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Julie Bindel: “Si llamas empresario a un proxeneta deja de ser reconocido como un criminal”

Nerea Novo

Geoviolencia Sexual – 4 de octubre de 2018

Lleva décadas enfrentándose a uno de los principales pilares que sostienen el patriarcado: el sistema prostitucional. Julie Bindel mira a los ojos de las supervivientes de la industria del sexo de todo el mundo. Escucharlas cambió su vida y marcó una trayectoria periodística que ha levantado críticas feroces dentro y fuera del movimiento feminista pero que, a su vez, ha inspirado a las nuevas generaciones de periodistas. En esta entrevista habla sin tapujos de la industria del sexo. Bindel disecciona a pornógrafos, lobbystas pro-prostitución, financiadores y académicos a favor de la legalización de la prostitución. No teme las consecuencias porque cree firmemente en sus compromisos con la causa abolicionista y con uno de los principios básicos del periodismo: ejercer de control del poder. En 2017 publicó The Pimping of Prostitution: abolishing the sex work myth, una obra producto de años de investigación en la que revienta los mitos de la industria del sexo y expone sus miserias tras conocer a fondo organizaciones, lobbystas y activistas prosex de todo el mundo. Se trata de un relato minucioso e impactante, tan iluminador como sobrecogedor que motiva a combatir la esclavitud del siglo XXI.

Julie Bindel participará en 2019 en el Seminario Internacional Retos y desafíos para la abolición de la prostitución en el siglo XXI, organizado por Feminicidio.net, junto a otros referentes del movimiento abolicionista global y a quienes también hemos entrevistado, Kajsa Ekis Ekman y Juan Carlos Volnovich. En este prólogo de su visita a Madrid nos muestra su apoyo por la abolición de la prostitución en España.

¿Cómo fue el proceso por el que pasó hasta convertirse en la periodista feminista y abolicionista que es hoy?

Era muy joven cuando me fui de casa, tenía 17 años. Venía de una familia de clase trabajadora, con pocas oportunidades para las mujeres y un sexismo flagrante. En ese momento, y eso lo documento en mi libro, conocí una serie de asesinatos de mujeres prostituidas y no prostituidas perpetrados por un asesino en serie en el norte de Inglaterra. Y era clara la misoginia hacia las mujeres prostituidas por parte de la policía y los medios de comunicación. También fui consciente de que la misoginia hacia todas las mujeres estaba en su apogeo, que la forma en que la gente entendía los asesinatos de mujeres prostituidas a manos de hombres era que “ellas se lo habían buscado”, que se trataba de una elección que habían hecho estas mujeres y, por lo tanto, se lo merecían.

En ese momento yo estaba involucrada con un grupo de feministas que hacían campaña contra la violencia hacia las mujeres y las niñas, viendo la pornografía en las calles y todo tipo de violencia sexual. Para mí quedó muy claro que esto era una pandemia, que tenía su raíz en el hecho de que las mujeres estaban totalmente oprimidas por los hombres, que esto no era sobre hombres o mujeres como individuos, que pueden ser victimarios o víctimas. Era un sistema. Y la prostitución integraba una parte importante de ese sistema y esa cultura.

Los años siguientes, cuando incluso los movimientos más radicales tenían miedo de hablar sobre prostitución en público, me di cuenta de que la prostitución es la peor forma de violencia masculina porque había dinero detrás y porque, al ser una cuestión mercantilizada, también era una de las peores caras del capitalismo y el colonialismo. Me di cuenta de que este era un argumento clave, que podíamos convencer de que “lo bueno” era “malo”: que la violencia de género es mala, que el abuso infantil es malo pero… cuando decías que la prostitución era mala, incluso las feministas discutían y argumentaban que se trataba de la elección de una mujer. Y aún así era muy claro que todos los problemas contra los que luchaba, las terribles cosas que sufrían las mujeres, violencia machista, abuso infantil… todos ellos los habían sufrido las mujeres prostituidas que yo conocía. Por eso forma parte de mi ideología y como feminista haciendo campaña contras las violencias machistas jamás lo vi como algo separado.

