya existentes, recurriendo en particular a la cooperación bilateral y multilateral, a fin de desalentar la demanda que propicia cualquier forma de explotación conducente a la trata de personas, especialmente mujeres y niños”. La experiencia ya dejó entrever las diferencias políticas entre los países, de los cuales solo Suecia tenía aprobada una legislación abolicionista. “Dinamarca estaba bastante en contra, aunque se unieron igualmente e hicieron sus propias cosas para centrarse en los demandantes (quizás no tanto como nos hubiera gustado). Al final, hicieron un buen trabajo”, explica Ekberg.

Tras esta campaña, fue la responsable de la implementación de la legislación en Suecia durante siete años, incluyendo “todo el paquete que era necesario para asistir a todas las mujeres que querían salir de la prostitución, por ejemplo”. Lo recuerda como una tarea agotadora. “Había, por lo general, muchas batallas dentro del gobierno, muchos funcionarios me odiaban porque eran totalmente pro-prostitución y llegué a recibir amenazas por correo electrónico desde dentro del propio gobierno. Sin el equipo de la ministra, la secretaria de Estado y la mujer que lideró la división por la igualdad de género no lo podríamos haberlo logrado, porque se mantuvieron muy unidas en defensa de todo el trabajo. Por eso es tan importante que las mujeres ocupen puestos de poder y que se entienda que no tienes porque dejar de lado tu feminismo por estar en ciertas posiciones de poder. Ellas son un ejemplo de valentía”.

A Gunilla Ekberg no le interesa tanto conocer los motivos y circunstancias que llevan a los varones a demandar prostitución. Tras entrevistar a muchos en varios países ha concluido que la mayoría lo hacen, en realidad, porque pueden. “Recuerdo que a los pocos años de aprobar la legislación nos dimos cuenta de que no habíamos incluido cuando alguien demanda un servicio de prostitución para otra persona, así que lo modificamos en 2005. Y ahora hay una discusión en Suecia y creo que vamos a acabar quitando la multa como pena mínima para reemplazarla por penas de cárcel, porque queremos que la pena sea proporcional al crimen. Así que la ley evoluciona constantemente porque también los criminales se organizan para saltarse las leyes”, concluye Ekberg, consciente de la permanente revisión necesaria en toda legislación por los derechos de las mujeres, con la amenaza constante de la reacción patriarcal a la vuelta de la esquina.

Trabajo de exportación del modelo nórdico

“Como parte de mi trabajo, yo aseguraba que esta legislación no solo era importante para Suecia y que teníamos que exportarla desde el inicio”, asegura. Escribió los principios fundamentales de la ley su primer día de trabajo y se dedicó a convocar seminarios conjuntos con otros países. En estos, el país invitado presentaría sus avances, al tiempo que Suecia presentaba su modelo. “Algunos habían ratificado el Protocolo de Palermo, pero no usaban el artículo 9.5 y aún a día de hoy no lo hacen. Lo cual es una vergüenza, por ejemplo para España, porque han firmado y ratificado el protocolo y ese es uno de los pocos párrafos que es de obligatorio cumplimiento porque es vinculante”, recuerda de nuevo.

Menciona España porque precisamente como responsable de la legislación sueca y de su llegada a otros países, Ekberg participó como experta en la Comisión Mixta de los Derechos de la Mujer y de la Igualdad de Oportunidades de 2006, donde presentó un informe que aseguraba que el número de mujeres prostituidas en las calles suecas (650 mujeres) había disminuido entre un 30 y un 50%, mientras que el reclutamiento de los proxenetas prácticamente se había detenido, tal y como recoge el Boletín Oficial de las Cortes Generales. En su intervención Ekberg concluía con un rotundo apoyo a “una legislación que prohíba la compra de servicios sexuales para limitar el establecimiento de la industria de la pornografía en España” y además también abogaba por “la aplicación de medidas sociales, económicas, tanto en España como en los países de origen de estas personas víctimas de la trata”.

Ekberg no ve imposible conseguir una legislación similar a la sueca en España. “La cuestión”, dice, “es encontrar a esas mujeres valientes que estén dispuestas a levantarse ante ello. En el gobierno y en las autonomías, solo necesitáis unas mujeres muy determinadas, que conozcan el argumentario”. La experta insiste en convencerlas de participar en la lucha para desmantelar los mitos persistentes en torno a la prostitución y las diferentes perspectivas desde las que se puede defender el modelo nórdico. “Como trabajamos con las víctimas, hablamos mucho de las víctimas y las supervivientes, y deberíamos hacerlo, pero también debemos recordar que que no se puede sostener toda esta gran industria que hay en España sin que participe el crimen organizado”, asegura .

“El crimen organizado participa no solo en la explotación sexual, también en los servicios de protección de los prostíbulos (lo cual quiere decir que piden dinero por estar en los prostíbulos), que también son usados como puntos de venta de drogas y de juegos ilegales, etc. El crimen organizado se convierte en un grave problema en aquellos países en los que la prostitución es legal y se vuelve en una preocupación para la policía, para la ciudadanía que ve tiroteos en las calles, peleas entre bandas callejeras por los prostíbulos, etc. Y ese argumento debe usarse más, especialmente con quienes no tienen un especial interés por los derechos de las mujeres”.

