Por Tasia Aránguez. La cultura digital ha exacerbado la cosificación y la explotación sexual de las mujeres bajo la apariencia de empoderamiento. El consentimiento no garantiza la autonomía sexual de las mujeres, ya que está condicionado por una desigualdad sistémica. Tras el disfraz de la libre elección, las mujeres son empujadas hacia una “pendiente resbaladiza” de sumisión a las normas patriarcales.