Teniendo ese punto de vista, ¿qué le animó a escribir The Pimping of Prostitution?

Cuando la academia se centró tanto en una ideología de lo que produce lo que ellos llaman “trabajo sexual”, y eso incluye pornografía, stripping, todos los aspectos de la venta del cuerpo de mujeres para el placer masculino, me di cuenta de que esto no es una teoría de la conspiración sino la cábala de un grupo de gente poderosa que ha marcado la agenda. Esta agenda, contradiciendo las visiones de la izquierda y el liberalismo, nunca apoyaría la industria del tabaco o la compra-venta de riñones de hombres pobres del continente africano, pero apoyan la prostitución sin apoyar el derecho de los hombres de comprar sexo explícitamente: apoyan el derecho de las mujeres a vender sexo.

Cuando vi ciertos estudios académicos a nivel internacional, me di cuenta de que nadie hablaba del sexo en prostitución, nadie hablaba de la realidad más cruda de estas mujeres… Hablaban de cosas como la girlfriend experience (experiencia novia) o bondage y masoquismo, de hombres vendiendo sexo como parte de su subcultura erótica, hablaban de prestar servicios a personas con discapacidad… Todo era parte de un eufemismo y, por supuesto, la mayor “desinfección” que viene por parte de un sector de la academia es la idea de que si descriminalizas todos los aspectos de la prostitución, las personas prostituidas estarán a salvo y no habrá más violencia machista, ni policial, ni por parte de los proxenetas o los clientes. ¡Todo esto era claramente tan orwelliano! Y sucedía sin poder cuestionarlo, al mismo tiempo que colegas académicas trataban de publicar sus artículos apoyando el modelo nórdico o criticando la prostitución como sistema; no conseguían sacar sus artículos en publicaciones que dependían de la revisión y aprobación de otros colegas. Incluso estudiantes de doctorado que querían hacer su tesis doctoral sobre aspectos dañinos de la industria del sexo eran persuadidos por sus supervisores para que la hicieran sobre el empoderamiento de las mujeres en prostitución. Y, por supuesto, la mayor limpieza y manipulación que se ha hecho al respecto de este tema es la sugerencia de que no son mayoritariamente masculinos tanto demandantes como proxenetas y que no es mayoritariamente femenina la parte abusada. Se habla de “gente” en prostitución y “managers” (o empresarios), que pueden ser de ambos sexos.

Ha viajado por todo el mundo conociendo el lobby y ha conocido, entre otros, el PIC (Prostitution Information Centre), un centro de información en pleno Ámsterdam cuyo modelo no parece aún muy extendido. Pero ¿cuáles son los formatos con los que se ha cruzado?

Depende de dónde provienen y a dónde van los fondos de prevención del VIH/sida. La Open Society Foundation es líder en la ideología pro-prostitución. Creo que la Fundación de Bill y Melinda Gates lo es en menor medida, pero han sido persuadidos. Son gente mayor que dan financiación y toman decisiones sobre dónde debe ir esa financiación. Y han sido convencidos de que con la legalización de la prostitución los ratios de VIH/sida bajarán drásticamente. Dedico un capítulo sobre eso en mi libro: la ciencia no lo apoya. Claramente, con la legalización los hombres tienen más oportunidades para no usar preservativos. Y hay otros sistemas que no apoyamos, como el prohibicionista, que no lo apoyamos porque no queremos que las mujeres sean detenidas, pero la legalización solo da a los clientes más oportunidades para no llevar preservativos.

Por ejemplo, un estudio en Alemania sobre sexo seguro (y este ni siquiera era un estudio de nuestro lado del debate) muestra que un 70% de los demandantes de prostitución piden sexo sin preservativo y eso es bajo un marco de legalización. El resto de los datos se pueden ver en mi libro, pero lanzaron una edición especial de un informe financiado por dinero de prevención del VIH/sida que incluía una serie de artículos que argumentaban, sin mucha base científica, que la descriminalización de los demandantes bajaría las tasas de VIH/sida más de un 40% en 10 años.

