Por Tasia Aránguez. La cultura digital ha exacerbado la cosificación y la explotación sexual de las mujeres bajo la apariencia de empoderamiento. El consentimiento no garantiza la autonomía sexual de las mujeres, ya que está condicionado por una desigualdad sistémica. Tras el disfraz de la libre elección, las mujeres son empujadas hacia una “pendiente resbaladiza” de sumisión a las normas patriarcales.
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La costarricense Alda Facio es una figura internacional en la construcción de los derechos de las mujeres. Jurista, escritora y experta feminista en derechos humanos, ha sido Relatora del Grupo de Trabajo de Naciones Unidas sobre la Discriminación contra las Mujeres y las Niñas. Este otoño dirige el curso sobre el feminicidio organizado por la red académica (RAIEPP) de la que forma parte, y es una de las profesoras del máster en violencia sexual de la Universidad Ramón Llull. Su conocimiento sobre la lucha contra el feminicidio, la violencia sexual y las amenazas a esos derechos de las mujeres arduamente logrados refleja una honda preocupación: el aumento de la misoginia.
Las diferentes formas y ámbitos de la violencia sexual están presentes en la vida cotidiana, causan sufrimiento y múltiples efectos en la salud de las víctimas. La siguiente tipología no se limita al aspecto jurídico concreto, sino que es una categorización conceptual de la violencia sexual, incluyendo términos y definiciones que cobran especial preeminencia en la actualidad, como es el ámbito de la ciberviolencia.