Este argumento la lleva a reflexionar sobre otro de los consejos que han dado expertas como Melissa Farley, sobre la persecución del proxenetismo y la investigación en profundidad de las redes instaladas en España. “Recuerdo cuando estuve en España hace muchos años, junto con Kajsa Wahlberg, mi compañera, la Relatora Nacional de Suecia sobre la trata de personas, y había unos 900 prostíbulos en Almería. La industria del tomate no daba suficiente dinero y muchos empezaron a abrir prostíbulos para todos los hombres que trabajaban en los invernaderos y eso debió ser hace unos diez años o más. Entonces, ¿quiénes organizan esto? ¿Cuáles son los beneficios? Y, ¿a dónde van? ¿Cómo salen del país?”, se pregunta.

Gunilla Ekberg
Si quieres conocer mejor el modelo sueco abolicionista de la prostitución puedes escuchar la ponencia completa de Gunilla Ekberg en el Seminario Internacional Online organizado por la Escuela Abolicionista Internacional.

“Nunca pensé que trabajaría para el gobierno”

El cambio social de Suecia fue clave para su desarrollo profesional y por eso, asegura, nunca pensó que acabaría trabajando para el gobierno. “Mis padres empezaron a trabajar muy jóvenes, mi abuela con ocho años como lechera. Y paralelamente a esto, Suecia, cambio increíblemente. Era una sociedad feudal con mis abuelos y ahora están todos estos ideales socialdemócratas de “la casa de la gente” con el objetivo de mejorar las vidas de la clase trabajadora, de los cuales mis padres y yo nos hemos beneficiado. Creo que la mía es una de las generaciones que más se benefició de las políticas de igualdad y tengo 63 años”.

Gunilla Ekberg fue trabajadora social desde principios de los años ochenta y empezó su experiencia laboral en un pequeño pueblo al sur de Suecia con personas sin hogar y con drogodependencias, también con hombres. “Ahí es cuando comencé a interesarme por la cuestión de la prostitución especialmente, aunque ya en los grupos de concienciación había participaban mujeres que habían sido prostituidas y que querían, como nosotras, endurecer las penas para los hombres que pegaban y mataban a las mujeres, en la familia o fuera de ella. También querían que miráramos la opción de penalizar a los hombres que las explotaban sexualmente. Y eso fue muy inspirador”, recuerda.

De esa etapa se lleva, marcados a fuego, otros recuerdos más descorazonadores, como aquella vez en la que los cheques de ayudas sociales, que solían llegar a las mujeres semanalmente, no llegaron en un mes. “Al cabo de una semana las verías en el parque cerca de nuestras oficinas y, por supuesto, los hombres de ese pueblo se beneficiaban y explotaban el hecho de que no tenían dinero. Esto me ponía enferma”, recuerda del momento en el que aquel pueblo forzaba a todas esas mujeres a la prostitución, reforzando el privilegio masculino de muchos de sus habitantes.

Antes de incorporarse al equipo del gobierno sueco, Ekberg recibió una beca para viajar a Estados Unidos. Aunque esperaba trasladarse a ciudades grandes como Nueva York o San Francisco, acabó trabajando en un pequeño pueblo de Virginia Oeste, el segundo estado más pobre de Estados Unidos. “Para mí era muy interesante ver un refugio en funcionamiento y en un contexto tan pobre como ese”, ya que, asegura, en Suecia no había muchos refugios para mujeres y muchas trabajadoras sociales y activistas feministas como Ekberg habían acogido en sus pequeños apartamentos a las víctimas que lo necesitaban.

Se mudó a Canadá y trabajó con Every Woman’s, la primera clínica abortiva de Canadá. “Trabajé ahí durante un tiempo mientras estudiaba Derecho y me convertí en la primera coordinadora del Centro de Estudios Legales Feministas donde trabajé con mujeres en prisión en asociación con Elizabeth Fry Societies. Y allí, por supuesto, conocí a muchas mujeres que habían sido prostituidas, mujeres que estaban ahí por matar a sus proxenetas o por todo tipo de razones que incluso las llevaron a sentencias de por vida. Muchas de ellas, eran mujeres indígenas en Canadá”.

El 9 de septiembre de 2001 estaba en Nueva York de vuelta de la Conferencia Mundial contra el Racismo de la UNESCO, pero los ataques terroristas la retuvieron y a su vuelta recibió la oferta de trabajar en el gobierno sueco, una oferta que rechazó inicialmente. Finalmente, tras hablar con algunas colegas y aceptar, con reticencias, volver a Suecia, accedió al puesto y volvió a su país a trabajar en la recién aprobada legislación abolicionista. El resto, es historia. Historia del abolicionismo.

Nerea Novo Paleo

Analista de datos y redactora

Licenciada en Periodismo, ocupa la posición de analista de datos y redactora, además de representar a Feminicidio.net en foros e instancias internacionales.

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