Así que la financiación va a países en los que hay una prevalencia alta del VIH/sida. Por ejemplo, Sudáfrica y otros países africanos. También son países en los que se han realizado proyectos sanitarios, como Kenia, Países Bajos, Alemania, Corea del Sur, Camboya… Si algo de ese dinero debería destinarse a hacer lobby y campañas por la legalización de la prostitución o la descriminalización, en realidad paga grandes salarios de líderes de ONG para que digan que representan a las trabajadoras sexuales en un sindicato y todas están de acuerdo en que quieren la descriminalización. Pero estas trabajadoras sexuales, como las que entrevisté en Camboya, ni siquiera conocen las palabras que les ponen en la boca. Claro que quieren que paren las detenciones por parte de la policía, como lo queremos nosotras para todas las mujeres, hombres, niños, niñas y personas transgénero. Lo llevamos diciendo décadas: no queremos criminalizar a las personas prostituidas, pero lo que se les dice a estas mujeres en estos países es que ahora son parte de un sindicato y que ahora luchan por los derechos de las trabajadoras sexuales. En realidad están luchando por salir de esa situación, por el derecho a no ser detenidas ya que la policía también abusa de ellas.

En definitiva, el dinero que va a estos países para reducir el VIH/sida en parte es usado para crear falsos sindicatos y para luchar desde un frente ideológico de la industria del sexo con el objetivo de legalizar la prostitución.

¿Cuál es el interés personal de hombres como George Soros en esta cuestión? La mayor parte del presupuesto para este tema destinado en 2018 en Europa fue asignado a tres países: Suecia, Francia y España. ¿Es esto casual? ¿La fundación de Soros estudia al movimiento abolicionista para debilitarlo?

Sí, la Open Society Foundation ha destinado una gran parte de su investigación al “efecto del modelo sueco”, como ellos lo llaman, y claramente están deseando incorporar a personas de la academia pro-prostitución en investigaciones que cuestionen la criminalización de la demanda. Así que presentan un estudio global que dice que el modelo nórdico ha fallado y que esto pone en peligro a las trabajadoras sexuales, al tiempo que no reduce el número de clientes…

El dinero es clave para esto porque si tú convences a un grupo de personas, eminencias, científicos, de que con la descriminalización del comercio sexual se reducirán las infecciones por VIH/sida en un 40%, la gente va a pensar que es una oportunidad demasiado buena como para perderla, que esto salvará millones de vidas en las próximas décadas. Esto no está basado en nada coherente y es fácil de echarlo abajo, pero el problema es que la mayoría de la gente en el mundo que no tiene ningún conocimiento sobre la realidad del comercio sexual tiene una opinión sobre ello y lo apoya. La narrativa dominante es: legalicemos el comercio sexual, las mujeres lo eligen, la trata es mala, la prostitución es transgresora y empodera.

Todos estos científicos, líderes de ONG y las personas con buenas intenciones que realmente quieren hacer lo más seguro para las mujeres, reducir el VIH/sida… muchos de ellos ya tienen una inclinación ideológica que está avanzando hacia la legalización porque esta es la narrativa popular. La vemos en la cultura popular, por la televisión, en libros sobre “putas felices”, lo vemos en Secret diary of a call girl (serie de televisión titulada Servicio completo en España, emitida en FOX), que está escrita desde la perspectiva de alguien completamente atípico entre las mujeres prostituidas. Tenemos esta narrativa dominante de la misma forma que hace cuatro décadas en Europa se decía que fumar estaba bien, que era bueno para ti, para el pecho: “es cool, queda bien, te relaja…”. Y con el tiempo, hacer campañas, lobby y la buena ciencia hemos cambiado nuestra visión y ahora sabemos que fumar es malo y que hay algunos fumadores que no han tenido problemas de salud que no deberían hablar en nombre de la industria.

Hoy lo que hacemos es cuestionar la narrativa y poner encima de la mesa la propuesta abolicionista que, por supuesto, es la correcta. Y al frente de ese desafío están las supervivientes de la industria del sexo, que son expertas en el tema y es por eso que quise escribir un libro, porque no todas las supervivientes que escriben bien tienen la oportunidad de publicarlo. La mayor mentira que ha sido contada en el mundo moderno es que la prostitución se elige, que asegura que no es dañina y que la legalización resolverá todos los problemas.

