Por Ana de Blas. Hasta el presente, los consensos sociales sobre qué es y qué no es violencia sexual, cómo se sanciona, han funcionado para apuntalar el dominio masculino. Este texto pretende enunciar un marco, centrado en nuestro país en los últimos ocho años, que nos ayude a conceptualizar las violaciones grupales como política sexual. Es necesaria una “nueva historia” que tenga en cuenta la vivencia real de las mujeres: la violación grupal es una forma de terrorismo sexual misógino.
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La costarricense Alda Facio es una figura internacional en la construcción de los derechos de las mujeres. Jurista, escritora y experta feminista en derechos humanos, ha sido Relatora del Grupo de Trabajo de Naciones Unidas sobre la Discriminación contra las Mujeres y las Niñas. Este otoño dirige el curso sobre el feminicidio organizado por la red académica (RAIEPP) de la que forma parte, y es una de las profesoras del máster en violencia sexual de la Universidad Ramón Llull. Su conocimiento sobre la lucha contra el feminicidio, la violencia sexual y las amenazas a esos derechos de las mujeres arduamente logrados refleja una honda preocupación: el aumento de la misoginia.

