«¿Tienes OnlyFans?» «¿Quieres un Sugar?» Mensajes como estos pueden ser un cebo digital. Los nuevos proxenetas se han trasladado a las plataformas online y los chats de videojuegos. Si la víctima contesta, como un pez que tira del sedal, en ese momento clave se pone en marcha la maquinaria de la captación, pero hace falta toda una economía política de la explotación sexual antes y después de ese punto. Puedes escuchar este reportaje en el segundo Episodio de nuestro podcast, Casandra News.
Etiqueta: OnlyFans
Por Tasia Aránguez. La cultura digital ha exacerbado la cosificación y la explotación sexual de las mujeres bajo la apariencia de empoderamiento. El consentimiento no garantiza la autonomía sexual de las mujeres, ya que está condicionado por una desigualdad sistémica. Tras el disfraz de la libre elección, las mujeres son empujadas hacia una “pendiente resbaladiza” de sumisión a las normas patriarcales.
Onlyfans procede como una plataforma proxeneta. Así lo advierten desde la Federación de Mujeres Jóvenes (FMJ), en un informe recién presentado con el apoyo del Ministerio de Igualdad, y también la jurista Tasia Aránguez. Conocer qué son, cómo actúan y qué causas y consecuencias tienen Onlyfans y otros negocios online en auge es necesario para hacer frente a las nuevas formas de explotación sexual de mujeres. De ellas no sólo se benefician los dueños de las plataformas, sino también los varones que se lucran como “agentes” de las jóvenes.
Hace 17 años, la periodista Kajsa Ekis Ekman (Estocolmo, Suecia, 1980) compartía piso con una mujer en prostitución en Barcelona. Su compañera, usada sexualmente por los hombres de este país, murió y fue enterrada en una fosa común. Desde entonces Ekman se ha convertido en una de las autoras de referencia del abolicionismo internacional. La entrevistamos en Madrid, en un encuentro para impulsar la ley abolicionista en España.
Las estadísticas de violencia sexual contra menores en España existen, pero su sistematización hace disponible y reutilizable una parte muy reducida del total. Aún así, las cifras de acceso público confirman una tendencia al alza en los últimos años y un claro sesgo de género: las víctimas son mayoritariamente de sexo femenino mientras que los agresores son aún más mayoritariamente masculinos.