¿Cómo funciona en el Reino Unido la industria del sexo? ¿Hay complicidad policial y de integrantes de partidos políticos?

El problema es que los hombres de izquierdas son profundamente hipócritas en este tema. Obviamente, cuando tienes toda una industria del sexo basada en imperialismo, colonialismo, racismo, misoginia, pobreza y capitalismo extremo no regulado, lo normal sería que la izquierda saliera a protestar contra eso. Sin embargo, como es el derecho de los hombres a acceder al cuerpo de las mujeres y porque lo ven como parte de lo que las mujeres realmente queremos y lo que es bueno para nosotras, su misoginia queda bastante clara. Esta es la mayor hipocresía de la agenda de izquierdas, independientemente de que se autoconvenzan de que están apoyando los derechos de las mujeres al apoyar el comercio sexual. Se niegan a verlo como verían cualquier otra gran corporación dirigida por criminales, dañando a gente pobre, a las más vulnerables. En este país tenemos un Partido Laborista, un Partido Verde y un Partido Liberal-Demócrata que están oficialmente a favor de la descriminalización de la prostitución y dicen hacerlo en favor de las trabajadoras sexuales. Necesitan ser desafiados en este sentido, que su hipocresía se destaque claramente y comparar con otras industrias que explotan seres humanos porque realmente hacen una excepción con la prostitución al apoyarla.

¿En qué estado de salud se encuentra el movimiento abolicionista allí para luchar contra ello?

El lobby pro-prostitución siempre ha sido más fuerte que el movimiento abolicionista porque tiene mejor financiación. Llama más la atención a la gente porque brinda una forma más cómoda de mirar un problema. Es más fácil pensar que ellas siempre han estado ahí y que las mujeres eligen, aunque pasen por una situación de desesperación, abuso, violencia, pobreza y proxenetismo… Para las mujeres también es mucho más cómodo aceptar que la prostitución no es dañina y que otras mujeres lo eligen porque de otra forma cuando desayunan por las mañanas tendrían que mirar al otro lado de la mesa y ver que su hijo o su marido también mantienen viva a esta industria.

A pesar de que el movimiento por los derechos de las trabajadoras sexuales tiene más poder, estamos empezando a desafiar un equilibrio que hemos conseguido principalmente por el auge del movimiento de supervivientes. No son mujeres que dicen “fui violada”, “fui abusada”, “pobre de mí”. Son mujeres que dicen: “así se comporta la policía”, “así son los puteros”, “así es el comercio sexual”, “así es como funciona la legalización y estas son las políticas y los programas de salida de la prostitución que necesitamos”. Así que en movimiento abolicionista estamos claramente encabezadas por supervivientes.

Y claramente vamos ganando porque hay más países ahora que han implementado el modelo nórdico que países que apuestan por la legalización o descriminalización. Dicho esto, hay muchos países a los que no hemos prestado atención. Estoy haciendo una pieza para una revista estadounidense en la que entrevisté a Amelia Tiganus. La pieza iba sobre Suiza, donde acabo de estar, en Ginebra y Zúrich, las dos ciudades más grandes del país y uno de los peores lugares de comercio sexual legal de los que he visto en el norte global. Es legal desde 1942 e incluso yo, con mi gran investigación y visitando numerosos países y haciendo cientos de entrevistas, solo visité un día las cajas en las que los demandantes de prostitución entran con el coche para abusar de mujeres en Zúrich. Busca “sex boxes” en Zúrich… son horribles, como los prostíbulos, que los llevan quienes dicen que esto es solo otro servicio más de la industria del sexo. Está tan mal como en Alemania y necesitamos estar más vigilantes de esos países y sus políticas, de cosas que se nos hayan pasado.

