Por Ana de Blas. Hasta el presente, los consensos sociales sobre qué es y qué no es violencia sexual, cómo se sanciona, han funcionado para apuntalar el dominio masculino. Este texto pretende enunciar un marco, centrado en nuestro país en los últimos ocho años, que nos ayude a conceptualizar las violaciones grupales como política sexual. Es necesaria una “nueva historia” que tenga en cuenta la vivencia real de las mujeres: la violación grupal es una forma de terrorismo sexual misógino.
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El informe fue enviado a finales de enero pasado a Reem Alsalem, Relatora Especial sobre violencia contra mujeres y niñas (ONU), elaborado por un grupo de organizaciones feministas y apoyado por 127 organizaciones españolas. La información y los datos presentados ofrecen una radiografía sobre la trata y la explotación sexual en nuestro país y una demanda del movimiento feminista que pide con urgencia la aprobación de una ley abolicionista del sistema prostitucional.
En la Cuarta Ola feminista la lucha contra la violencia sexual ocupa un lugar primordial. Esta lucha es, en otras palabras, la vindicación de nuestra libertad sexual, como premisa de una vida digna y una sociedad igualitaria. “Cultura de la violación” es el concepto que nos ayuda a entender y describir las formas en que la sociedad culpabiliza a las víctimas y disculpa a los agresores.
Vuelve a ver este este Seminario Internascional Online impartido por la periodista y activista Graciela Collantes, cofundadora de AMADH (Asociación de Mujeres Argentinas por los Derechos Humanos) y superviviente del sistema prostitucional en Argentina. Collantes emprendió hace más de tres décadas su lucha social por el rechazo de la prostitución como “trabajo sexual” y el reconocimiento de esta institución patriarcal como una forma de violencia machista.