Cada día ganamos más fuerza y persuadimos a más personas, más gobiernos y más grupos de que llevamos razón, de que el problema que tenemos es que Amnistía Internacional, la Organización Mundial de la Salud, ONU Mujeres, se han creído este sin sentido de la prevalencia del VIH/sida. Y tenemos que estar más vigilantes del origen de estos discursos y seguir haciendo campaña al más alto nivel en todos los frentes: la sociedad, la legislación y el gobierno.

La Unión Europea ha mantenido una posición neutral en este tema. ¿Podemos esperar un paso al frente de la Unión Europea hacia políticas abolicionistas?

En 2014 una de las europarlamentarias, Mary Honeyball, llevó a cabo una Directiva que plantea que todos los Estados miembros deberían apoyar el modelo nórdico. Claramente, tenemos que estar atentas a todos los niveles de la política. La ONU, la Unión Europea, Estados Unidos y su terrible prohibición con leyes que penalizan a las mujeres… Tenemos que tener mucho cuidado al apoyar, por ejemplo, la causa de revocar la legalización en Nevada, escribí sobre ello en The New York Review of Books. Necesitamos tener mucho cuidado cuando apoyamos la revocación de la legalización para, al mismo tiempo y de forma fraccionada, hacer campaña por descriminalizar a las mujeres y no volver al mismo sistema, como en el resto de Estados Unidos, donde son detenidas por ser prostituidas. Desde mi punto de vista, tenemos que priorizar la campaña por la descriminalización de las personas prostituidas incluso sobre criminalizar a los puteros. Porque si criminalizamos a los puteros, pero las mujeres siguen siendo detenidas, eso es prohibicionismo con un poco de atención en el demandante. Y sabemos las enormes barreras que afrontan los hombres y las mujeres que salen del comercio sexual con antecedentes.

En la entrevista que le hizo a Amelia Tiganus ella describía los tipos de putero que había conocido aquí en España. ¿Cómo son los puteros en Reino Unido? ¿Hay turistas sexuales?

Creo que hay algunas similitudes. Tampoco hay muchas diferencias. Creo que hay puteros que tienen un sentido de derecho propio, hay puteros que son simplemente sádicos a los que no les importan las mujeres y hay puteros que no son conscientemente sádicos pero que aún así son dañinos. Los turistas sexuales creo que son alentados a convertirse en puteros cuando visitan países en los que la prostitución es legal o cuando está muy aceptada o visible. Hombres que visitan Ámsterdam, Praga o distintas ciudades de España, sin intención de consumir pero que pueden llegar a sentir la presión del grupo para convertirse en puteros y pensar: “¿Por qué no?”. Cuando tienes un McDonald’s al final de tu calle, es más probable que comas comida rápida si eres vago y te han dicho que no tiene nada de malo. Y si no tienes un McDonald’s en cinco kilómetros a la redonda y no hay envío a domicilio, es más probable que pases y te prepares algo tú mismo.
Los hombres ven a menudo el autoservicio en coche (drive-through) o zonas de tolerancia, que son como con el McDonald’s: llegas, coges a una chica, ¿y por qué no? Está al final de la calle. Yo he conocido hombres en los Países Bajos que van a lo que se llaman zonas de tolerancia a mirar a las mujeres de los escaparates y considerar si eso es algo que quieren hacer. Si esas zonas de tolerancia no existieran, y por supuesto no deberían existir, entonces habría menos puteros.

Creo que el proceso de construcción del putero, desde mi perspectiva, con la cantidad de entrevistas que he hecho y los hombres que he conocido y visto en prostíbulos, se divide en dos grandes tipos: unos son misóginos y eso es lo que pagan por sexo, porque ven a las mujeres como meros orificios y receptáculos que usar. Y luego hay hombres que empezaron a pagar por sexo bajo algún tipo de presión social o de grupo, o algún tipo de concepción de que esto les ayudaría a ser sexualmente maduros… Lo que sea. Y entonces es cuando se convierten en misóginos, al pagar por sexo, porque no puedes evitar convertirte en el tipo de hombre que ve a las mujeres como trozos de carne si pagan por sexo. De otra manera, no serían capaz de hacerlo.

¿Qué puede contarnos de países en los que la prostitución está legalizada y se sostiene con un capitalismo feroz?

Hay algunas diferencias en los países que han decidido apostar por la legalización. Pero en todos se alimentan ciertos mitos: tienes que creer que es un trabajo, que es un empleo normal, que las mujeres u hombres eligen estar involucrados, que es un negocio legítimo en el que se debería pagar impuestos. Tienes que creer que no hay ninguna diferencia con vender un sándwich o los servicios de un fontanero o un electricista, que el consumidor tiene derechos y que hay formas diferentes de llevar estos negocios.
Si llevara un catering y trabajara con comida puede que elija crear un negocio de sándwiches que llevo a oficinas donde se los vendo a la gente y solo necesitaría una pequeña cocina para prepararlos y una cesta. O puedo elegir tener un pequeño puesto donde vender mi comida al lado del parque, o puedo tener un restaurante, o puedo tener una nave donde preparo comida para vender a restaurantes… Es lo mismo en el comercio sexual. Si crees todas estas cosas y lo ves como un negocio normal, ¿por qué no puedes tener un prostíbulo con autoservicio en coche? ¿Por qué no aceptar a seis hombres queriendo hacer un gangbang con una mujer? Por qué no tener una oferta que diga: “dos por uno antes de las seis de la tarde” o “tras la medianoche, comida gratis y folla todo lo que quieras por 50 euros”; “si eres mayor o pensionista… ¡puedes pagar la mitad!”. El resto de los negocios lo tienen. Y este es el problema de cuando la prostitución es vista como una comodidad, como un negocio, un trabajo legítimo. No puedes tenerlo todo: si legalizas tienes que tratarlo exactamente igual que si estuvieras vendiendo hamburguesas, coches o ropa.

Parte de la investigación de su libro se la dedica al crimen organizado y su vinculación con proxenetas legales e ilegales y líderes de estas organizaciones pseudo-sindicales.

Obviamente, si descriminalizas el comercio sexual consigues más credibilidad y permisividad con los demandantes de prostitución, das apoyo y respetabilidad a los dueños de los prostíbulos y los proxenetas, que se convierten en managers o empresarios y las mujeres no tienen más protección de la que tendrían si fueran criminalizadas. De hecho, tienen menos protección porque no pueden, como en los países con el modelo nórdico, coger un teléfono y decir: “aquí hay un hombre que quiere pagar por sexo conmigo”; ellos ni siquiera necesitan perpetrar un acto de violencia contra ellas porque ya están criminalizados. Por lo tanto, si descriminalizamos el comercio sexual y el proxenetismo se convierte en algo como ir a comprar una hamburguesa, ellos nunca serán detenidos. Si tienes más demanda de prostitución, tienes más mujeres prostituidas, tienes más actos sexuales y, por lo tanto, más actos con violencia sexual porque la violación en claramente endémica en la prostitución. Se cometen actos más violentos que desgarran el ano o la vagina… Más mujeres en prostitución conlleva también una bajada de los precios y, por lo tanto, los demandantes serán más capaces de conseguir sexo sin preservativo si pagan un poco más. Al no haber policía persiguiéndolos tampoco le tienen miedo a eso y: ¿cómo inspeccionas si dentro de la descirminalización alguien está llevando preservativo? ¿Están los agentes en la habitación o le ponen ellos el condón en la polla?

Insisto: al llamar empresario a un proxeneta deja de ser visto como un criminal. Si legalizas o descriminalizas, tienes más demandantes de prostitución, más prostíbulos legales e ilegales, más proxenetas, más demanda de sexo más violento y sádico, por lo que se cometen más crímenes. Y los proxenetas son más brutales en contextos descriminalizados porque tienen protección policial.

¿Contesta esto también al argumento de que la descriminalización reduce la trata?

Claro, descriminalizar el comercio sexual significa una luz verde para los traficantes, es muy atractivo para ellos. Por eso prefieren ir a Nueva Zelanda, Alemania o Países Bajos que países como Suecia o Francia, donde la policía tiene el ojo puesto en la demanda sin detener a las personas prostituidas, ya que las políticas están focalizadas en criminalizar a los explotadores.

Así que, por supuesto que crecerá la trata tanto en la legalización como en la descriminalización, porque en ambos sistemas sabemos que crecen tanto los prostíbulos legales como los ilegales porque los legales suponen una pantalla de legalidad. Incluso oficialmente en Nueva Zelanda tienen un tipo de prostíbulo que puede albergar hasta a cuatro personas prostituidas y sus dueños no tienen ni que pedir una licencia, así que eso es el salvaje oeste.

¿Conoce la situación en España con la prostitución?

Veo que está muy arraigada en la cultura española, los hombres jóvenes son más susceptibles de ser llevados a prostíbulos para sus primeras experiencias sexuales de la mano de sus propios padres u otros hombres más mayores. También conozco una investigación que analizaba la demanda de prostitución en seis países, entre ellos, España, y he trabajado con activistas contra la prostitución españolas que me comentan la gravedad de la situación. Y esto también lo he visto yo con mis propios ojos en Madrid, Barcelona, Málaga… Los prostíbulos están tan aceptados y normalizados y tenéis un comercio sexual más legalizado que nosotros aquí. El número de demandantes de prostitución en España es mayor incluso que en el Reino Unido y eso que nosotras tenemos una industria relativamente normalizada y grandes problemas. Creo que en términos de liberación de las mujeres luchando contra el patriarcado y lo que hemos conseguido hasta ahora, en España ha sido más complicado debido a la influencia de la Iglesia Católica. Pero todo esto lo veo gracias a feministas españolas, para nada impongo mi visión colonialista británica en este sentido.

Para terminar en clave positiva: ¿qué le diría al movimiento abolicionista de España?

No creo que necesitéis ningún estímulo o aliento. Necesitáis todo el apoyo que podáis conseguir de feministas, aliados feministas y otros activistas y grupos por los derechos humanos que os ayuden en esta lucha. Somos un movimiento global y no podemos dejar que cada país luche sus propias batallas porque en algunos países es más complicado que en otros. En España tenéis un trabajo tremendamente difícil y aquí en Reino Unido lo tenemos complicado, pero creo que es más difícil aún en España. Así que necesitamos ir a España y decir: ¿qué queréis que hagamos? Y quizás luego vosotras en España tengáis que ir a Kenia, por ejemplo, y decir: ¿qué necesitáis que hagamos?
Y tenemos que reconocer que ganaremos, que nunca dudemos ni por un segundo. Tenemos que visualizar un mundo sin prostitución y tenemos que trabajar para conseguirlo como un gran objetivo entre nosotras. Debemos vernos como un movimiento global y recordar que tenemos razón, que hay dinero detrás de esto y que es por eso que el otro lado es tan poderoso, pero tenemos que convencer a todas las personas con buenas intenciones que podamos y que no se crean la basura que les cuentan. Porque muchos de los activistas pro-prostitución simplemente necesitan recibir la información de vuestras organizaciones y de otras supervivientes.

Tenemos que tener claro que habrá gente que nunca esté convencida, pero esos son los delincuentes, los beneficiarios, los criminales… Y: ¿sabes? Creo que tenemos que aferrarnos a una cosa: nunca he conocido una abolicionista convencida que se haya cambiado de lado y empezara a hacer campaña pro-prostitución. Y, sin embargo, conozco muchas que solían estar en el lado pro-prostitución que han cambiado y se han puesto de nuestro lado de la batalla.

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Biografía de la entrevistada

Julie Bindel (1962, Darlington, Reino Unido) es periodista, escritora, feminista radical y cofundadora de Justice for Women, una organización de apoyo a mujeres procesadas por matar a sus parejas tras ser víctimas de violencia de género.

Autora de libros como Straight expectations (2014) y The Pimping of Prostitution: Abolishing the Sex Work Myth (2017), también ha participado en la edición de The Map of My Life: The Story of Emma Humphreys (2003) y Exiting Prostitution: A Study in Female Desistance.

En 2008 fue nominada como Periodista del Año en los Stonewall Awards, unos premios en reconocimiento a las personas que han influido en las vidas de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales en Reino Unido.

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